La ciudad

Un templo donde ya no pueden comer los chicos

Pedro Moreno lleva casi 20 años en el barrio y lo conoce como la palma de su mano.

Martes 08 de Mayo de 2018

Pedro Moreno lleva casi 20 años en el barrio y lo conoce como la palma de su mano. Está al frente de un templo evangélico que funcionaba en un galpón de Maradona y Liniers y fue intrusado hace unos siete meses, con un fin mucho menos luminoso que enseñar la biblia.

En el lugar, los vecinos habían comenzado a montar un merendero. Al principio, concurría sólo una decena de niños; en sus últimos meses, unos 250 chicos recibía allí la copa de leche.

"Estos son años muy difíciles para el barrio", sentencia Pedro, atento a que ninguno de los chiquitos se acerque demasiado al desagüe por donde cayó la perrita.

La disminución del empleo informal y el crecimiento de los costos de la canasta alimentaria castigaron duro a un barrio principalmente formado por familias de carreros.

Las economías familiares sintieron el sacudón de la prohibición de la tracción a sangre y la falta de changas que permitieran reemplazar los ingresos producidos por el cirujeo.

Pedro dice que, en ese contexto descarnado, lo que más le preocupan son los chicos y advierte que "muchos se están perdiendo".

Un trabajo realizado hace diez años por los centros de salud que trabajan en ese territorio —el Mauricio Casals, de bulevar Seguí al 5300 y el Marcelino Champagnat, de Castellanos al 3900— determinó que la población de Vía Honda creció un 110 por ciento entre los años 1994 y 2005. En esa década, el crecimiento más acelerado correspondió al período que fue desde el 2000 y hasta el 2005, producto de la migración que mayoritariamente provino de otros barrios de la ciudad. Por entonces, los trabajadores sociales de la Secretaría de Salud Pública relevaron 528 hogares donde vivían 2.540 personas, 914 niños y 1.594 adultos.

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