Miércoles 10 de Septiembre de 2008
"Tal vez alguien se apiada". Compasión, según sus palabras, es lo que espera Fabiana Martínez al llamar a medios para contar su historia: una más de tantas donde el abandono, la miseria y la violencia parecen de película y, sin embargo, están ahí a la vista. La mujer de 37 años vive en la calle con su pareja —un cuidacoches de 34—, su perro Tobi y sus convulsiones fruto de una infancia a los golpes. Su cuerpo menudo, casi raquítico, torna inverosímil su afirmación de que está embarazada, pero no es difícil creerle que nada sabe de sus seis hijos, "a cargo de un juez".
En San Martín al 1100, a mitad de cuadra contra la reja de un estacionamiento, Fabiana y Sergio tienen sus escasas pertenencias en una suerte de campamento. Un carrito de dos ruedas les permitía antes deambular buscando dónde dormir, pero el rodado se rompió y hace meses se instalaron en la peatonal, donde sobreviven con lo que él gana cuidando autos en Pellegrini y Roca.
"Estuvimos en la Catedral, pero la GUM nos sacó y nos tiró en la estación Rosario Oeste. No nos dejaron quedar y fuimos a la costa, ahí donde el año pasado se ahogó un chico (a la altura de Moreno). Pero también nos corrieron, dijeron que si no nos íbamos nos quemaban todo. Y así llegamos acá", recordó Sergio, sin precisar bien las fechas, mechando en ese itinerario una parada de colectivo frente a la Facultad de Medicina y una casilla cerca del Mercado de Productores, de donde debieron irse tras sufrir el robo de todo lo que tenían.
"Una bronca". Según cuenta Sergio, este penoso derrotero comenzó hace un par de años, cuando el anterior esposo de Fabiana debió ser internado y un grupo de personas la corrió a punta de cuchillo de la casa que habitaba con su familia. La mujer recuerda, como puede, "una bronca" en la cual fue herida y nunca volvió a su casa de barrio Godoy. "Me la usurparon y la policía no hizo nada".
Luego de un par de intentos infructuosos por convivir con la familia de ella —Sergio es santafesino— la pareja quedó literalmente en la calle. "Un juez me sacó la custodia de mis hijos porque no tengo dónde vivir. Si tuviera algún lugar, me los devolvería", dice Fabiana entre resignada y optimista.
Pero entre las razones por las cuales la pareja no consigue aunque sea un techo para pernoctar hay una que, en principio, podría sonar como una broma: "En las pensiones y albergues no nos aceptan con el perro. Pero no lo podemos abandonar", dice Sergio, dejando fuera de discusión que antes que separarse de Tobi prefieren dormir en la calle.
Si bien esa no es la mejor opción teniendo en cuenta los problemas de salud de Fabiana, que le impiden trabajar, la mujer no pierde la esperanza de que el próximo golpe sea de suerte. O de piedad.