Domingo 12 de Abril de 2020
Emma Riosendaulv Joncka, un joven repartidor de la empresa PedidosYa, murió cuando la moto en la que circulaba colisionó con un colectivo de la línea 113 en la esquina de Francia y Cerrito. La ambulancia del Sies que llegó hasta el lugar para asistir al estudiante de 23 años y de origen haitiano, sólo pudo constatar su deceso. Durante toda la jornada de ayer, amigos y conocidos de la colectividad, algunos de ellos también estudiantes de diferentes facultades de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) se pusieron en contacto con sus familiares, todos residentes en el país de origen del joven, e intentaban buscar respuestas a lo que había sucedido. La precariedad laboral, la imperiosa necesidad de subsistencia incluso en medio de la cuarentena obligatoria, ya que son considerados servicios esenciales, quedaron evidenciados en el hecho. La investigación judicial por homicidio culposo está en manos de la fiscal Mariana Prunotto Laborde.
El siniestro se produjo pasadas las 22 del viernes, cuando el joven circulaba por Cerrito a bordo de una moto Honda Waze, el vehículo que utilizaba para repartir comida para PedidosYa, una firma que, como Glovo y Rappi, viene siendo cuestionada por el Sindicato de Cadetes de la ciudad por su modalidad de funcionamiento y la precarización de sus empleados (ver aparte).
Si bien la mecánica del accidente aún está siendo investigada, lo que indicaron fuentes policiales es que el joven embistió contra un colectivo de la línea 113 y murió en el lugar del hecho. Los médicos del Sies no llegaron a asistirlo, ya que los traumatismos de cráneo sufridos provocaron la muerte inmediata.
La conductora al mando de la unidad, una mujer de 42 años, fue demorada en las primeras horas, pero luego quedó liberada por no contar con antecedentes.
Incertidumbre
Alertado telefónicamente por otros compañeros cadetes, Kesler Jean Mary, referente de la colectividad haitiana en Rosario e integrante de la asociación civil que forman muchos de los migrantes del país centroamericano, llegó el viernes mismo al lugar donde Emma había fallecido.
"Me llamaron, fui hasta el lugar, pero los médicos dijeron que ya no había más nada que hacer", contó a La Capital el joven estudiante de Ciencia Política, también de origen haitiano.
Además de señalar que, "como todos los que trabajan para esas compañías, él era monotributista", y sostuvo que al lugar del siniestro no llegaron más que sus compañeros y efectivos de la policía. "De la empresa no se presentó nadie, ni nadie se comunicó al menos por el momento", indicó. Luego, se definió una "despedida" al compañero en Pellegrini y Mitre.
Otra compañera de la colectividad del joven fallecido fue quien tomó la responsabilidad de ponerse en contacto con su familia para darle a conocer lo sucedido. Además del lógico dolor, se vivieron horas de incertidumbre sobre cómo serán los próximos pasos: la entrega del cuerpo, la posibilidad de un funeral y cómo realizar un traslado a su país de origen en caso de que la familia lo requiriera. Un escenario donde aparecían muchas preguntas, y más aún en un marco de emergencia sanitaria y aislamiento obligatorio.
Migración y precariedad
El muchacho de 23 años había llegado hacía poco más dos años a Rosario y desde 2019 era estudiante de ingeniería mecánica en la Facultad de Ciencias Exactas. Con un amigo de la colectividad, vivía en la zona de la Terminal de Omnibus.
Como muchos de sus amigos haitiano y como sucede con migrantes venezolanos, brasileños y colombianos, y claro que también argentinos, Emma subsistía como cadete haciendo repartos, una actividad esencial y que se potenció en medio de la cuarentena.
"Algunos de nosotros podemos recibir ayuda de nuestras familias, pero muchos otros trabajan y apenas les alcanza para pagar sus gastos, son muy pocos los que pueden ayudar desde aquí a sus casas", explicaron.
Este era el caso de Emma, que había venido desde Cabo Haitiano, la segunda ciudad del país centroamericano y ubicada en un departamento de la región norte, a unos 200 kilómetros de la capital Puerto Príncipe, según detallaron.
"Muchos de los chicos son de los departamentos del norte", indicaron sus compañeros, y señalaron que Emma contaba con todos los papales para su residencia en la Argentina e incluso se había dado de alta en Afip como monotributista para trabajar.
El monotributo era justamente la forma de subsistir, y más aún en tiempos de cuarentena. La contracara es la situación de precariedad laboral, y tal es así que sus compañeros indicaron que "no podía elegir el aislamiento por la cuarentena, porque pasada una determinada cantidad de días, si no trabajás, la aplicación te da de baja y quedás afuera".