La ciudad

Una larga rutina que se extiende de 6 a 20

La pulcritud y el silencio es lo primero que llama la atención de cualquier persona, ni bien se atraviesa la pesada puerta de la sede local del Instituto de Seguridad Pública de la provincia. Dos cualidades, ni buenas ni malas en sí mismas, pero sí llamativas para una escuela donde estudian unos 500 jóvenes. Y donde cada día se inicia una larga rutina que comienza a las seis en punto y termina recién a las 20. Claramente, no apta para cualquiera.

Domingo 07 de Octubre de 2018

La pulcritud y el silencio es lo primero que llama la atención de cualquier persona, ni bien se atraviesa la pesada puerta de la sede local del Instituto de Seguridad Pública de la provincia. Dos cualidades, ni buenas ni malas en sí mismas, pero sí llamativas para una escuela donde estudian unos 500 jóvenes. Y donde cada día se inicia una larga rutina que comienza a las seis en punto y termina recién a las 20. Claramente, no apta para cualquiera.

Actualmente, en el centenario edificio de Alem al 2000, son 516 los cadetes que cursan el primer año de la carrera. Cerca de la mitad, unos 250, cursan como internos y pasan en el instituto semanas completas; incluidos sábados y domingos para ahorrar el dinero que implica el traslado a localidades del norte de la provincia.

Durante todo este tiempo tendrán que respetar las reglas de la institución. Si salen, deben volver antes de las 22; no pueden fumar ni consumir alcohol y tampoco usar el teléfono celular.

"El orden y la disciplina son dos aspectos importantes de la formación del policía", destaca con voz amable la directora de la escuela de cadetes, Adriana Sosa, mientras recorre las instalaciones del instituto. Y advierte que, a los ingresantes les cuesta adaptarse a estas rutinas. "Por decirlo de una manera, los chicos tienen una actitud más ligth o vienen más relajados", describe.

Cada vez que Sosa transita por los pasillos del instituto que ocupa casi un tercio de manzana, los cadetes la saludan sacando el pecho y llevando la mano derecha a la frente. Incluso, quienes salen de la clase al trote para no perder su turno en el comedor. La regla no sólo alcanza a los alumnos, también a los profesores.

En febrero

Los pisos del hall del instituto son de granito pulido y las paredes están cubiertas con mármol. Al fondo, un pequeño altarcito guarda una figura de la Virgen del Luján, declarada en 1946 como patrona de la Policía Federal Argentina. No es la única imagen religiosa que hay en el instituto, hay cruces en varios despachos y una capilla en el ingreso a las aulas.

Los cadetes ingresan por primera vez al instituto en febrero. Y, todos, pasan dos semanas conviviendo en la institución. Durante ese tiempo, los estudiantes experimentan cómo es la vida en la institución, realizan algunas prácticas de las materias "operacionales", relacionadas con la práctica policial, y repasan contenidos relacionados con comprensión lectora.

Lo que viene después es una rutina que comienza todos los días a las 6 de la mañana, cuando los cadetes tienen que presentarse a cumplir servicios y realizar la fajina, como limpiar las habitaciones, aulas y espacios comunes. A las 8 llega la formación y el izamiento de bandera; las clases teóricas y las prácticas que se alternan hasta las 19.30. Media hora después, los cadetes externos podrán volver a su casa. Los internos tendrán dos horas más hasta la hora de descanso, cuando deben estar en sus habitaciones.

Lo mismo de lunes a viernes. Una rutina que, este año, sólo alteraron los partidos de la selección argentina en el Mundial de Fútbol. Entonces, todos los alumnos se reunieron en el salón de actos para compartir la actuación del seleccionado nacional.

El empedrado

El Isep tiene una biblioteca repleta de libros jurídicos, una sala de computación con más de 50 máquinas, un gimnasio donde los cadetes hacen educación física y defensa personal, un natatorio donde practican natación y rescate en el agua, un arsenal y un polígono de tiro. Este año, a la formación, se agregó también la conducción de vehículos.

Pero el corazón del instituto es "el empedrado", un antiguo patio que conducía a las caballerizas cuando se inauguró la vieja escuela de policía. "Yo misma salí del empedrado del Isep", afirma Sosa. A su alrededor, un grupo cumplía con ejercicios de binomio para cubrirse mutuamente frente a una situación de peligro y otros cumplían con desafíos de destreza física.

Desde hace cinco años, el Ministerio de Educación de la provincia fiscaliza los planes de estudio de la carrera. "Este es un gran paso en la jerarquización de la educación de las fuerzas policiales", considera Sosa y confía en que con el correr del tiempo, esta formación "va a mejorar cien por ciento la profesión".

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