Domingo 30 de Diciembre de 2007
No le cree nada al Indec, ni a ningún cálculo del gobierno. Está a favor de cualquier medida de control, castigo a las faltas y acciones que ayuden a fomentar la convivencia urbana, las celebra pero es escéptico sobre sus resultados. Siempre apoya los derechos del consumidor, de los que seguramente es parte, no esquiva los temas más polémicos y opina, siempre opina. ¿Quién es?
En rigor, no tiene un nombre, sino miles, y no son más que los lectores de La Capital que día a día emiten su voto en las encuestas cotidianas que propone el diario. Estas consultas, que se plasman tanto en la edición impresa del diario como en La Capital on line pero se responden únicamente en el sitio web, venían haciéndose desde hacía algunos años. Pero fue en 2007 cuando el mecanismo se sistematizó, se hizo diario y su publicación en la página 2 del formato diario impreso empezó a venir acompañada por una consulta a un vecino en la calle.
Y allí apareció el lector. El que es capaz de opinar sobre la inflación, el casamiento de Reinaldo y Adelfa, la ejecución de Saddam Hussein y la instalación de una playa nudista en la isla. El que apoya los piquetes pero sólo si los tiene lejos, el que está preocupado por la seguridad, el que descree de los discursos gubernamentales, el convencido de que las denuncias de la jueza Cosidoy sobre narcotráfico son ciertas, como que la EPE cobra más de lo que brinda, que en el fútbol hay más arreglo del que se cree y que la corrupción es endémica.
Desde el vamos este sujeto marcó un rumbo. El 1º de enero contestó acerca de cuál era su anhelo para este año. ¿Salud, dinero, amor...? Ni siquiera los tres sumados llegaron al 50 % que, solo, se llevó el deseo de seguridad. Convicciones menos poéticas y más realistas que se reiteraron en una de las consultas que abarcaron varios días, como la que se hizo entre el 27 y el 29 de junio. En esa oportunidad se le preguntó a qué temas debían prestar atención los precandidatos a gobernador, y nuevamente la seguridad ganó con el 45 % de los votos, contra un 23 % de educación y un magro 14 % que se inclinó por combatir la pobreza.
Después vinieron los temas más diversos, en general vinculados a noticias del día o a debates del momento, como la suba del costo de vida, las campañas de los clubes rosarinos, el transporte urbano, el tránsito en el microcentro, el aborto, el juicio oral. O cuestiones bien puntuales, como el rescate del cine El Cairo, la salud de Maradona, la historia de la madre que dejó a su bebé en el auto mientras estaba en un bar, y hasta las misas en latín (una votación sugerida cuando el Papa Benedicto XVI decidió oficiar en aquella lengua muerta y el 78 % de los lectores no estuvo de acuerdo con imponer semejante idea en los púlpitos locales).
Y en algunos marcó tendencia, como en el del juicio y castigo a los responsables de los crímenes de la dictadura. El 27 de enero votó a favor del levantamiento del secreto de Estado en causas por violaciones a los derechos humanos (81 %), el 2 de febrero consideró que la Justicia debía revisar los crímenes (71 %), y el 21 de marzo se opuso a que los represores gocen del beneficio de la prisión domiciliaria (80 %).
Votaciones masivas. Algunos tópicos fueron votados masivamente y sobresalieron por la participación, aunque esto no estuvo necesariamente relacionado con un debate en particular.
El lector se volcó multitudinariamente a las encuestas cuando tuvo que opinar sobre temas tan disímiles como si el Kily González debía volver a Central (31 de julio); si las declaraciones del testigo Luis Gerez, desaparecido y aparecido con vida en momentos en que se reclamaba por Jorge Julio López, eran ciertas (pocos le creían el 3 de enero); si había corrupción en el gobierno nacional (el 97 % contestó que sí el 9 de agosto); si había que estar de acuerdo con el rey de España o con Hugo Chávez cuando el soberano mandó a callar al presidente (6 de cada 10 le dieron la razón a Carlos el 12 de noviembre), o cuando se les dio la posibilidad de opinar, el 27 y el 28 de agosto, sobre qué equipo rosarino se puede ir al descenso.
También fue masiva la participación el 13 de agosto, cuando en medio de la polémica se le preguntó si estaba de acuerdo con obligar a los restaurantes a hacer visibles los precios de sus menúes en las puertas (el 96 % dijo que sí). O cuando se le consultó el 2 de agosto si estaba bien que la Justicia ordenara desocupar la plaza San Martín, tomada por un piquete, y el 92 % dijo que sí (pocos días antes, nueve de cada diez se habían manifestado en contra de subsidiar a los piqueteros, y en el mismo sentido votó el 88 % el 19 de mayo).
A protestar a otra parte. El tema de los piquetes y las manifestaciones callejeras fue recurrente, y no siempre el lector opinó de la misma manera.
Es que, cuando se le preguntó el 16 de enero si acordaba con los cortes de ruta en rechazo a las pasteras, el 65 % dijo que sí. Y el 1º de abril más de la mitad opinó que debían mantenerse los cortes en los pasos a Uruguay.
