Entre 1889 y 1986, el barrio sufrió 17 inundaciones debido al desborde del arroyo Ludueña. Después de años de reclamos, los vecinos lograron que se concrete la represa
Jueves 12 de Diciembre de 2024
Empalme Graneros sufrió, durante mucho tiempo, la violencia del agua. Entre 1889 y 1986 el barrio enfrentó 17 inundaciones a raíz de las crecidas del arroyo Ludueña. Después de años de lucha y reclamos por parte de los vecinos, el gobierno provincial terminó de construir en diciembre de 1995 la represa que puso fin al desborde del Ludueña.
Lo cierto es que Empalme y el arroyo Ludueña, que durante un tiempo se llamó Salinas, se encuentran entrelazados por la historia. Los eventos trágicos que azotaron al barrio a raíz de las crecidas del arroyo por las lluvias hicieron que los vecinos del barrio construyan una fuerte identidad barrial, enmarcada en la solidaridad y la lucha.
Si bien en 1940 los vecinos ya habían sufridos varias inundaciones, aquel año las aguas del Ludueña avanzaron sobre Empalme como nunca antes. Esto profundizó los reclamos de quienes vivían allí que ya hacía bastante venían señalando que la desgracia iba a suceder tarde o temprano.
La unión de los vecinos llevó a que, finalmente, se realizara el primer entubamiento del arroyo. Para entonces, la vecinal del barrio ya tenía veinte años de vida y mucha conciencia sobre los problemas de Empalme.
La obra fue muy bien recibida y durante veinte años evitó que el agua avanzara sobre el barrio. Además, cambió la fisonomía del espacio comprendido entre avenida Alberdi y las últimas vías al oeste, al tirarse abajo y rellenando los puentes Arroyito y Central, ubicado en Génova 2300.
Sin embargo, a partir de 1960 el entubamiento resultó insuficiente y las inundaciones volvieron a afectar al barrio de manera periódica. Las postales de 1961 muestran imágenes terribles: agua por arriba de la cintura y caravanas de gente por Juan José Paso.
El barrio vivió un calvario nuevamente el 4 de febrero de 1971 cuando cayeron 153 milímetros de agua en doce horas, afectando a la ciudad entera pero sobre todo a Empalme y a los asentamientos sobre los márgenes del arroyo. En aquella oportunidad hubo más de 1.500 evacuados.
El barrio de zona noroeste fue el más perjudicado ya que en algunos sectores del barrio el agua superaba los 50 centímetros debido al terraplén del Ferrocarril Belgrano que impedía su escurrimiento. La desesperación fue tal que algunos vecinos intentaron cavar en el terraplén una salida para el agua, acción que fue impedida por la policía. Sí fue autorizada una pala mecánica que se trasladó a Paso y las vías del ferrocarril Belgrano, pero la purga no hizo más que agravar la situación en barrio Industrial.
Quienes quedaron en sus casas construían caballetes para levantar muebles y otros enseres del hogar. También se improvisaron estrategias de contención de las aguas con sacos de arena en la entrada de las casas
Lo que se veía en las calles eran verdaderas caravanas compuesta de vecinos introducidos en el agua hasta las rodillas, carros, camiones y toda clase de vehículos. Según destacó La Capital en aquel entonces, no se registraron actos de pillaje.
Sin embargo, de todas las inundaciones que sufrió Empalme Graneros, la de 1986 fue sin duda la más terrible. Ese año cayeron 160 milímetros de agua, el arroyo se desbordó y 80 mil personas se vieron afectadas.
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Después de tres días en que el agua bajaba muy lentamente, los vecinos se dirigieron hasta las vías del ferrocarril para reclamar la apertura del terraplén para desagotar las calles del barrio. Las décadas de abandono llevaron a que algunos, con picos y palas, rompieran los rieles.
De la organización entre los vecinos nació la organización Nunca Más Inundaciones (Nu.Ma.In), como un grito de bronca ensordecedor. Después de 17 inundaciones, miles de evacuados y casas destruidas, los reclamos se hicieron escuchar.
Una década después, en diciembre de1995 la represa del Ludueña, ubicada en Funes, terminó de construirse. Finalmente, se materializó lo que durante un siglo habían sido reclamos de quienes habitaban Empalme Graneros.
Fue Gualberto Venesia quien impulsó la realización de la obra. Durante la gestión de Carlos Reutemann como gobernador, no solo motorizó la concreción de la represa, sino que estuvo junto a los vecinos en los momentos de lucha, durante los largos años que demoró su puesta en marcha. Venesia era entonces diputado provincial y presidente de la Comisión de Obras Públicas de la Cámara baja, desde donde también bregó por obras fundamentales para la región.
Desde el 2016, por decisión del entonces gobernador Miguel Lifschitz, la represa lleva el nombre de "Ingeniero Gualberto Venesia". El 27 de abril de aquel año, Lifchitz dijo: “En este bastión de la lucha rosarina que es Empalme Graneros es justo que la represa del arroyo lleve el nombre de Gualberto, un hombre de lucha, de esos que pasan por la vida política dejando como marca el respeto, el conocimiento y la admiración. Y no es casual que estos reconocimientos los hagamos en forma unánime".
La represa consiste en un terraplén de 6,5 kilómetros de longitud que permite la descarga controlada del arroyo a través de un vertedero de 45 metros de ancho. El terraplén se proyectó con una altura máxima del orden de los 10 metros y un ancho de base de unos 40 metros. Este terraplén hace de obstáculo y fuerza el almacenamiento de agua dentro de cierto territorio para una liberación controlada y un escurrimiento lento.