La ciudad

Un lugar de pertenencia para unas 40 personas

El taller de inclusión funciona desde hace 6 años y cuenta con un plantel de 7 docentes que realizan una comprometida tarea de enseñanza, contención y estimulación para unos 40 adolescentes y adultos, de entre 15 y 55 años, con diferentes discapacidades.

Lunes 16 de Julio de 2018

El taller de inclusión funciona desde hace 6 años y cuenta con un plantel de 7 docentes que realizan una comprometida tarea de enseñanza, contención y estimulación para unos 40 adolescentes y adultos, de entre 15 y 55 años, con diferentes discapacidades. Todos son hijos de afiliados, no pagan un solo peso extra y van de lunes a jueves de 8 a 16.

La idea el espacio, según sus responsables, es utilizar "el arte como herramienta de inclusión". En esa línea, los alumnos realizan tareas como escultura, escritura, pintura, sublimado, muñecos o carpintería, entre otras. Natalia Iglesias lo define como "un lugar de pertenencia y solidaridad" donde "se trabaja a través del deseo".

De a poco, fue surgiendo la necesidad de darle un enfoque laboral. "La sociedad los ve como niños eternos, con un deseo relegado o mutilado. Y ellos quieren trabajar, tener su ingreso, incluirse al mundo de manera convencional", comenta. Allí surgieron las experiencias de producción de objetos para vender (muñecos, remeras, juguetes), a través del programa Rosario Emprende del municipio para comercializar los productos en el Biomercado y la feria de la plaza San Martín, en formato de cooperativa y con distribución de las ganancias entre los integrantes.

Y después llegó la oportunidad de la proveeduría. "En un contexto en el que el país está en llamas y todo es recortado, el sindicato apuesta a la inclusión real, desde la acción y no desde un perfil asistencialista. Es un trabajo en serio, remunerado, de verdad. Esto los convierte en sujetos de deseo y de derecho", sindica la licenciada en educación especial. Hay un detalle especial que cimenta esta visión: cuando Iglesias se refiere a los miembros del taller que comenzaron a trabajar en la proveeduría, no dice "los chicos", ni mucho menos "mis alumnos". Dice "los compañeros", porque son trabajadores.

En cuanto a la preparación, la responsable del taller detalla que primero se hizo una selección de quienes podían ser los más aptos, de acuerdo a sus capacidades y problemáticas particulares, para poder sostener la tarea todos los días. También señala que "se trabajó psicodramáticamente, por la ansiedad que podían generar algunas escenas temidas". Sin embargo, "la proveeduría les dio la bienvenida, tanto los otros trabajadores como los clientes", celebra.

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