Pero el 18 de mayo fue contundente a la hora de opinar que la provincia de Santa Fe debía impedir los piquetes locales (así votó el 93 %); al día siguiente se opuso a que los gobiernos cedieran a las exigencias de los piqueteros, y el 26 del mismo mes tres de cada cuatro lectores opinaron que debían impedirse los cortes de calle en el microcentro rosarino. O sea, a protestar a otra parte.
Otro tema polémico que llamó la atención por el grado de participación fue el del aborto, aunque si se analizan las respuestas no siempre siguieron un mismo patrón ideológico.
Seguramente los antiabortistas tomaron debidamente nota de la encuesta del 28 de mayo, y volcaron la balanza a su favor: el 56 % dijo que no estaba de acuerdo con que esta práctica sea legal, segura y gratuita. Pero cuando el 30 de agosto se preguntó si debía permitírsele abortar a la menor discapacitada que había sido violada y quedó embarazada, casi el 90 % opinó que sí.
Dos meses antes, el 6 de julio, las tres cuartas partes de los votantes se habían inclinado por aprobar por ley la muerte digna, otro tema que alcanza la médula de convicciones filosóficas y religiosas. Y el 6 de marzo, siete de cada diez se inclinaron por extender el uso de la pastilla del día después.
Todos de acuerdo. Algunas respuestas no dejaron dudas respecto de la opinión mayoritaria. El 1º de febrero, el 94 % dijo que había que prohibir las paradas de taxis exclusivas; el 9 de octubre el 96 % estuvo de acuerdo con boicotear la compra del tomate sobrevaluado, y el 14 de febrero un 92 % consideró desmedido el incremento del precio en los útiles escolares.
También superaron el 90 % los que consideraron ciertas las denuncias de la jueza Cosidoy sobre la complicidad policial con el narcotráfico; los convencidos de que no se ejercen los controles para impedir la contaminación ambiental en la ciudad; los que apoyaron la ley de bosques; quienes creen que los candidatos a presidente deberían estar obligados a dar detalles de sus gastos de campaña; los que sancionarían a los dueños de los perros que muerden en la calle, y los que creen que no se controla bien a las numerosas obras en construcción.
Por los controles. Y si de controles se habla, está definitivamente a favor de reforzarlos en todos los aspectos, de aplicar sanciones a quienes violen las reglas y a propiciar normas de convivencia urbana.
Así lo muestran al menos las encuestas del 4 de febrero, cuando el 90 % votó a favor de controlar más el uso del casco entre los moticiclistas; el 5 de agosto, cuando el 94 % consideró necesario proteger a las estatuas de la acción de los vándalos; el 2 de enero, en que el 76 % pidió restringir más el uso de pirotecnia, y el 6 de febrero, cuando un 88 % votó a favor de monitorear los precios en la costanera rosarina.
Esta misma convicción se volvió a manifestar cuando el 81 % consideró que habría que retirar de circulación los vehículos con malos frenos y vidrios polarizados; cuando pidió sanciones más severas a quienes venden pegamento a los menores, cuando votó por castigos más drásticos a los automovilistas ebrios, y en favor de prohibir que se fume en los lugares de trabajo.
Escepticismo. Pero así como quiere controles, muchas veces descree de su efectividad. Lo demostró el 9 de enero, cuando el 77 % se manifestó escéptico respecto de la efectividad de los radares para disminuir los accidentes; el 23 del mismo mes, cuando el 78 % se mostró incrédulo de las campañas oficiales para que los rosarinos fumen menos; el 22 de agosto, cuando se le preguntó si las inspecciones en las playas de estacionamiento pondrían fin a los abusos, y el 29 de septiembre, cuando el 89 % opinó que no se lograría impedir el aumento de los medicamentos.
También desconfió de los controles y los acuerdos sobre precios. Así pasó cuando en julio el gobierno pretendió mantener estables los precios en los supermercados, y un 93 % no creyó en la medida, o cuando el gobierno llegó a un acuerdo similar en electrodomésticos y ocho de cada diez lectores fueron escépticos.
Hay algo que es incontrastable: el lector promedio no le cree al gobierno. Y lo dejó bien en claro desde el vamos, cuando el 5 de enero se le preguntó si creía que el índice de inflación se ajustaba a la realidad y un 96 % dijo que no. La pregunta se repitió el 5 de mayo, luego de que la Nación afirmara que el aumento del índice de precios de abril había sido del 0,7 %, y de nuevo no le creyó. El mismo mes se le preguntó si creía que había bajado el desempleo en el primer trimestre del año y dijo que no.
A partir del 10 de diciembre, La Capital on line cambió su diseño por uno mucho más ambicioso, dinámico y participativo. El portal comenzó a ofrecer foros para debatir temas como las medidas de fuerza de los municipales o el futuro del gobierno de Hermes Binner. Estos temas ya han generado buenos debates, pero esa es ya otra historia.