La ciudad

Tanto escasean las monedas que hasta el peaje a Victoria llega a costar la mitad

Taxis, quioscos, granjas y autoservicios, verdulerías y hasta peajes se las ven negras para dar el vuelto a los clientes, tanto o más desplumados de cambio que ellos.

Domingo 04 de Agosto de 2013

La situación no es nueva, pero se agudiza: cada vez faltan más monedas y para algunas actividades comerciales la escasez ya resulta alarmante. Taxis, quioscos, granjas y autoservicios, verdulerías y hasta peajes se las ven negras para dar el vuelto a los clientes, tanto o más desplumados de cambio que ellos. En el Banco Municipal, donde reconocen tener menos metálico disponible desde que se implementó la tarjeta recargable en el transporte, dicen que ofrecen todo lo que reciben. Aun así, en las cajas de los locales imploran por una moneda y, cuando no tienen qué dar, reemplazan la plata por caramelos, calditos y hasta fruta. En el peaje del puente a Victoria, donde la tarifa es de 9 pesos, directamente cobran 8 si tienen billetes de 2 para dar el vuelto de 10 y cuando ni eso les queda, la bajan a 5. En rigor, no hacen más que cumplir con la ley de redondeo (ver aparte), que aunque ya está desactualizada en cuanto a montos obliga a que, siempre que falte cambio, la diferencia sea a favor del consumidor.

   Las hipótesis sobre por qué escasea el cambio son muy diversas. Algunos lo atribuyen a la fundición ilícita del material con que están hechas la monedas y que, en el caso de las de baja denominación (por ejemplo, de 10 y 5 centavos) valen más como materia prima —cobre, níquel y aluminio— que como dinero.

   Otros sostienen que incluso al Estado fabricar monedas chicas le cuesta más que el valor de cambio de esas mismas monedas, lo mismo que ocurre con los billetes de dos pesos, cada vez más gastados y con menor reemplazo.

   Lucubraciones más populares atribuyen la escasez de cambio a que mucha gente ahorra juntando monedas o las encanuta para pagar el transporte o el parquímetro con cambio justo.

   Se deba a lo que se deba, el faltante se siente, y mucho. A las 9.30 de la mañana, por ejemplo, las dos cajeras de un supermercado céntrico Dar ya empiezan a quejarse. La gimnasia de “¿No tiene un peso así le devuelvo dos?” se alterna con la de pedirle al cliente que viene atrás en la caja que preste la moneda que hay que darle al de adelante. Una cadena sin fin.

   “Terrible, les imploramos a los clientes que nos den cambio y nosotros tratamos de buscar, pero nadie te da una moneda”, sostiene Marcos, el encargado de un autoservicio Unico céntrico, donde asegura que, ante la imposibilidad, “obvio” que redondean hacia abajo.

   Los que cotizan en alza por sus “tesoros” son los abrepuertas, que cambian las monedas que reciben por su actividad a los taxistas, quioscos e incluso particulares, cuenta Luis, uno de los jóvenes de la parada de Sarmiento y Córdoba. La escasez de monedas ya los empezó a beneficiar y, antes de desprenderse de monedas, cada vez más pasajeros prefieren darles un billete de dos pesos.

   El relato se repite en quioscos, aunque allí el vuelto en especie es —vale el juego de palabras— una “moneda corriente”. La especie por excelencia, como era de esperar, es el caramelo, que reemplaza a la monedas de 25 centavos o a las de 50. Sí, porque las de 10 no existen más”.

   Siguen los relatos sobre las estrategias para afrontar el déficit: en algunas dietéticas ofrecen como vuelto una fruta seca, en las verdulerías una fruta fresca o redondeo al peso, en los autoservicios cubitos de caldo, en las panaderías un pancito más.

   “Es un problema cotidiano que desde hace bastante tiempo enfrentan sobre todo granjitas o autoservicios de barrio, porque en los negocios mayores y las cadenas la gente apela a la opción de las tarjetas”, explica la gerenta de la Cámara de Supermercados y Autoservicios de Rosario, Verónica Solmi.

   La subgerenta general del Banco Municipal, Ana María Bonopaladino, reconoce que la propia entidad dispone hoy de muchas menos monedas que antes, lo que le impide satisfacer el reclamo de muchos clientes.

   Sin embargo, la directiva atribuye básicamente esa situación a la puesta en marcha de la tarjeta sin contacto en el transporte, que gracias a la recarga bajó ostensiblemente los viajes por cambio justo y, en consecuencia, les redujo la recepción de monedas.

   El colmo es lo que ocurre en el puente Victoria, donde el peaje cuesta 9 pesos y pocas veces tienen vuelto cuando los pasajeros les pagan con 10. La solución, como manda la ley, pasa por abaratar la tarifa: terminan cobrando 8 pesos cuando tienen los 2 restantes para dar y, si no, directamente se conforman con un billete de 5. En el trámite la “tarifa reducida” llega a poco más de la mitad de la normal.

   Tan grave es la situación que la concesionaria del peaje, Puentes del Litoral, está gestionado una solución directamente con el Banco Central de la República Argentina (BCRA).

   Y en lo que hace al estacionamiento medido, el problema se da con el método más popular y al que apela la mayoría, que es el que usa monedas en los parquímetros. Por suerte existen otras opciones: pagarlo a través de internet o el celular, usar la tarjeta chip o el parquímetro personal portátil.

Los bancos deben ofrecer el cambio

El titular de la Red Argentina de Consumidores, Christian Galindo, recordó que las leyes asisten a los ciudadanos de a pie. Por un lado, a través de la 26.179, también llamada “del redondeo”, que obliga a que la falta de vuelto en un negocio se dirima siempre a favor del comprador y no del comerciante. Por otro, gracias a una normativa del Banco Central de la República Argentina (BCRA), que obliga a las entidades crediticias a proveer monedas a quien las pida, sin necesidad de que sea cliente. De hecho, la vigencia de la normativa fue confirmada por el jefe de prensa del BCRA, Fernando Meaños, quien dejó en claro que la resolución A 5.122 (septiembre del 2010) ordena a los bancos porteños y bonaerenses a suministrar hasta 200 pesos en monedas “a requerimiento del público” y 100 pesos en el interior del país. El directivo del Central también informó que al 15 de julio pasado existían en circulación dentro del país 7.679,1 millones de monedas (de diferentes valores, ver infografía) y dijo desconocer por qué se registra un faltante en la calle. Sí arriesgó una hipótesis que diferencia la situación entre billetes y monedas: mientras los billetes se deterioran por ser de papel, las monedas rara vez se destruyen, Eso sí, especuló, a medida que van perdiendo valor (hoy basta pensar en las de 5 centavos), mucha gente las jubila y simplemente las va dejando en sus casas.

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