La ciudad

Una madrugada de buceo por el río subterráneo que cruza media ciudad

En la primera fase, inspeccionaron 600 metros clave del túnel que abastece de agua potable al centro. No hay antecedentes de una inspección similar en el túnel que transporta 12.000.000 de litros de agua potable por hora, debajo de la ciudad, desde hace más de 40 años.

Lunes 07 de Julio de 2008

Alberto Almirón está sentado en el suelo, con los pies en el aire. Fuma un cigarrillo, mira hacia el agua, cada tanto limpia la sangre de un corte pequeño que se hizo recién en una mano. Un poco más atrás está su hijo Matías, de 20 años, que espera el momento para zambullirse con él.

La calma de ambos es notable: como si padre e hijo hubiesen elegido la noche más cálida del invierno para salir a nadar, como si no estuviesen los dos con trajes de neoprene, en la cámara de carga del río subterráneo de Rosario, a punto de bajar 18 metros para inspeccionar el primer tramo del túnel, con la ayuda de una moto de agua que lleva montados un tubo de aire y una cámara filmadora. Son las 0.40 del domingo, y los "botellones" de aire que usarán durante la recorrida esperan en el suelo.

Metros clave. En el predio cercano a la Planta Potabilizadora Rosario, en Juan José Paso al final, el movimiento rompe la rutina habitual de una madrugada de domingo. El equipo de la empresa de Salvamento y Buceo Almirón y Cia está compuesto por unas nueve personas, y otro tanto suman los representantes de Aguas Santafesinas, los que registran el operativo y los empleados que se acercan a ver el espectáculo. No hay antecedentes de una inspección similar en el túnel que transporta 12.000.000 de litros de agua potable por hora, debajo de la ciudad, desde hace más de 40 años.

En esa primera salida, los buzos "van a hacer unos 600 metros, y van a salir en la cámara de Vélez Sarsfield y Monteagudo. Van a estar adentro entre dos horas y media y tres", señala Gustavo Actis, gerente de Infraestructura de Aguas Santafesinas SA. Se trata de "600 metros clave", explica Actis, en los que examinarán "qué nivel de sedimentos y qué fisuras puede tener la estructura". La medida es predictiva, "como hacerse un chequeo", resume Guillermo Lanfranco, gerente de Relaciones Institucionales de Assa.

Bajo el agua. "El hecho de tener que andar cierto tiempo sin provisión (de aire) de superficie te limita, entonces hay que extremar el cuidado del volumen de aire que vas a llevar", explica Walter, uno de los buzos tácticos que forma parte del operativo, y señala un tubo grande ubicado en el piso: "Eso es provisión de superficie", indica.

"Yo voy a estar en la boca del túnel, constantemente, mientras ellos estén avanzando, entregando cabo de vida y atento a que manden señal por el cabo. Del otro lado va a haber otro buzo y otro equipo de gente que los va a recibir". El "cabo de vida" es la cuerda que sujeta a los buceadores, cuyo extremo permanece siempre en manos de los compañeros que los asisten, por lo general, desde la superficie. En este caso la asistencia se hace bajo agua (la boca del túnel está sumergida) y también en superficie, a ambos lados del tramo que Alberto y Matías Almirón recorrerán la primera noche de inspección.

Preparación. "Hay un lugar que es muy estrecho, vamos a ver si pasa", le dice Alberto a sus asistentes después de la primera exploración. Es el más experimentado del equipo. El primero en meterse al agua, a las 23.40, y vuelve a recorrer el trayecto a la boca del túnel unas tres veces más, antes de indicar a los otros buzos que ya está todo listo. En la primera salida busca el scooter y lo lleva hasta el punto de partida. En la segunda, busca la cámara (protegida por una caja "estanco" para que se pueda sumergir) y la monta sobre el scooter, bajo agua. En la tercera, cerca de la 1.00, pide que lo llamen a Matías, que se prepare.

Matías bosteza. "¿Tenés sueño?", le pregunta el padre desde el agua. "Te vas a despertar abajo". El agua, dice, "está fresca". Los trajes que utilizan para poder moverse por el túnel se conocen como "equipos húmedos" y mantienen la temperatura por un tiempo corto.

No es la primera vez que los Almirón realizan un trabajo similar. El padre de Alberto ya era buzo, y él sacó la licencia en 1978. Fue uno de los primeros en especializarse en conductos, cuenta, durante una de sus salidas a la superficie. Mientras está allí, en el agua, mirando hacia arriba, La Capital le pregunta si el trabajo exige alguna preparación especial al momento de sumergirse. "Planificar bien", dice, "Y bueno...no tener claustrofobia".

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