Domingo 27 de Enero de 2008
“¿Tren bala? Balas nos hacen falta a nosotros?”, dice Jorge Herrera del otro lado
del mostrador de su despensa, a un costado de la ruta nacional 188. El ruido de un camión que pasa
en dirección a Pergamino interrumpe el diálogo, pero enseguida se instala otra vez el silencio.
“Por acá no creo que pase, tendrían que voltear todo”, asegura el hombre con
escepticismo.
A pocos metros de la despensa, en una pequeña oficina, el encargado de
la única estación de servicio de Conesa se ríe con la noticia. La información le parece un invento:
el Tren de Alta Velocidad (Tave), según se anticipó en el acto de adjudicación de la obra, tendría
una sola parada en el tramo que va de Retiro a Rosario, y esa parada estaría en Conesa, un pueblo
de unos 3.000 habitantes ubicado al norte de Buenos Aires, a 32 kilómetros de San Nicolás.
“Por favor... No sé cómo pasan los colectivos por acá y va a pasar el tren bala”, dice,
y sacude la mano en el aire con un gesto que desecha de raíz cualquier posibilidad.
Llegar hasta Conesa no es complicado, pero es difícil encontrar
referencias claras sobre su ubicación más allá de los alrededores de San Nicolás y de Pergamino. El
pueblo ocupa un tramo de menos de diez cuadras sobre la ruta 188, en medio del trayecto que une a
esas dos ciudades bonaerenses, y está a unos 100 kilómetros de Rosario. Allí, a media mañana del
miércoles, las ovejas pastan pacíficamente sobre los restos semienterrados de las vías del
ferrocarril, en una franja verde que está entre la ruta y los silos de la Cooperativa Agrícola
Conesa, prácticamente donde comienza la “zona urbanizada”. Del otro lado del pavimento
se levantan las primeras cuadras de viviendas.
En la vereda de su casa, Inés Ruiti de Fontana pide perdón por andar en
camisón y se ofrece para orientar a La Capital sobre “todo lo que es Conesa”.
Ruiti tiene 71 años y es una de las pocas que cree que el Tave realmente va a pasar por el pueblo.
“Yo me enteré ayer, porque soy amiga de un político”, cuenta. “Como tengo amigos
en San Nicolás, me avisaron. “¿Vos sabés que por Conesa va a pasar el tren bala?”, me
dijeron. “¿Por dónde?”. “Por donde está la Casa de la Cultura. Van a tener que
arreglar toda la vía, pero dentro de dos años va a pasar”, relata. Después explica cómo
llegar hasta el lugar donde se haría la estación y enumera rápidamente algunos de los pilares del
pueblo: “Acá tenés la cooperativa, que es lo más grande. Tiene más de 100 empleados. Y allá
atrás tenemos la comisaría. Tenemos dos escuelas: la comercial y la industrial. Tenemos la
Municipalidad, el Registro Civil y la Iglesia. Y tenemos dos cocherías, por si fuera poco, para los
muertos”.
Divididos. A principios de 2007, cuando en Conesa comenzaron a circular noticias
sobre el proyecto y las trazas posibles del tren de alta velocidad, los habitantes del lugar
tomaron la información con más sospecha que entusiasmo, cuenta César Mazzei, encargado interino de
la Delegación Municipal de la localidad: “Este pueblo, a diferencia de los otros del partido
de San Nicolás, está dividido en dos partes y la vía pasa por el medio. Los otros poblados están
sobre un lateral de las vías, el izquierdo o el derecho, pero Conesa está partido. El miedo de los
vecinos era que dividieran el pueblo en dos”, señala, aunque sabe que eso no representa un
obstáculo para los emprendedores.
“Estas empresas, cuando van a construir, no tienen inconvenientes: arrasan con todo. Pero
nos parecía extraño; no le encontrábamos la lógica a una conexión a 30 kilómetros de San Nicolás, y
menos del tren bala”, explica.
Mazzei habla del Tave en tiempo pasado. A pesar de los anuncios
oficiales, la versión que manejan es diferente: “En la última reunión que tuvimos con el
intendente de San Nicolás, nos dijo que lo del tren había caducado y le bajaron el pulgar”,
sostiene.
La pampa y la vía. La Casa de la Cultura de Conesa, donde algunos sostienen que
tendría su parada el tren, es un galpón de colores vivos que formaba parte de la estación
ferroviaria General Conesa. Bautizado originariamente como Pueblo Ibarra —apellido de los
primeros propietarios de la zona—, el pequeño pueblo bonaerense recibió su nombre actual,
fecha de fundación y desarrollo con la inauguración de la estación de trenes, el 3 de febrero de
1884. La vida de la localidad nació alrededor de las vías por donde pasaban los trenes que unían
Pergamino y San Nicolás, desiertas ya desde hace décadas.
