La ciudad

Unas 6 mil personas visitaron el barco de Greenpeace en la Estación Fluvial

Concientizar a bordo. Entre el lunes y ayer el público aguardó durante horas en el Parque Nacional a la Bandera para acceder a la nave de la ONG ambientalista.

Jueves 14 de Enero de 2016

“Nos van a enseñar de animales en extinción”. Abril no sabe qué significa esa palabra, pero la idea de aprender cosas a bordo de un barco la entusiasma. Tiene 6 años, y también la entusiasma ese diente flojísimo que muestra orgullosa mientras lo empuja con la lengua. Abril, su mamá, y otros tres niños de una familia amiga llevan cuatro horas esperando para subir al Esperanza, el barco de Greenpeace que desde el lunes hasta ayer estuvo abierto al público en la costa de la Estación Fluvial y que sumó unas 6 mil visitas en tres días. La nave hizo escala en Rosario el domingo último con el objetivo  de generar conciencia acerca de la problemática de la deforestación. Desde la ONG buscan que sea considerado un delito penal. Hoy zarpará rumbo a Buenos Aires.

La cola para abordar el Esperanza da la vuelta al edificio, zigzagueante. Un hombre que maneja un auto bordó avanza en cámara lenta por avenida de los Inmigrantes intentando comprender a qué se debe la convocatoria alrededor de la Estación Fluvial, frente al Monumento a la Bandera “¿No están suspendidos los cruces, amigo?”, le pregunta a un cuidacoches, en referencia a las embarcaciones que atraviesan el Paraná hasta el Banquito, que fueron cancelados por la crecida del río. “Sí. Esto es para un barco de Greenpeace que está atado ahí atrás”, responde el muchacho. Y es que el cuadro sorprende. Sobre todo, cuando los que están formados confiesan que hace cuatro o cinco horas que aguardan para subir a bordo.

El Esperanza es el más grande de los tres barcos que posee la ONG ambientalista. Tiene 72 metros de largo y capacidad para navegar a 16 nudos. Fue construido en Rusia en 1984 como barco de bomberos, incorporado a la flota de la ONG en 2002 y modificado para ser más respetuoso con el medio ambiente. Desde el domingo está amarrado detrás de La Fluvial, y entre el lunes y ayer estuvo abierto al público, de 10 a 18. Sin embargo, la masividad de la convocatoria obligó a los ambientalistas a extender el horario de las visitas al menos dos horas más de lo programado. Unos 6 mil rosarinos visitaron la nave.

“Nos enteramos por Instagram y nos inscribimos la semana pasada. Igual tuvimos que hacer la cola”, contó Ayelén, que ayer al mediodía se formó al final de la línea y para las cinco de la tarde todavía tenía cerca de 50 personas adelante. La visita al Esperanza requería efectuar una inscripción on line. Quien no estaba enterado, podía realizarla allí mismo, en una carpa que la ONG había instalado para tal fin. Pero a las 17, desbordados por la cantidad de gente, cerraron las listas. Los organizadores afirmaron que todos los que ya estaba inscriptos y formados podrían realizar la visita. El recorrido iniciaba en tres carpas en tierra firme: una que reproducía un bosque, con plantas y el ambiente humedecido artificialmente; otra audiovisual, en la que los visitantes podían informarse sobre problemáticas medioambientales; y una tercera en la que, frente a gigantografías, podían tomarse fotos simulando haber participado en protestas emblemáticas de Greenpeace. El recorrido continuaba en el barco, al que el público accedía luego de oír las recomendaciones de seguridad correspondientes. Ya en la nave, eran guiados a través de cuatro estaciones que explicaban cómo funcionaba el Esperanza y las causas que ha defendido.

Abajo, los visitantes parecían advertidos de la espera que deberían afrontar y por eso alrededor de la extensa cola se formaron picnics. “Vinimos con sandwichitos y jugo. Llegamos hace cuatro horas con los chicos que están jugando por allá”, contó Nélida, que con una mano sostenía un termo verde y con la otra hacía señas a los pequeños para que no se acercaran tanto al río.

“Los que son socios de Greenpeace y pagan todos los meses podía entrar sin hacer cola, asíque aunque hayamos venido temprano tuvimos que esperar un montón”, se quejó una mujer resguardada del sol bajo un árbol. “Igual me quedo. Quiero conocer el barco”.

Una acción por la emergencia forestal

El Esperanza zarpará hoy al mediodía rumbo a Buenos Aires, su destino final en el país. Pero antes de partir, desde Greenpeace convocaron a una “acción”, a las 10, en el Monumento a la Bandera por la emergencia forestal en la Argentina.

“Vamos a desplegar una bandera con la consigna «destruir los bosques es un crimen»”, explicó un vocero.

Es que el objetivo del recorrido de la ONG es la concientización acerca de la situación de los bosques nativos y la apertura de un debate para la formulación de una ley de delitos forestales. Lo que buscan los ambientalistas es que la deforestación sea considerada un delito penal, y no civil, como figura en la legislación vigente. “En la Argentina no hay ningún delito contra la naturaleza que sea considerado delito penal y eso es lo que tenemos que conseguir que se cambie”, remarcaron los organizadores.

 

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