La ciudad

Una historia conmovedora que despertó solidaridad y afecto

A Edith y Adriana les robaron la jubilación. "Vamos a tener que comer papa hervida", dijeron. En tres días su casa se llenó de alimentos.

Martes 20 de Noviembre de 2018

En sólo tres días, las hermanas Edith y Adriana Lafratta pasaron del anonimato al noticiero del mediodía. Un robo angustiante al salir del banco donde cobran la jubilación, un conmovedor pedido de ayuda y la colaboración de las redes sociales cambiaron la rutina de ambas. Desde el viernes, el teléfono de la casa de Edith no para de sonar para acercar muestras de afecto, ayuda y alimentos. Ni siquiera ellas pueden creer lo que les está pasando. "La solidaridad de la gente, conmueve", dicen agradecidas.


"¿Vienen a ver a Edith y Adriana? Ya las llamo", se ofrece un hombre que vuelve de dar un paseo con sus hijos cuando ve a los periodistas de LaCapital parados en la puerta del pasillo de departamentos del centro de la ciudad.

Desde el jueves, sus vecinas, las hermanas Edith y Adriana, son las más visitadas del barrio. Hasta allí llegaron familiares, amigos, viejos conocidos y otros tantos con bolsos de alimentos, de higiene, dinero en efectivo, cremas. Y gestos de afecto.

"Fueron muchas personas. Muchas, ni podemos contarlas", dicen las hermanas. Admiten también que no saben cómo dar "las gracias por tanto". Y se les llenan las bocas de sonrisas y los ojos de lágrimas.

Todo sucedió muy de repente, el jueves al mediodía, Edith y Adriana salían de la sucursal del Banco Piano de Santa Fe al 1200.

Recién habían cobrado la jubilación: unos 8.600 pesos que estiran al máximo para llegar a fin de mes. Pero apenas habían caminado unos metros de la sucursal bancaria cuando una mujer rubia se les acercó de atrás y sigilosamente tomó la billetera de la cartera de Adriana.

Fueron inútiles los gritos para que alguien llame a la policía, la confusión y el llanto de las mujeres. "Para algunos ese dinero puede ser un vuelto, pero para nosotras era lo que teníamos para pagar los impuestos y vivir este mes. Nos habían dejado sin nada", recuerda Edith.

Ninguna de las dos puede contar de quién fue la idea de llamar a la radio cuando, doloridas, exhaustas y con sólo 60 pesos, volvieron a su casa. "Yo llamé para advertir que en la puerta del banco estaban robando a los jubilados. Para que a otros no les pase lo mismo", cuenta la mujer y asegura una y otra vez que "nunca hubiera esperado lo que vino después".

La historia

A los periodistas de Radio Dos, Edith les contó que camina despacito, que usa bastón de tres patas porque tuvo varias operaciones y que, ese día, salía de cobrar la jubilación cuando "aprovechó una chica rubiecita, que metió la mano en la cartera de mi hermana y se llevó la plata".

Después confesó que no podía parar de llorar. "Para mí es mucha plata. Me vino la factura de gas de dos mil pesos, mil cada mes. Carne sólo como los domingos, ya no tomo yoghurt. Este mes comeré papa hervida o polenta, no me queda más nada".

El relato comenzó a circular en las redes sociales y se transformó en un mensaje de WhatsApp. Los comerciantes de la zona de Santa Fe al 1200 sumaron sus voces. Y advirtieron sobre los constantes robos perpetrados por grupos de mecheras que operan en el centro, con rostros y métodos ya conocidos en la zona. Es más, el dueño de un bar aportó el video del momento del asalto filmado desde su celular.

La frase "comeré papá hervida o polenta" despertó caridades. "Los jubilados cobramos muy mal, una miseria y apenas nos alcanza. Nunca tuvimos tantas cosas en la casa, ya ni sé qué hacer con tanto", celebra Edith y enumera "lujos" que ya había olvidado, como el medio litro de aceite de oliva o el frasco grande de café instantáneo que atesoran en la alacena.

Edith acaba de cumplir 80 años, Adriana tiene 72, ambas viven en la misma casa desde que nacieron. Adriana es manicura y Edith peluquera, trabajaron hasta hace diez años, cuando Edith empezó con problemas en las piernas. La jubilación que cobran por tantos años de trabajo es todo lo que tienen. Desde este fin de semana, también la solidaridad de la gente.

felicidad. Las hermanas tienen revolucionado el barrio.

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