“A los rieles se los han afanado a más de la mitad. Está todo
hecho pedazos. ¿Por dónde va a pasar el tren bala? Tendrían que voltear hasta la
cooperativa”, dice Jorge Herrera con escepticismo. Hoy, la Cooperativa Agrícola de Conesa y
la zona industrial de San Nicolás son las principales fuentes de trabajo de ese pueblo que se
estira a lo largo, paralelo a la ruta, y no se extiende más de tres cuadras a cada lado del
pavimento.
El 90% de las calles son de tierra, y aunque el último censo del Indec
(2001) registró una población de 2.047 habitantes, en Conesa aseguran que hoy viven más de 3.000
personas, contando los de las zonas rurales.
Realidades. “Mirá, yo pienso que en San Nicolás tal vez se justifica, pero
no van a hacer una inversión así para que la gente venga a tomarlo a Conesa”. En la gomería
del pueblo, Elvio Boarini deja una llanta sobre la mesa y cierra su reflexión con un cálculo
sencillo: “Acá, por día, no deben viajar en colectivo más de 30 ó 40 personas del
pueblo”, dice. “Aparte”, agrega después Raquel Caniggia en el almacén, “el
pasaje Rosario-Buenos Aires va a salir más de 200 pesos”.
“Sí, sería caro, pero llega rápido”, dice Inés Ruiti,
aferrándose a sus argumentos: “Este es un lugar lindo y está bien porque acá es todo campo.
Meta soja siembran los gringos. Vivimos tranquilos, y si hay un chorro sabemos quién es”,
explica.
En Conesa son casi las 11. A medida que se acerca el mediodía, mientras
el coche toma el camino de regreso a la autopista Rosario-Buenos Aires, algunas mujeres cruzan la
ruta en bicicleta, de un lado al otro del pueblo, con el canasto de hacer las compras a cuestas.
Un lugar que descree de los planes futuros
“Todos estos terrenos que involucran al tren bala son del Onabe (la Organización Nacional
de Bienes del Estado). Lo que vas a ver cuando te vas ahora para Rosario sobre la ruta 188, por
donde va la vía muerta, eso son todos terrenos del Onabe”, explica el encargado interino de
la delegación municipal de Conesa, César Mazzei. “En la última reunión que tuvimos, el
intendente de San Nicolás nos dijo: ?Bueno, vamos a empezar a armar los proyectos, porque esos
terrenos, al caducar todo el tema este del tren, pasan a manos del municipio?”.
Inés Ruiti, una vecina que está hace “35 años en la
política”, sostiene que en realidad “desde San Nicolás están haciendo trámites con el
doctor Díaz Bancalari para que el tren pase por San Nicolás, pero acá me han dicho que ellos (por
el gobierno) quieren que lo haga en Conesa”.
Cuando se le pregunta por los motivos, Ruiti arriesga algunos
argumentos: “¿Por qué en Conesa? Porque es un lugar lindo, pueden estar remilparados. En San
Nicolás te roban, ¿no viste que están todos enrejados. Acá no vas a encontrar una reja”,
asegura.
Sin respuestas. Así como el ingeniero ferroviario Norberto Rosendo, titular de la
Comisión Nacional Salvemos al Tren, se preguntaba por la lógica social de una obra faraónica como
el Tren de Alta Velocidad (Tave), los habitantes de Conesa no encuentran respuestas en el sentido
común para entender que el pueblo sea elegido como parada de la futura formación.
Si bien algunos sostienen que la elección de Conesa tiene que ver con su
ubicación sobre la ruta 188, casi equidistante de las ciudades de San Nicolás y Pergamino (ambas
cabeceras de departamento), el argumento no alcanza a convencer a los que tratan de buscarle la
lógica al proyecto. Más aún cuando se estima que cada tren equivale en pasajeros a cuatro aviones,
a un costo aproximado de 200 pesos, y que habría al menos un servicio por hora.
“Acá, lo único que se comentaba es que el tren no iba a pasar
nunca más”, concluye uno de los habitantes del pueblo, y vuelve a hundir el pincel en el
tarro de pintura, sin darle importancia a la noticia.
En Conesa todo sigue a su ritmo habitual. Ese cansino que en las grandes
ciudades es sólo un recuerdo y que sin dudas contrastará con la velocidad del Cobra si el proyecto
se concreta y hace de este pueblo su única parada entre Rosario y Buenos Aires.