La ciudad

Un recorrido marcado por historias de vida y un barrio que se transforma

Los asistentes llegan cada año desde distintas ciudades para no perderse el Vía Crucis. 

Sábado 26 de Marzo de 2016

En este fin de semana largo, las historias se entrecruzaron en el corazón de barrio Rucci. Ya antes del Vía Crucis hubo mucha gente, oriunda de distintos lugares, a la espera de participar de esta gran congregación de peregrinos que convoca cientos de miles cada año. A su vez, la zona lució con una gran convocatoria de puestos.

Los visitantes comenzaron a llegar desde muy temprano en una mañana fría y nublada que, por momentos, amenazó (como ya venía haciéndolo desde la noche del jueves) con aguar la congregación de los peregrinos. Todos querían llegar a las 20.30 íntegros para poder disfrutar el Vía Crucis.

Desde las primeras horas de la mañana se pudieron observar muchos puestos de venta de elementos religiosos. Así, un "carrito" próximo al puente de avenida de Circunvalación exhibía los precios de su mercancía: un Rosario valía diez pesos, mientras que otro cartel avisaba que los denarios se podían adquirir de a tres por diez pesos. Otra de las cosas más preciadas para los visitantes son los bidones para cargar el agua bendita que llevarán a sus casas. Varios puestos improvisados vendían los recipientes de cinco litros a 15 pesos cada uno.

Uno por uno. Entre los fieles, resalta José Luis, un ingeniero civil tucumano de 50 años que vino a pedir por el trabajo que le falta desde hace un año y medio. "Soy de San Miguel de Tucumán y tengo 12 años de experiencia como ingeniero en toda la Argentina en obras viales, gasoductos, minería, medio ambiente y como auditor. Lamentablemente hoy no se le da importancia al título, y menos en el norte"; así se presenta este profesional, con tono parsimonioso. "Estoy sin dinero ni trabajo y, a pesar de esto, la gente que hace el viaje me dio la posibilidad de venir", cuenta y agrega: "No se puede explicar lo que uno siente. Lo que transmite este cura hay que vivirlo; obró en mí y hoy estoy en gracia. Me dio espiritualmente la posibilidad de estar acá para hacer el Vía Crucis".

A unos pasos de distancia de José Luis, Ana está sentada junto a su bastón en el pequeño tapial de ladrillos que mira al frente de la parroquia. En su cara se puede ver una gran sonrisa por poder celebrar el Viernes Santo. "He venido cuando me operé de la cadera, y tuve que movilizarme en transporte. Pero ahora hago el Vía Crucis a pie", afirma con mucho entusiasmo, a la par de aseverar que "venía esperando este día, que es santo. La gracia que recibís en este día es hermosa".

Desde San Carlos Centro llegaron Griselda y su esposo, quienes también relatan su experiencia de acercamiento al padre Ignacio: "En principio vinimos por la salud de una de nuestras hijas, y después mi esposo empezó a hacerlo por el Vía Crucis. Le gustó y empezamos a venir seguido". La pareja cuenta: "Hace como diez años que asistimos y desde hace dos o tres años lo hacemos los jueves santos y nos quedamos. A nosotros, todo esto nos ayudó muchísimo. El Padre es un instrumento y Dios nos da fortaleza, que es lo que nos moviliza".

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