La ciudad

Unas 200 embarcaciones coparon el río para protestar contra las quemas

La movilización de ayer en el río fue una movida con todas las letras. Hubo entusiasmo, colorido, aplausos, petardos y, de acuerdo a los cálculos de Prefectura, 200 embarcaciones haciendo sonar sirenas y silbatos. Además, en avenida Belgrano hubo caravanas de autos y motos y cuadras completas de gente saludando desde la ribera.

Domingo 28 de Septiembre de 2008

La movilización de ayer en el río fue una movida con todas las letras. Hubo entusiasmo, colorido, aplausos, petardos y, de acuerdo a los cálculos de Prefectura, 200 embarcaciones haciendo sonar sirenas y silbatos. Además, en avenida Belgrano hubo caravanas de autos y motos y cuadras completas de gente saludando desde la ribera. Todos cerraron filas para reclamar que se termine con el fuego como práctica agrícola en las islas entrerrianas y dejaron en claro algo: los rosarinos están hartos del humo.

A las 15, con dosis generosas de viento y sol, el barco Ciudad de Rosario partió desde la Estación Fluvial con el intendente Miguel Lifschitz, concejales y otras autoridades a bordo. El tramo hasta Costa Alta se recorrió entre expectativas, charlas y un repaso constante de las últimas novedades sobre el tema. "¿Se ve el humo? Porque siempre está de escenografía", bromearon algunos esperando el punto de destino.

Poco antes de llegar a Costa Alta la velada cambió. Allí esperaban las primeras embarcaciones, que pronto se encolumnaron detrás del Ciudad de Rosario y comenzaron a poner color y calor a la protesta fluvial. Ya en las proximidades del puente Rosario-Victoria, los navíos se contaban por decenas y la protesta tomó toda su dimensión.

Haciendo sonar sirenas y silbatos, zigzagueando en el agua, agitando banderas verdes y hasta bailando en cubierta, 200 embarcaciones rodearon al Ciudad de Rosario y comenzaron la marcha hacia el parque de las Colectividades. En la cubierta, el intendente estaba exultante y saludaba a los manifestantes. El río no había fallado como marco para la protesta.

En tierra, el entusiasmo no desentonaba. Desde la ribera la gente se alineó durante cuadras completas esperando el paso de la caravana acuática para agitar banderitas o camperas. Mientras autos y motos se plegaron con una colorida marcha desplegando banderas y haciendo sonar bocinas.

Una simpática banda de música del altiplano le puso ritmo al desembarco y desde un escenario montado para alentar la movida, Lifschitz agradeció y llamó a continuar demostrando el rechazo hacia las quemas en las islas. "Son jurisdicción de Entre Ríos, pero son patrimonio de todos y las queremos defender", sintetizó. Un éxito, y todo un síntoma del hartazgo rosarino por el humo.

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