La ciudad

Un partido de fútbol infantil terminó en una batalla campal y a los tiros

Un hombre fue baleado y tuvieron que extirparle un riñón. Detuvieron a un técnico. La batahola se originó después del encuentro entre Santa Teresita y Deportivo Rosario.

Viernes 25 de Noviembre de 2011

La final de un torneo de fútbol que disputaron chicos de 12 años tuvo el peor de los resultados. En medio de una pelea que se desató al terminar el encuentro, un hombre de 41 años terminó con una herida de bala y debieron extirparle un riñón. Los testigos de la agresión señalaron al técnico del equipo ganador como el autor de los disparos. Si bien el ataque fue de una gravedad inédita, volvió a alertar sobre las situaciones de violencia que se desencadenan en el fútbol infantil.

Todo comenzó el martes a la noche, cerca de las 23, cuando se jugó la final de la categoría 99 de la Asociación Rosarina Deportiva y Turismo Infantil (Ardyti). La entidad agrupa a 36 equipos de fútbol de instituciones barriales, clubes, vecinales y parroquias de Rosario, Funes y General Lagos. Compiten siete categorías de chicos de 6 a 12 años.

La final enfrentó a las categorías 99 de Santa Teresita y Deportivo. Ambas están en un radio cercano de la zona sur y, según los organizadores, no tenían una rivalidad previa. El primer equipo funciona en un predio de Francia y Estado de Israel. En Pueyrredón y Benito Juárez está Deportivo Rosario, un club pintado de rojo y negro con retratos de futbolistas y músicos de rock.

El encuentro fue en la cancha neutral del Club Dorrego, de Moreno y Olegario Víctor Andrade. El partido transcurrió sin incidentes, terminó empatado 1 a 1 y la definición por penales convirtió en campeones a los chicos de Santa Teresita. "Mientras festejaban por haber ganado el título y trataban de salir por una puerta del costado, un nene de 12 años que había perdido trató de llegar al otro grupo para agredirlos", contó el comisario principal Víctor Andino, jefe de la comisaría 21ª, tras reunir los relatos de los testigos.

De acuerdo con la reconstrucción policial, los papás del grupo perdedor intentaron contener al chico, pero éste salió corriendo hacia los familiares de los ganadores y comenzaron los insultos. Entre los que agredían y los que intentaban poner paños fríos se armó una gresca sin control. Hubo golpes, patadas, empujones y, según uno de los árbitros, una madre le pegó una cachetada al arquero del equipo campeón.

En medio de la batahola el técnico del equipo ganador se alejó del tumulto. Cuando la situación comenzaba a calmarse, regresó con un arma en la mano y disparó. Era la 0.30 y, según una vecina, se escucharon tres detonaciones. Para la policía no está determinada la cantidad de disparos ni el calibre del arma, pero sí está claro que los tiros no fueron al aire. Un proyectil hirió en el abdomen a Daniel Adler, de 41 años, tío de un nene del equipo subcampeón. La bala lo atravesó y le provocó una gravísima lesión. Lo trasladaron de urgencia al Hospital de Emergencias Clemente Alvarez (Heca) y debieron extirparle un riñón.

La competencia había convocado unas 200 personas que colmaban las modestas instalaciones del club. Tras las detonaciones, la multitud se dispersó o buscó refugio donde pudo.

"Volaban sillas". En la cancha del club Vecinal Dorrego, algunas sillas rotas todavía daban ayer pista de batahola desatada el martes por la noche. "Llevamos casi siete años viviendo acá y nunca padecimos algo así", comentaban los caseros del predio.

"Nosotros ya nos habíamos metido adentro porque los partidos habían terminado, pero empezamos a escuchar gritos y chicos que lloraban. Un grupo de madres nos golpeó la puerta y les abrimos. Volaban sillas por todos lados y no sabían dónde meterse. Después, por la puerta de atrás escuchamos tres disparos", recordaron.

Ezequiel Rodríguez, el árbitro de la liga infantil que dirigió el partido, relató que el incidente se desató "cuando una mamá agredió con un cachetazo a un nene de 12 años", arquero del equipo ganador. "Después nos metimos en el bufet para no quedar en el medio de la gresca. Cuando cesaron los golpes un familiar de un niño de Deportivo Rosario resultó herido de bala", contó.

Los papás de los nenes que participaron del encuentro se mostraban conmovidos, pero no dudaban en repartir culpas entre árbitros, ayudantes de línea, padres y entrenadores. “Estamos muy asombrados por lo que pasó. Había chicos escondidos adentro de los vestuarios, abajo de las mesas, no teníamos lugar para taparnos, no teníamos lugar para salir, ellos pasaban y apuntaban a cualquiera”, relató Fabiana, la mamá de uno de los menores. Y, en medio de la corrida, la mujer aseguró haber escuchado al técnico de Deportivo gritarle a uno de sus pares: “Andá a buscarme el pendejo y pegale a las patas para que no juegue más”.

