La ciudad

Un grupo de chicos rosarinos, en su mayoría autistas, cruzará Los Andes caminando

Parten el 13 de febrero próximo y el objetivo es caminar 18 kilómetros a unos 4 mil metros de altura por el paso del Cristo Redentor. Se preparan desde hace meses con sus profes del GEA.

Jueves 08 de Enero de 2015

Unos doce jóvenes, algunos con discapacidades motrices y la mayoría con trastornos del espectro autista, se alistan por estos días para cruzar a pie la cordillera de los Andes. En realidad, se vienen preparando desde hace meses con sus profes del Grupo de Entrenamiento Adaptado (GEA), miembros de una flamante organización no gubernamental que apuesta a la inclusión básicamente desde la actividad deportiva, al entender que "no es con la discapacidad con lo que hay que trabajar, sino con las capacidades que cada uno tiene". Los desafíos son enormes, pero mayor será la satisfacción cuando el contingente logre, del 13 al 17 de febrero próximo atravesar el paso de Cristo Redentor, en el límite entre Mendoza y Chile, después de caminar 18 kilómetros a 4 mil metros de altura.

En la ONG trabajan profesores de educación física y acompañantes terapéuticos, un médico y un psicólogo. Una curiosidad es que cuatro integrantes de una misma familia (madre y tres hijos) funcionan como motores del grupo.

GEA cuenta además con un gimnasio en Dorrego 1857, un emprendimiento comercial que a la vez alberga dispositivos especialmente dispuestos para el entrenamiento adaptado de cerca de veinte personas con diferentes discapacidades (no videntes, hipoacúsicos, un chico con espina bífida) y trastornos del espectro autista.

Por estos días, en pleno verano, la actividad no se despliega en ese lugar, sino en una colonia de vacaciones que armaron en la isla, Durante el resto del año trabajan además con natación adaptada incluso en aguas abiertas.

"Nosotros creemos que en la práctica del deporte la gente pone en juego diario sus mejores y sus peores actitudes, y a partir de eso es que trabajamos para afianzar y potenciar todo lo positivo y para tratar de superar lo negativo", explica Alexandra Maero, una de las integrantes de la ONG.

Aunque la edad de la gente con que trabajan va de 6 a 54 años, la adolescencia es la franja que se presenta como el mayor desafío.

"Tanto entre los chicos como entre sus padres se dan claramente dos momentos críticos: el del diagnóstico y el de la adolescencia, que es cuando se suelen desnudar todas las deficiencias que se han ido arrastrando y cuando parece que se hubiera llegado a un techo en el aprendizaje, pero sin embargo es también cuando aparecen nuevas fuerzas, nuevas energías, que necesitan ser canalizadas", cuenta Alexandra.

Y esa "energía" extra requiere un lugar donde desplegarse. "Ahí aparecemos nosotros para ofrecer ese lugar a través de un deporte que buscamos con los chicos en función de ver en qué son buenos, si logran prestar atención, si pueden seguir consignas...", detalla la integrante de la ONG.

Y a través de esa herramienta no buscan sólo instaurar un "afuera" que ayude a los jóvenes despegar de su familia y las instituciones que los cobijaron desde la infancia para ganar autonomía, sino un nuevo "adentro", en el que al menos logren bosquejar un "nosotros" a través del "entendimiento" y una mínima "camaradería", uno de los déficits que sufren quienes presentan trastornos autistas.

"Cada vez que alguien da un paso lo alentamos, lo aplaudimos —afirma Alexandra—, y los avances son realmente impresionantes", afirma.

La valoración es a medida. Por ejemplo, en la colonia de la isla, uno de los chicos acaba de "registrar" a un compañero y comentó un logro del chico. "Puso prestarle atención a otro, y eso es un gran adelanto", explica la chica.

Otro chico que entrena con el grupo se llama Lucas, tiene 14 años, espina bífida, y se desplaza sobre ruedas. ¿Qué logró él? "Rapelar en su silla", dice con orgullo Alexandra, cuando lo que la mayoría esperaba de él era simplemente que quedara afuera de lo que hacen los chicos de su edad.

De hecho, la primera vez que entrenó en GEA, cuando el profe Oscar Maero, alma máter del grupo, hizo una demostración de escalada en una pared especialmente armada en el gimnasio, Lucas le dijo: "Con piernas es más fácil...".

"«Entonces lo voy a hacer sin piernas», le contestó Oscar, y cuando subió lloramos todos", recuerdan Alexandra y su madre, presidenta de la ONG, Mónica Avellaneda. Hoy, el que sube sin piernas es Lucas.

Todas las voces, todas. Y esta vez, en la segunda incursión a los Andes, intentarán que el desafío sea lo más incluyente posible. La idea es llegar a Uspallata con un contingente de 22 personas que incluirán desde un nene de 9 años hasta un hombre con trastorno autista de 54, una mayoría de adolescentes (incluido Lucas en su silla) y diez acompañantes y profesores.

Partirán el 13 de febrero, se aclimatarán a la altura en Uspallata, pero se alojarán en Las Heras, cuyo gobierno solventará gran parte de los gastos, junto a la empresa de turismo mendocina Aymará.

La meta consistirá en caminar unos 18 kilómetros en alrededor de 12 horas para cruzar el paso internacional del Cristo Redentor y llegar a Chile.

Necesitan un transporte

El Grupo de Entrenamiento Adaptado (GEA) logró que el gobierno de Las Heras (Mendoza) y una empresa privada les donaran casi todo lo indispensable para la aventura (hospedaje, comidas y traslados).
Lo que necesitan ahora es que alguien aporte el transporte para poder realizar el trayecto Rosario-Mendoza-Rosario. Los organizadores estiman que un minibús de 19 o 24 plazas alcanzaría. O el dinero para alquilarlo. La solidaridad, pública o privada, puede llegar al 679-4794 o al 155-209655.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario

LAS MAS LEÍDAS