La ciudad

Testigos admiten que había fallas en el Café de la Flor

Un grupo que actuó durante una década en el bar donde murió electrocutado un músico, dijo que allí eran habituales los apagones.

Jueves 22 de Noviembre de 2018

Integrantes de un grupo que actuó durante diez años en el Café de la Flor (Mendoza 863), donde en octubre de 2015 falleció electrocutado el músico Adrián Rodríguez, aseguraron ayer que antes de esa muerte en el local se producían "apagones de luces" en plena actuación, lo que obligaba a interrumpir los shows. Es más, uno admitió que solía "encintar" la llave del disyuntor porque "saltaba", pero que luego del accidente tomó conciencia de que esa maniobra representaba un riesgo.

Los testimonios se escucharon en la segunda jornada del juicio oral que se está realizando contra el inspector municipal Pablo Andrés Akerman, de 39 años, acusado de incumplir sus funciones durante los controles en el bar en abril de 2015, y donde el 12 de octubre del mismo año murió electrocutado el bajista de la banda de rock Raras Bestias.

El inspector atraviesa en libertad una acusación por incumplimiento de los deberes de funcionario público y falsedad ideológica (dos hechos), con un pedido de pena de tres años de prisión de ejecución condicional y diez de inhabilitación para ejercer cargos públicos.

La estrategia de la Fiscalía se centró en tratar de demostrar fallas en la continuidad del control de las irregularidades que detectó el imputado seis meses antes de la tragedia, las cuales hubiesen sido motivo de clausura. La defensa, en tanto, subrayó que el inspector se ajustó a las tareas asignadas, remarcó que las instalaciones eléctricas del lugar fueron modificadas con posterioridad a su intervención y solicitó su absolución.

Marcela Ruiz Alvarez, Magalí Drivet y Leila Esquivel, todas integrantes del grupo de improvisación teatral The Jumping Frijoles, que actuaba todos los sábados en el Café de la Flor, describieron el lugar y citaron que meses antes de la muerte de Rodríguez se producían "apagones de luces" que obligaban a interrumpir los shows.

Drivet, incluso, indicó que solía "encintar" una llave térmica del sector de sonido que operaba porque "saltaba", pero luego del accidente tomó conciencia de que esa maniobra representaba un riesgo. El abogado defensor de Akerman, Héctor Superti, les preguntó si recordaban que el 9 de agosto de 2015 se había producido una lluvia excepcional, lo que generó inconvenientes en el local, y que su dueño debió convocar a un electricista.

Las testigos desconocían esa situación. Superti les preguntó si estaban al tanto de que el disyuntor de electricidad el día de la muerte de Rodríguez estaba desconectado y quiso saber si ante las falencias que advertían en su paso por el local habían realizado denuncias, a lo que respondieron de modo negativo.

Los ex dueños

También declaró Paulo Galetti, ex dueño de bar junto a José Pablo Busso, y quienes vendieron el fondo de comercio a favor de Ariel Scharf (ver aparte) en junio de 2015, tres meses antes del accidente. Galetti aclaró que el rol que ocupaba estaba orientado a programar la agenda artística, y que su socio se encargaba de cuestiones administrativas.

Busso, en tanto, recordó que fue titular del Café de La Flor desde 2005 y hasta su venta. Y reconoció que fue él quien recibió al Akerman aquel 1º de abril de 2015 durante la cuestionada inspección. En esa instancia, mencionó que el agente revisó el tablero general (se debía reemplazar una tapa de madera por otra de acrílico), matafuegos, salidas de emergencia, un bafle al que le faltaba un soporte, luces de emergencia, detector de metales y las placas del cielo raso. Busso reconoció que el inspector corroboró que el disyuntor de energía estaba conectado y funcionaba correctamente.

Cuando la Fiscalía consultó si Akerman había regresado para certificar el cumplimiento los puntos que había solicitado subsanar, respondió: "No. Entre abril y julio, que se vendió el local, no recibimos otra inspección. Incluso, yo le había dicho al nuevo dueño que esa cuestión quedaba pendiente", subrayó.

A Busso le exhibieron fotos del tablero principal tomadas en octubre del 2015 luego del accidente. Tras observarlas, detectó que algunos cables y conectores no estaban como ellos los tenían instalados. "Hay cables cruzados de las térmicas inferiores. Las conexiones no estaban así", aseguró ante el requerimiento de los fiscales, que se esmeraron en demostrar que entre abril y octubre el local no volvió a ser inspeccionado.

También declararon Maximiliano Pachioni (encargado del Café de la Flor entre 2013 y agosto de 2015); Ramiro González, colaborador de la fiscal en la investigación del caso; Juan José Dubois, inspector que labró el acta de clausura del Café de la Flor tras la muerte de Rodríguez y, según la defensa, quien acompañó a Akerman el 1º de abril. En ese sentido, el juez negó a la defensa un pedido de careo entre Dubois y Busso para determinar esa situación.

Por último declaró Luciano Marelli, quien en abril de 2015 era titular la Dirección General de Inspecciones de Industria y Comercio de la Municipalidad de Rosario al momento del hecho. La defensa le exhibió el informe del 1º de abril que elaboró Akerman, lo reconoció y dijo que de acuerdo al contenido en ese momento "no había motivos para la clausura".

Tanto Marelli como Dubois fueron puestos en aprietos por la Fiscalía cuando fueron interrogados acerca de los protocolos de notificaciones que hace la Dirección de Inspecciones a los locales en los que se detecta que deben solucionar fallas o problemas que pudieran presentar.

A partir de las 8.30 de hoy están previstos los alegatos de clausura del debate, mientras que el lunes el juez Juan Andrés Donnola dará a conocer el veredicto.

La situación del dueño y del electricista

En la investigación por la muerte de Adrián Rodríguez, acusados de homicidio culposo y a la espera de un juicio, están Ariel Scharf, dueño del Café de La Flor al momento del accidente, y el electricista Fernando Campodónico, que realizó los últimos trabajos en el local. Para el titular del negocio, la Fiscalía solicitó cuatro años de prisión, y para el electricista 5 años de prisión efectiva y 10 de inhabilitación para cumplir con su actividad.

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