La ciudad

Un Vía Crucis para mostrar el calvario que viven a diario

Entidades que trabajan la problemática de la discapacidad claman por una mayor inclusión.

Miércoles 04 de Abril de 2012

Como en los últimos cuatro años, distintas entidades que trabajan la discapacidad realizaron ayer un Vía Crucis por el centro para instalar en la mirada de los otros los temas que los inquietan: las rampas para sillas de ruedas, la inclusión en escuelas comunes, el acceso al trabajo y la igualdad de derechos. El recorrido, que unió la plaza Pringles con el cruce de las peatonales, lanzó al espacio público una serie de reclamos, pero fue más que eso. Fue una apuesta a sensibilizar y a generar debate sobre cómo la sociedad actual trata las diferencias.
  Así lo expuso con la voz en alto a través del megáfono Daniel Galiano, de la agrupación Sin Barreras, quien encabezó la peregrinación por el microcentro al grito de “sí a la inclusión”. “Cuando nació el Vía Crucis luchábamos por las barreras arquitectónicas. Con el correr del tiempo nos dimos cuenta de que lo más difícil es que puedan vernos como personas y por eso el llamado es a humanizar, a que la gente sienta que puede darle una oportunidad al otro más allá de que le falte un dedo, una mano o un brazo”, dijo a este diario Galiano en una pausa de la
actividad.
  Se concentraron a las 10 en la plaza Pringles, caminaron hacia el río por la peatonal Córdoba y en cada cuadra realizaron una pausa, reunidos en círculo, para exponer demandas. Iban grandes y chicos, algunos en sillas de ruedas, otros sosteniendo pancartas y banderas. En cada estación realizaron un discurso o puesta en escena por algún derecho ausente. Así el Vía Crucis de los excluidos —convocado sin apego a un único credo— trascendió el sentido religioso y fue, a la vez, un medio de protesta y de visibilización.
  Participaron la Asociación de Sordomudos de Rosario (Asam), la Asociación Miastenia Gravis Rosario, la Asociación para la Inclusión de las Personas con Síndrome de Down de Rosario (Aisdro), la Fundación Bipolares de Argentina, pacientes del Neuropsiquiátrico Agudo Avila y Maximiliano Marc, un no vidente que lucha por una ley nacional de perros guía. El concejal Roberto Sukerman y el ex diputado Pablo Javkin participaron de la movida.
  Cada posta fue la excusa para reclamar por un derecho: que se cumpla el cupo laboral del 4% previsto por ley para personas con discapacidad (no se cumple en la administración municipal), la jubilación, la cobertura plena de las obras sociales, la no discriminación, el acceso a la Justicia y a la educación.
  En este punto, los integrantes de Aisdro se pronunciaron por la inclusión de los chicos con síndrome de Down en la escuela común. “Sólo el 13,8 por ciento de los chicos con discapacidad asiste al aula común. Falta capacitación de los docentes y hay padres que se resisten a la integración”, plantearon en un comunicado.
  Marisa Bolatti, integrante de la agrupación, planteó que en esa lucha se encuentran con “muchas trabas individuales”. “Por eso las últimas campañas las hacemos para el ciudadano común. Es necesario un cambio de actitud y aceptar lo que los chicos pueden o no hacer”, planteó durante la caminata.

Reacciones. En el ritmo acelerado de la peatonal muchos seguían sin interrumpir la marcha, otros aceptaban volantes y algunos se sumaban a la actividad. Como Mariano Balmaceda, un estudiante de Ciencias Económicas que se ofreció para entregar folletos. “Tengo un cuñado en silla de ruedas y por suerte me crié en una familia que me dio conciencia sobre estas cosas. Lástima que vivimos en una sociedad en la que lo único que importa es superar al otro”, dijo.
  La última parada fue en el cruce de San Martín y Córdoba, donde el coro de Asam interpretó tres canciones con el lenguaje de señas, cantó Marcelo Moyano (el artista ciego que toca a la gorra en la peatonal Córdoba) y hasta hubo festejo en un trencito colectivo. Un cierre emotivo para hacerse ver, escuchar y aceptar, acaso el propósito más profundo y ambicioso de la caminata por la inclusión. l

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