La ciudad

Una beba cambió su vida gracias al sistema de internación domiciliaria

Un respirador instalado en su casa le devolvió la sonrisa. Eluney tiene una cara redonda y apenas un año y medio “y ya tira besos”, se emociona su mamá.

Domingo 28 de Octubre de 2012

Eluney tiene apenas un año y medio. Una cara redonda y una sonrisa enorme que, apenas asoma, ilumina el pequeño cuarto donde casi todo es nuevo. Porque desde que nació, la beba pasó casi todo el tiempo internada, primero en la Maternidad Martin y después en el Hospital Vilela. Del centro asistencial de la zona sur salió hace apenas dos semanas y todos los cuidados que recibía en la terapia intensiva se mudaron con ella a su casa. Elu no lo sabe, pero para los profesionales del Departamento de Internación Domiciliaria del municipio es una chiquita especial: es la primera que accede al servicio asistida permanentemente por respirador, lo que planteó más de un desafío que la risa de la niña paga con creces.

   Todos los días, durante los 18 meses anteriores, Vanesa Orellano soñó con llevar a su hija a su hogar. Fueron jornadas muy difíciles: “Cuando estaba en el hospital pensaba que estarían haciendo mis otros dos nenes en casa y cuando volvía a casa pensaba todo el tiempo qué le estaría pasando a mi bebé en el hospital”, recuerda.

   El 11 de octubre pasado, a las 11 de la noche, el empeño de la mamá tuvo recompensa. Dos semanas antes, Vanesa se había preparado para todo lo que tenía que hacer para atender a Elu. Practicar sondajes vesicales para que la nena pueda hacer pis, limpiar la traqueotomía, usar el respirador o cargar el oxígeno, entre otros menesteres, e incluso varios integrantes de la familia se capacitaron en resucitación cardiopulmonar.

   “La primera noche tuve mucho miedo. Me senté al lado de la cuna y la miraba todo el tiempo. Pero ella durmió bien, estuvo tranquila, parecía saber que ya estaba en casa”, recuerda satisfecha. Los manuales médicos indican que la familia y los afectos son fundamentales en la salud de las personas, en especial en la infancia, y que la posibilidad de compartir con los seres queridos las situaciones de todos los días crea un ambiente favorable que contribuye al tratamiento. Basta escuchar a Vanesa repasar los avances de su beba para entenderlo: “Desde que llegó a casa ya tira besos, sonríe, hace ojito, cuco, trata de sentarse y sostiene la cabeza. Es todo un logro porque cuando la trajimos del hospital casi ni se movía”.

   Eluney padece una lesión medular, una enfermedad poco frecuente sin una causa clara, que le afecta su función respiratoria. Y si bien la Secretaría de Salud Pública del municipio inauguró la internación domiciliaria pediátrica en la década del 90 (ver aparte), su caso significó todo una apuesta. Es la primera niña que es asistida permanentemente por respirador en su domicilio y tratada diariamente por varios profesionales.

   Desde Salud Pública estimaron que la atención de la menor demandará en el año unos 350 mil pesos, incluyendo el alquiler del equipamiento médico y la casa que ocupa la familia. Para los Orellano, toda la atención es gratuita.

 

Mimados. Gabriela Faguaga es una de las pediatras que asiste a Eluney. Mientras viaja con La Capital a la casa de Pasco al 6 mil donde vive la niña muestra las fotos de sus pacientes que guarda en su celular. “Ella es Elu, para que la vayas conociendo —dice— y ella es Florencia tiene 10 años y en su casa está cursando quinto grado”. Gestos mínimos que bien hablan del vínculo que los equipos de internación domiciliaria tejen en su trabajo.

   Y ni bien Gabriela pone un pie en el comedor de la casa, el menor de los dos hermanos de Elu le recuerda que había prometido traerle un autito e implacable frente al olvido de la pediatra, le advierte que en la próxima visita le deberá dos. Leonel está acostumbrado a las visitas que recibe la niña: de lunes a sábado, por su casa pasan un médico, un enfermero y un kinesiólogo. Elenco estable al que, en ocasiones, se suman también otros profesionales.

   El tratamiento de Elu no será corto ni fácil. Por ahora va por etapas: recuperar peso, abandonar la sonda que la alimenta, lograr cada vez menos dependencia del respirador.

Todo a su momento. “Su pronóstico es optimista, es una niña pequeña que va a seguir creciendo y los avances de la ciencia permiten cada vez mejor calidad de vida”, asegura su pediatra. Mientras tanto, Elu sonríe. Y su sonrisa vuelve a iluminarlo todo.

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