La Ciudad

Tras un 2020 de hiperconexión, cómo se piensa un futuro híbrido

Tres rubros que continúan la virtualidad a pesar de las aperturas progresivas que se fueron dando piensan una dualidad entre presencial y virtual, que ya están implementando

Miércoles 30 de Diciembre de 2020

La “nueva normalidad” es un lugar común y, al mismo tiempo, una zona desconocida que nadie puede distinguir; es de todos, pero cada uno tiene su propia concepción sobre cómo será el futuro cercano. En 2020, muchas prácticas y rutinas aceleraron sus mutaciones, dejando de lado la progresividad y planteando dudas e inconvenientes en espacios que parecían sólidos y estables.

Si bien hay actividades que fueron retomando de a poco la presencialidad, hay ocupaciones y trabajos que continúan virtualmente y que son un reflejo de la hiperconexión a la que, por necesidad, muchos tuvieron que recurrir; y, además, a un modelo que se impone para quedarse.

Tan intempestiva como la llegada del coronavirus y las diversas acciones que se tomaron para ralentizar su propagación, el aprendizaje sobre nuevas herramientas y los desenvolvimientos en nuevas plataformas tuvo que ser sobre la marcha. Quedó demostrado que nadie estaba preparado para un acontecimiento como este, ni contaba con el equipamiento necesario en muchos casos, ni las empresas que brindan el servicio de conexión, en otros, estuvieron a la altura.

Después de todo esto, 2021 llega con una buena parte de la población que ya tiene una experiencia adquirida en plataformas y herramientas, a través de un proceso de aceleración que hubiera sido imposible implementar de otro modo.

Docentes y alumnos al mismo tiempo

Lautaro Sarmiento (42) hace tres años que es docente en la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario (UNR). Tanto él como sus compañeros docentes tuvieron que ir combinando las clases que les daban a los alumnos con la incorporación de nuevas herramientas y plataformas a su experiencia tecnológica para llevar adelante las clases.

“Fue un aprendizaje en el sentido técnico de la cuestión para utilizar todas las herramientas que se requerían para poder dar clases en forma virtual”, cuenta quien es docente de Asia y África II, de la Licenciatura en Historia. Al principio, asegura, “fue muy improvisado porque no teníamos las herramientas y tampoco la universidad estaba preparada. Entonces, hubo todo un proceso de adecuación para ir generándolas, que fue con el correr de la misma pandemia”.

Considera que no fue algo propio de la universidad o los docentes, sino que se repitió en varios trabajos, a excepción de quienes trabajan en empresas o instituciones que ya implementaban el home office en sus rutinas productivas.

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Lautaro Sarmiento es docente en la Licenciatura en Historia en la UNR, donde dicta Asia y África II.

Lautaro Sarmiento es docente en la Licenciatura en Historia en la UNR, donde dicta Asia y África II.

Con el correr de la pandemia, en la UNR pusieron en marcha un aula virtual sobre la que, dice Lautaro, se aceleraron los procesos para poder usarla. De todos modos, el docente cree que, por el momento, “de lo que tiene el aula virtual como potencial, manejamos una pequeña parte”.

Para dar clases, Zoom y Meet fueron los principales a implementar por los docentes. Particularmente, Lautaro cuenta que contaba con un curso en su haber, pero no tenía la “gimnasia” necesaria.

“Durante el transcurso del año, la universidad te proveía de una serie de tutoriales que te enseñaban un poco. Pero por el tema de la carga horaria que significó la docencia este año, sobre todo con compañeros que tienen muchas horas, se hacía muy difícil, mientras uno tenía que cumplir con sus tareas laborales, poder tener un margen para dedicarse a aprender. Aprendimos sobre la base del ejercicio práctico que íbamos haciendo”, explica.

Al margen de las dificultades que se presentaron, con puntos salientes en el servicio de conexión a internet y las herramientas informáticas con las que no disponían muchos docentes, Lautaro rescata: “Si no hubiesen existido estas tecnologías, no hubiésemos podido hacer nada. Por un lado, tienen una gran potencialidad porque permiten, por ejemplo, conectarse con gente de otro lado. Durante el transcurso del año, hicimos un par de encuentros con gente de España y de otros lugares de América. En ese sentido, está bueno y tiene mucha potencialidad”.

Como contrapartida a eso, Lautaro entiende que estas herramientas son complementos de la presencialidad y considera: “De alguna forma, sentimos que fue muy limitado el proceso con respecto a la enseñanza y la docencia. Para nosotros, no reemplaza a la presencialidad, con la que se pueden lograr un montón de cosas como el ida y vuelta con los estudiantes y tener una percepción de cómo ellos participan de las clases”.

A futuro, el docente considera planificar la materia con este complemento por las posibilidades que otorga: “Lo haría, está bueno. Esto sirvió para plantear estas posibilidades y herramientas. Al momento de volver a una situación de normalidad como era antes, trataría de planificar esto como parte de una posible cursada de una materia. Te da posibilidades interesantes”.

Cambio de planes y adaptación permanente

Cuando el 16 de marzo le avisaron a Rosa Iadanza que, a pesar del advenimiento de la cuarentena estricta, algunos de sus pacientes tenían que continuar con la terapia de manera virtual, no conocía la modalidad para llevarla a cabo. Hoy, esta psicóloga de 62 años que trabaja principalmente con chicos y chicas con diversas discapacidades, reconvirtió su trabajo para asegurar que todos sus pacientes lleven adelante las sesiones.

