Muchos oficios fueron quedando en el olvido y hoy forman parte de un recuerdo nostálgico de otras épocas
Jueves 14 de Noviembre de 2024
Los tiempos cambiaron y muchos oficios que antes parecían indispensables en Rosario hoy ya no existen. Si bien parecieran formar parte de un pasado lejano, muchos existieron hasta hace pocos años y otros tantos perviven en la memoria de los rosarinos.
Unos de los oficios que algunos rosarinos recuerdan es el del lechero. Yendo un poco para atrás en el tiempo, en Rosario, durante las primeras décadas del siglo XX, y en plena zona céntrica, había decenas de tambos. La imagen de un hombre arreando una o dos vacas hoy resulta impensable, pero en aquel momento formaba parte de la escenografía cotidiana. Era costumbre tomar “leche al paso”, donde se ordeñaba al animal en el momento para tomar un vaso “al pie de la vaca”. Con el tiempo esta práctica fue erradicada dejándole el lugar a un personaje que todavía muchos recuerdan: el lechero.
El lechero, primero trasladado en un carro a tracción a sangre y después motorizado, era el encargado de dejar las botellas de vidrio con leche fresca en los distintos hogares.
En la década de 1930, pero sobre todo a partir de 1940, se levantaron fábricas locales encargadas de la producción de los bienes de consumo cotidianos. Entre ellas, se encontraba la industria láctea: La Cabaña, Upar y la Cooperativa de Tamberos de la Zona de Rosario (Cotar).
Son muchos los rosarinos que recuerdan, por ejemplo, las botellas de vidrio con la palabra Cotar en rojo, en las puertas de sus casas junto a frascos de yogur, también de vidrio.
Subí que te llevo
Otro personaje típico del siglo XX era el guarda del colectivo: aquel que cobraba y le daba el boleto a cada pasajero. "Listo, ¡atrás!", exclamaba el guarda avisándole al chofer que cerrara la puerta; todavía algunos rosarinos lo recuerdan.
Este oficio ya tenía un recorrido en la historia: antes estaba presente en los tranvías eléctricos que recorrieron la ciudad durante varios años. Así, un detalle distintivo de esos tiempos era el guarda con el rollo de los boletos colgando de la muñeca.
Muchos de los oficios que desaparecieron hoy serían impensables. La automatización de gran parte de la vida hizo que algunos trabajos desaparecieran. Entre ellos, el de ascensorista.
Cuando los ascensores no eran automáticos, las funciones del ascensorista eran totalmente imprescindibles, ya que no todos sabían usar un ascensor. Quien estaba a cargo debía abrir y cerrar las puertas interiores y la puerta de seguridad y pulsar los botones correspondientes a cada piso o accionar la palanca, una de las operaciones más delicadas. Esta herramienta hacía subir y bajar al aparato: se empujaba hacia adelante para bajar y hacia atrás para subir. De esta manera, debía alinear suavemente el suelo del ascensor con el del piso al que se dirigía. Era, sin duda, un trabajo manual. Una imagen tradicional era la del ascensorista sentado en la pequeña butaca de madera que salía de una del ascensor.
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En Rosario, hasta hace muy poco existían ascensoristas. Si bien ya casi todos son automáticos, por una cuestión de tradición o estética, edificios emblemáticos de la ciudad seguían teniendo este tipo de personal. En La Favorita (Córdoba y Sarmiento), en sus tiempos de Falabella, el ascensorista, vestido con uniforme verde, llevaba y traía a los cientos de rosarinos que se paseaban por el gran centro comercial. Este oficio también existía en el Palacio Minetti (Córdoba 1400) y en el Palacio de la Oportunidad (San Luis y Corrientes). Los pocos que permanecían desaparecieron tras la pandemia del Covid-19.
Trabajadores del entretenimiento
Otro clásico ya inexistente era el trabajo de los bomboneros en los cines. Es que la forma de ir a ver películas también cambió: antes era un evento social de gran importancia. Rosario llegó a tener 50 cines en su época dorada y algunos funcionaban con mesas para encontrarse, fumar, comer y beber.
En este sentido, una práctica ya olvidada era la de los intervalos en las películas. Allí los bomboneros, vendedores de todo tipo de golosinas, aprovechaban para entrar a la sala y ofrecer sus productos al público. También se encontraba el acomodador, que si bien todavía existe en los teatros, su trabajo en los cines ya no es requerido.
Uno de los cines más emblemáticos fue el Echesortu, donde después abrió Space y finalmente un supermercado. Esta sala de barrio funcionó durante todo el siglo XX. Abrió sus puertas en 1909 proyectando cine mudo, estuvo un año cerrado en la década del 30 y después estuvo presente de manera interrumpida hasta 1982, fecha en la que cerró definitivamente. Allí estuvieron, durante todo ese tiempo, los bomboneros con sus bandejas y uniformes.
Finalmente, unos de los personajes más emblemáticos de Rosario fueron los fotógrafos minuteros, particularmente los que se encontraban en el parque Independencia. No hay rosarino que no tenga una fotografía tomada por algún miembro de la familia Tinnirello.
El primero de estos fotógrafos, Felipe, se instaló en Rosario en 1890. El último de esta familia que se dedicó a capturar la imagen de los rosarinos en sus momentos de ocio en el parque fue Raúl en 1990, cerrando un ciclo de cien años de oficio.
Hoy, cuando todos tienen al alcance de la mano una cámara y la fotografía se ha desvalorizado, esto parece impensado. Pero fue un oficio importante que incluso influenció la fisonomía del parque: a lo largo y lo ancho de aquel espacio verde se instalaron distintas casillas de revelado para tener las fotografías en el acto y para que la gente se las pudiera llevar inmediatamente. Solo una de esas cabinas queda en pie y se ubica en el Rosedal, como recordatorio de un pasado no tan lejano.