Sábado 24 de Abril de 2021
Encontrar una auténtica papelera de reciclaje por estos días en pleno avance arrollador de la era digital puede pasar desapercibido para muchos, pero digna de contemplar por la artesanía misma del proceso más allá de la solvencia y rapidez que brinda la maquinaria industrial. A diferencia de la papelera virtual que creó Bill Gates para Windows, en esta se puede apreciar con lujo de detalle cuál es el destino de todo tipo de desechos de cartón y papel que arrojan los rosarinos a diario y cómo se convierten en nuevos productos sustentables para el consumo cotidiano.
Para quienes no la conocen, está ubicada detrás de la avenida Circunvalación, en el extremo sudoeste, cerca de un relleno sanitario. Su dueño, Esteban Hernández, comenta que con su socio decidieron ponerle Cartón Gris porque en aquel entonces, cuando corría el año 1985, era el tipo de cartón que se utilizaba en los talonarios de facturas y recibos.
Pero eso sólo se trataba apenas de una estrategia comercial. Porque detrás del nombre había comenzado a florecer un modo de vida sustentable a partir de una manera más amigable con el medioambiente a la hora de producir recursos. Y así fue como surgió la idea de reciclar cartón y papel para cumplir con las tres consignas que conforman el ícono conocido a nivel mundial: recolección, conversión en nuevos productos y venta, tal cual fue la idea materializada en la década del ‘70, cuando se celebró por primera vez el Día de la Tierra.
“La verdad es que veníamos empapados por la problemática ambiental y pensamos en la posibilidad de hacer un proyecto sustentable en su concepto amplio, en la medida de generar recursos sin dañar el medioambiente. Y el reciclado de papel y cartón nos parecía que era una forma de minimizar el impacto de la tala de árboles", cuenta Hernández a La Capital en una recorrida realizada por la planta ubicada en Juan XXIII al 7200 (ex Biedma).
De entrada, el primer gesto ecológico fue vender un camión Mercedes Benz 1114 gasolero para invertir en las primeras máquinas y así dar el puntapié inicial al proyecto de fábrica con 35 años de historia y es la única en la ciudad en producir cartón plano a partir de materiales reciclados.
“Arrancamos en el ‘84 comprando papeles y pilas de cartones. Había gente que nos pagaba para retirarles el papel. Sin embargo, la digitalización fue un problema porque con el correr de los años nos fue bajando la cantidad de elementos”, comenta este contador público egresado de la Universidad Nacional de Rosario, que encontró su pasión en el cuidado del medioambiente.
Sin embargo, Hernández asegura ser un hombre feliz porque, a pesar de un hecho de inseguridad que puso en peligro la vida de su socio, logró mantenerse a flote tanto en la crisis económica durante el gobierno anterior y la pandemia de coronavirus, en la que nunca dejaron de trabajar. “Comprábamos en un depósito, pero por razones de inseguridad comenzamos a abastecernos con la recolección que realizan a diario las cooperativas de cartoneros, entre otros. Y más allá de todo, estamos contentos porque hemos podido vivir durante todos estos años”, destaca.
Cómo es la papelera de reciclaje por dentro
Al llegar a la planta, una gran cantidad de cartones y papel de todo tipo, tamaño y color se encuentran apilados sobre el ingreso a un portón lista para ser triturada luego de un proceso de selección y limpieza. Esa misma cantidad se puede apreciar sobre el fondo de la planta, donde también acumulan una parva de restos que proveyó Celulosa en lugar de ser arrojados al río.
Aquellos Gigabytes intangibles y virtuales que se suelen enviar a la papelera de reciclaje con un simple click, aquí se hacen realidad. Sobre todo cuando los cartones y el papel comienzan a caer en una especie de licuadora de gran magnitud en la que el agua cumple un rol fundamental para poder elaborar la materia prima.
Mientras eso ocurre, un rastrillo de gran tamaño extrae todo tipo de plásticos y restos de telgopor que afortunadamente no logró filtrarse, además de restos de alambres y metales como los clips que suelen tener las hojas. “Lo más difícil y complicado del proceso es el telgopor y el plástico, por eso hacemos hincapié en que es fundamental la limpieza y separación de residuos en origen”, apunta.
Desde ese primer sector, la pasta se desplaza a presión por unas tuberías aún con cierta opacidad rumbo a unos piletones que poseen unas palas de gran magnitud para continuar con el proceso de estabilización y de formación.
Así continúa el proceso hasta pasar por recipiente con pasta donde la parte de agua cae y el resto para directamente a la formación de las hojas de cartón y papel. “No usamos productos químicos ya que el proceso es absolutamente natural. Y además, el 80% del agua que se desprende en el proceso la reutilizamos”, subraya Hernández.
Al continuar por la siguiente estación la temperatura comienza a elevarse. Es que el secado de la hoja consiste en pasar unos tambores que poseen quemadores a gas en su interior. Es como una rotativa de papel prensa (aunque en este caso son lo más parecido a los termotanques). Esos rodillos gigantes e imponentes (son 20) calientan la chapa en la que se termina de procesar el cartón y luego queda listo para enrollar y cortar a medida.
Cuál es el destino final de las bobinas de cartón
La fábrica produce un total de 18 toneladas diarias de cartón plano a lo largo de 24 horas, ya que el proceso de producción no se detiene. Pero lo que muchos desconocen es que a partir de esa producción luego son posibles los tubos para el rollo de papel de cocina, el higiénico, el tubo donde se enrollan las telas, los de membranas para techos; y, por supuesto, los potes de dulce de leche, manteca, cajas de pizzas y otras utilidades que luego utiliza otro eslabón de la cadena productiva.
El Conicet y un proyecto muy particular
Hernández destaca que el desperdicio de agua fue algo que preocupó siempre dentro de los estándares de producción con los que cuenta Cartón Gris. Por eso, con el correr de los años pasaron a revertir ese porcentaje (de 80% a 20%) y en breve ya no deberán preocuparse gracias un circuito cerrado que están a punto de instalar con la asesoría del investigador del Conicet, Miguel Angel Lara y su equipo.
“Estamos por terminar un circuito cerrado de agua, ya que la idea es depurarla para volver a utilizarla y no desperdiciar más”, explica para destacar: “Desde que empezamos bajamos del 80 por ciento al 20”. En esas tareas, la idea es aprovechar el vapor que sale de una chimenea y utilizarlo para trabajar a mayor temperatura y así reducir el consumo de gas natural.
A su vez, otro de los proyectos ecológicos en vista es el reciclado de desechos tales como plásticos, vidrio y metales para construir aislantes térmicos, cuyos paneles servirían para mejorar la acústica con el mismo cartón que reciclan en la fábrica.
