Domingo 30 de Junio de 2019
Esta semana el cordobés Juan Pablo Rodríguez, presidente de la fundación Un Tatuaje por una Sonrisa, visitó a los abuelos abandonados. Conmovido por la noticia, se había ofrecido a llevarlos a su ciudad antes de saber que tenían un hijo en Rosario que les daría alojamiento transitorio. A través de las redes sociales reclamó a las autoridades provinciales y municipales que tomaran cartas en el asunto y dieran una respuesta a los abuelos.
Lo cierto es que a casi a un mes de que la pareja quedara abandonada por uno de sus hijos en un bar de 27 de Febrero y Corrientes, el pasado 5 de junio, aún no tienen un lugar para vivir.
"No es tanto lo que están pidiendo, es sólo un geriátrico o un lugar con una persona que los pueda atender en lo mínimo porque ellos están bien", manifestó Rodríguez después de la visita que hizo a Hilda de 86 años y a Hugo de 92. "Sólo quieren un lugar para pasar los últimos años de vida que le quedan", continuó el cordobés.
El hombre viajó a Rosario el lunes pasado para visitar a los abuelos tal como había prometido a través de los medios que lo entrevistaron.
"Cuando me enteré de la noticia ofrecí llevarlos a Córdoba. Allí tengo la sede de la Fundación y en las aulas donde se dictan los talleres podemos organizar una habitación para Hugo e Hilda", relató el hombre que luego de una fuerte experiencia dejó la cocaína y se dedicó con todas sus fuerzas a ayudar a los demás.
"Después me enteré que Hilda y Hugo tenían otro hijo (Raúl), con quien me comuniqué para ponerme a disposición y en ese momento le pregunté si no le importaba que fuera a visitarlos", contó.
Así, luego de casi un mes de la noticia del abandono de los abuelos en un bar, Rodríguez viajó a Rosario con el único motivo de abrazar a los abuelos.
Estuvo con ellos durante dos horas conversando. Les llevó galletitas (de las que le gustan a Hilda) y alimentos no perecederos para colaborar con la economía del hogar.
Relató que Raúl y su esposa Angélica están durmiendo en un sillón para dejarles el lugar a los viejos. "La casa es muy humilde y la situación de la familia no es fácil", reconoció y reclamó una vez más la presencia del Estado. "¿Dónde están los políticos que no son capaces de responder ante estas situaciones?", cuestionó.
Hilda y Hugo se emocionaron con la visita. Todavía están apabullados por la repercusión nacional que tomó su historia y no quieren saber nada con salir en los medios. Ellos sólo quieren un lugar donde vivir. No entienden por qué los sacaron del departamento donde residían y están tristes por la desaparición de su hijo mayor.
"Los encontré bien, aunque tristes", confió Rodríguez. "Hugo es muy mayor y tiene dificultades en el habla y además está muy sordo, pero cuando se puso a hablar preguntó entre sollozos por el departamento y por su hijo", agregó.
Por su parte, a Hilda la encontró más fuerte. "Tiene claro que no pueden seguir en ese lugar y que necesitan irse. La angustia la invade por momentos y pide que la ayuden pero aclara que no necesita que le regalen nada y me dijo que tenía su jubilación y que también sabe coser, y que arreglando ropa podría pagar lo que sea necesario".
Conmovido, el cordobés los abrazó a los dos y les pidió que lo reciban como nieto. Hilda le respondió que sí, pero quería cambiarle el nombre. "Para mí te vas a llamar Ángel de Dios", dijo al oído ante la conmoción del tatuador solidario.
Un sueño
"No puedo soportar el dolor de los niños y de los viejos", confesó Rodríguez quien les preguntó a Hilda y a Hugo qué les haría ilusión. Ellos contestaron que les gustaría volver a Capilla del Monte de donde guardaban gratos recuerdos. "Me puse a organizar el viaje y me llamó el intendente de esa ciudad para ponerse a disposición, así que ya tengo todo listo", confirmó el hombre que en seis días planificó todo para concretar el sueño de los abuelos.