La ciudad

Una feroz pelea que desnuda mezquindades

La puja por mantener, en un caso, o instalar, en el otro, las tarjetas Movi y Sube tienen también razones que distan del presunto interés por mejorar las prestaciones del sistema de transporte que los dos estados exhiben.

Domingo 28 de Enero de 2018

La feroz pelea desatada esta semana entre la Municipalidad y el gobierno nacional se convirtió en la polémica del verano y desnudó mezquindades que ambos actores ocultan. La puja por mantener, en un caso, o instalar, en el otro, las tarjetas Movi y Sube tienen también razones que distan del presunto interés por mejorar las prestaciones del sistema de transporte que los dos estados exhiben.

En el caso del municipio, sería un golpe profundo en las alicaídas finanzas locales que el Banco Municipal se quedara sin los fondos provenientes de la administración del plástico vernáculo. Además, el gobierno federal obtendría información sensible de los subsidios que se destinan a las empresas de colectivos, y que el gobierno de Mónica Fein guarda bajo siete llaves.

La gestión nacional, por su parte, quiere mostrarse como una especie de salvadora de los derechos de los ciudadanos al implementar la Sube, que beneficia a miles de personas de bajos recursos, quienes podrán pagar un 55 por ciento menos del pasaje. Para ello es clave imponer su marca.

No obstante, también los fondos quedarán bajo su administración, a través del Banco Nación, y será un excelente modo de desembarazarse de las críticas por el escaso aporte de subsidios en relación con el área metropolitana de Buenos Aires, que recibe el doble.

Mientras tanto, los rosarinos quedaron como rehenes de un cambio que está lejos de materializarse: la activación definitiva del nuevo sistema de transporte, que duerme el sueño de los justos. La hiperanunciada transformación fue sólo mera propaganda electoral del Frente Progresista, que ahora apunta a la Nación por la falta de fondos.

Se trata, entonces, de diferentes estrategias que nada cambian un estado de cosas que, como siempre, impactan en los ciudadanos.

A esta altura se sabe que el nuevo sistema no se aplicará si no se retoca otra vez la tarifa, mientras la actual prestación tiene eternas falencias.

Resulta preocupante que en esta hoguera de las vanidades entre la Nación y el municipio, ningún funcionario haya hablado del servicio.

Tal como lo resume el Observatorio del Transporte, que lidera el concejal Eduardo Toniolli, los colectivos rosarinos incumplen las frecuencias, que se agravan en zonas inseguras donde, además, se producen situaciones de violencia y temor. Entre otras cuestiones, las unidades de Rosario Bus (ganadora en la nueva licitación) incurre en infracción en cuanto al número de coches adaptados. Y,aparte de las denuncias por la escasa higiene, las unidades rosarinas muestran una ostensible ausencia de coches, que disminuye su regularidad.

¿De qué sirve una marca de tarjeta o un pliego bien redactado si el servicio que se presta adolece del cumplimiento de parámetros básicos?

De eso no se habla, porque al mezquino no le conviene.

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