La ciudad

Un proyecto en el Concejo que busca una nueva regulación de los ruidos

La mayoría de los actores dicen estar de acuerdo en la modernización de la normativa vigente pero la iniciativa no pasa los filtros de las comisiones

Lunes 02 de Abril de 2018

En el Concejo Municipal desde el año pasado se retomó un proyecto que busca establecer una nueva regulación de ruidos y vibraciones en Rosario, con parámetros concretos y aceptables para la salud humana, limitando el uso de bocinas, alarmas y de los decibeles que emergen desde boliches, fábricas y construcciones. El impulso de una normativa de estas características, esta vez motorizado por la concejala Celeste Lepratti, lleva años de debates que no terminan de cristalizarse en una reglamentación debido a la amplitud de aspectos que contiene, el lobby de algunos actores clave de la economía local y el compromiso que debería asumir el Estado en distintos aspectos para la mitigación de los niveles sonoros en la ciudad. Aunque todos dicen estar de acuerdo en la necesidad de una modernización de la norma.

Desde el gobierno municipal admiten la necesidad del cambio legislativo. En este sentido, el Ejecutivo llevó adelante este minucioso relevamiento que terminó con la confección de un mapa de ruidos de la ciudad.

La normativa vigente que aborda el tema data de 1972 (decreto municipal Nº 46.542) y contiene numerosas falencias en un contexto de creciente contaminación acústica. El proyecto de Lepratti está en sintonía con normativas que actualmente son aplicadas en ciudades de países de la región como Uruguay, Chile y México, que retomó la iniciativa del ex edil Alberto Cortés. La misma había llegado a avanzar en algunos de sus aspectos con el Ejecutivo rosarino, pero terminó perdiendo estado parlamentario.

Según un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) presentado en 2011, "la contaminación acústica de las grandes ciudades es la segunda causa de enfermedad por motivos medioambientales, por detrás de la polución atmosférica". El relevamiento destaca que el ruido de vehículos puede provocar desde insomnio hasta ataques del corazón, pasando por problemas de aprendizaje y la enfermedad de tinnitus o acúfenos (oír ruidos cuando no hay una fuente sonora externa), entre otros padecimientos.

Viejo proyecto, nuevo Concejo

La nueva composición de la comisión de Ecología a partir de diciembre pasado aún no retomó el tema de modificar una norma que tiene 45 años de antigüedad.

El proyecto de ordenanza prevé establecer límites y prohibiciones; como la propaganda o difusión comercial a viva voz y parámetros para el uso de equipos reproductores en espacios públicos.

El proyecto apunta, además, a la regulación del tránsito, en el sentido que le otorga potestades al municipio para que, en caso de que los ruidos comprometan la salud y el bienestar público, pueda intervenir con medidas correctivas.

La iniciativa se ocupa en distintos artículos de las alarmas domiciliarias y de vehículos. Establece limitar a diez minutos la emisión de este tipo de sonidos. Hoy, por todos lados, se escuchan bocinas o sirenas que los propietarios no oyen y que quedan sonando por horas, afectando al resto de vecinos y transeúntes.

A su vez, expone la necesidad de tabular los decibeles no sólo de los vehículos sino también de comercios, fábricas y boliches, entre otros.

En el caso de la construcción, regula la carga y descarga de mercadería, el funcionamiento de maquinaria —incluso sobre medianeras— y la inclusión de un estudio de impacto acústico, independiente o dentro del de impacto ambiental.

La norma que impulsa Lepratti establece un cambio de paradigma en la regulación de ruidos y vibraciones, esto último no incluido en una legislación local, aunque ya se cayeron varias paredes y propiedades por este problema.

En el articulado del proyecto se establece un esquema de sanciones para los infractores, que van desde multas económicas a clausuras, inhabilitaciones, cursos de reeducación y servicios comunitarios.

Recomendaciones de la OMS

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que el nivel más alto permitible de exposición al ruido en el lugar de trabajo sea de 85 decibeles durante un máximo de 8 horas al día. Señala que en boliches, bares y eventos deportivos se está con frecuencia expuesto a niveles incluso más altos de ruido. Por ejemplo, la exposición a niveles de ruido de 100 decibeles, que es la normal en esos lugares, es segura durante un máximo de 15 minutos.

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