Detenido. El técnico señalado por la agresión se fue del lugar y fue hallado por la policía la tarde siguiente. Se llama Carlos Alberto C., tiene 35 años y es el padre de uno de los jugadores. En su casa no se incautaron armas y quedó detenido en la seccional. El juez de Instrucción Nº 9, Javier Beltramone, planeaba indagarlo por los delitos de lesiones gravísimas y portación de arma de fuego.
  El familiar herido fue trasladado de la terapia intensiva del Heca a una sala común donde pudo brindar su declaración a la policía. Según fuentes del caso, responsabilizó en forma directa al técnico por los disparos y sostuvo que el ataque no fue al tumulto sino dirigido directamente a él.
  La policía indicó que el acusado está golpeado y tiene la marca de un importante puñetazo en la nariz. Incluso, “hay declaraciones de que los del otro bando exhibieron armas antes de que el técnico abriera fuego”, dijo el comisario. l

 

“La primera vez que pasa”

El presidente de la liga infantil Ardyti, Reinaldo Divonis, planteó que existen situaciones de tensión en los partidos, pero remarcó el carácter excepcional del incidente del martes. “Llevo 40 años en el fútbol infantil y nunca se dio un caso de esta naturaleza. Es la primera vez que ocurre. Lo que pasó era impensable, nunca ha existido rivalidad entre estas dos instituciones”, dijo.
  El directivo señaló que los partidos se juegan sin custodia policial, salvo que existan roces previos entre los equipos. “No cabe en la imaginación de uno que donde juegan chiquitos haya custodia policial”, sostuvo, y anticipó que la comisión directiva de la asociación evaluará las sanciones a imponer una vez que realicen sus descargos los equipos involucrados.

Antecedentes

La violencia en las canchas de la ciudad tiene antecedentes. Por hechos graves en los campos de juego, en 2009 fueron suspendidos varios partidos de la Asociación Rosarina de Fútbol (ARF), que conduce Mario Giammaria. Y hace algunos meses, el encuentro entre Social Lux y Defensores Unidos terminó en una riña brutal.

“Es un daño terrible para todos los chicos”

“Lo que pasó es particularmente grave. Quienes conducen a los chicos son responsables de incorporarlos en el universo de las reglas del deporte y la competencia, donde la violencia queda excluida; pero cuando el propio conductor rompe ese universo y pasa al campo de la violencia directa, lo que se produce es un daño terrible a los chicos”, advirtió el psicólogo Julio César Pereira tras el partido de fútbol infantil que terminó con un técnico detenido por balear a un hombre en una pelea.
  El profesional lleva tiempo reflexionando en torno a las situaciones de violencia que “aparecen con frecuencia” en medio de los encuentros de baby fútbol. Enseña psicología y pedagogía en el curso de instructor de técnico infantil que se dicta en el Instituto Superior de Educación Física Nº 11 y además, a pedido de los clubes, organiza jornadas con dirigentes, técnicos y padres sobre esta problemática.
  “Una de las principales dificultades es que la gran mayoría de los técnicos y los dirigentes de estas ligas no están capacitados. En muchos casos son padres con muy buena voluntad a quienes hay que agradecerles que se preocupen por esta actividad, pero tienen que recibir formación porque no tienen herramientas para sostener la educación de los chicos a través del deporte”, señaló Pereira.
  Y las consecuencias de esta carencia se exponen en las canchas. “La incorporación de los adultos al juego de los chicos, a través del fútbol, cambió radicalmente ese mundo de juegos, incorporando sus propias miradas sobre la competencia que son muy diferentes a las de los niños. Cuando ocurren hechos de violencia es porque la competencia se da entre los adultos y los chicos quedan en un lugar de intermediarios de una puja que no es de ellos”.
  Que el fútbol sea la disciplina más emparentada con este tipo de conflictos no es casual. Hay varios factores que lo determinan: la gran extensión que tiene la actividad en el país, su extendida trayectoria como pasión de multitudes o el sueño de llegar a primera como un pasaporte a una vida holgada económicamente, dejan sus huellas.
  “Pero creo que el problema fundamental está relacionado con que los dirigentes y las personas a cargo de los chicos necesitan mayor formación sobre lo que representa el juego para los chicos, la evolución que significa la competencia y la importancia que tiene conducir esas experiencias, de manera que no transfieran sus necesidades a los chicos sino que consideren el juego como una actividad de los niños —insistió Pereira—. Hay soluciones sólo que requieren trabajo, cierto tiempo y un compromiso fuerte de todos los sectores”. l

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