“Desde el 26 de marzo me autorizaron a trabajar en las plataformas virtuales. Por Zoom, videollamadas, Meet. Nunca se dejó de trabajar”, afirma quien también es psicóloga clínica y está en actividad desde hace más de 35 años.

Recién en agosto, según cuenta, “el Colegio de Psicólogos nos autorizó volver a la presencialidad en casos muy puntuales”. Desde entonces, arrancó a trabajar con algunos adultos de esa manera, aunque no con los chicos porque los paros de colectivos y el miedo de algunos padres de ir a la clínica donde trabaja hicieron que varios prefirieran continuar con la virtualidad.

Después de nueve meses, Rosa asegura que no usaba ninguna de las herramientas que hoy son parte de su cotidianeidad, como las plataformas de videollamadas o el Google Classroom. Esa misma rutina, en tanto, sufrió modificaciones hasta que todos los participantes de la terapia pudieron adaptarse: “Hay casos en los que yo trabajaba semanalmente con un niño y ahora tienen que ser dos veces por semana. A algunos les cuesta concentrarse. Se tuvieron que ir adaptando el niño, la familia y mi trabajo. Todo se fue perfeccionando con el tiempo, pero al principio era difícil”.

La principal dificultad que se presentó, según cuenta la psicóloga, fue la de una buena conectividad por parte de algunos pacientes. Al punto de que algunos, al no contar con disponibilidad de WiFi en sus casas, tenían que acudir a otro lugar para poder conectarse y hacer la sesión de esa manera.

“Es muchísimo mejor presencialmente. Es otra situación, la predisposición del paciente para trabajar es otra”, manifiesta Rosa, y concluye: “Fueron una serie de situaciones que se resolvieron sobre la marcha. Las dificultades se presentaron para todos, en todos los rubros. Fue ir acostumbrándose y adaptándose”.

Grabar un disco por WeTransfer y Google Drive

La pandemia frenó y obligó a modificar muchos de los proyectos musicales que el cancionista rosarino José Ianniello (49) tenía pensados para 2020. En búsqueda de alguna salida y con la idea de mantener viva su amistad a distancia con el guitarrista Adrián Steinsleger, ambos ganaron un concurso iberoamericano con el que grabarán un disco a distancia: Adrián hará los arreglos en Cumbayá, cerca de Quito (Ecuador), y José agregará voz, mezcla y masterizaciones en Rosario.

“Una de las cosas que hicimos en esta época fue presentarnos en concursos, becas y todo lo que ande dando vueltas por ahí. Precisamente, ganamos el concurso ‘Ayuda al sector musical en modalidad virtual’, de Ibermúsicas, en el que dan subsidios a artistas de América Latina, España y Portugal”, cuenta José, con más de 30 años dedicados a la música y que, junto a Adrián, conforman el dúo Abasto Base.

El cancionista comenta que ya había un proyecto en marcha, que aprovecharon para presentar. Y si bien José tiene una actividad marcada en el rock, según contó, este disco grabado a la distancia viene de la mano de otro género: “Tengo un montón de tangos, milongas y valses criollos, y mi amigo Adrián es un guitarrista excelso, conoce muy bien el instrumento y arregla muy bien la música. Es de conservatorio y tiene muchos años de tocar tango en la calle”.

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Adrián Steinsleger y José Ianiello graban, a distancia, un disco entre Ecuador y Argentina.

Adrián Steinsleger y José Ianiello graban, a distancia, un disco entre Ecuador y Argentina.

José ya cuenta con experiencia previa en el cruzamiento de materiales a distancia, ya que asegura que “los que componemos, nos dedicamos a pensar proyectos a futuro y, con el tiempo, a compartir material vía computadora con otras personas”.

“Surgen bastantes cosas así. Mi hermano está en Madrid y con él, grabamos un par de temas, mandando archivos por mail, por Google Drive o WeTransfer”, cuenta, aunque asegura que “es una manera extraña de trabajar porque no hay esa cosa orgánica de ir modificando en el instante en el que lo vas haciendo”.

“Los que vivimos del rock tenemos que estar en la sala de ensayos y frente a frente con otro músico, en la instancia de arreglar la música, encontrar modificaciones o mejores arreglos para que la canción funcione. Sin todo eso, en el rock perdés la complicidad, el entendimiento con la mirada y la modificación instantánea”, detalla sobre la experiencia de hacer música en conjunto, pero sin presencialidad.

El principal problema que encuentra es esa falta de espontaneidad, que sí se manifiesta presencialmente y que se pierde entre pantallas: “Si trabajo a distancia, entre que yo propongo algo, la otra persona hace su versión de lo que yo propuse, eso vuelve, yo lo monto en una computadora y ahí recién ese arreglo está funcionando, hay un delay grande entre las cosas. Todas las producciones que se realizan de manera hogareña pierden algo, en el sentido de la dinámica, la calentura, el momento”.

Si bien afirma que la videollamada “no le gusta para nada”, no tiene inconvenientes en hablar por teléfono. “El video te condiciona un poco. Nos podemos mostrar algunas ideas, pero no tocar a la vez porque hay un delay que lo hace imposible”, dice.

Sobre la actividad, considera que la nueva normalidad será “complicada”: “Para el músico, antes de esto ya era difícil, con pocos lugares para tocar, pocos espacios que pagaran bien, los Estados municipal y provincial no convocando a la mayor parte de la población de músicos a las actividades, pagando con mucho retraso. Creo que todas esas cosas se van a acentuar”.

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