La ciudad

Taller de cuentos en el Museo

Alumnos de escuelas rosarinas recorrieron el Diario La Capital y a partir de lo que vieron idearon historias y redactaron cuentos en el taller de escritura creativa, dirigido por Héctor "Pepo" Foulques. Los chicos culminaron los relatos en cada colegio, acompañados de sus docentes.

Miércoles 17 de Octubre de 2018

El fantasma del canillita

Entramos al Diario y todo parecía normal, hasta que apareció una gran cabeza desmembrándose de la figura del canillita que se encuentra en el vitral. De repente, la cabeza comenzó a desvanecerse y un grito sacudió el lugar. El vidrio decorado empezó a moverse hasta que desapareció la figura del canillita. En la mesa de mármol, que se encuentra abajo, aparecieron grietas y desapareció la llave. Esa llave que inexplicablemente está tan custodiada y no corresponde a ninguna puerta. Después, de la nada, se abrieron los portones de la gran rotativa y se vio la sombra del canillita a la que se le cayó la cabeza.

Todas nosotras empezamos a gritar y salimos corriendo hacia el subsuelo del Museo, cuando llegamos encontramos las bobinas de papel antiguo. Esas bobinas que hace años no están en contacto con ningún ser viviente y que sin motivo aparente tenían cuatro palabras escritas: sangre, tiembla, sucio y azufre.

De repente sonó un teléfono que no vimos nunca y del que oímos una voy que decía: "Soy el canillita, ahora ustedes van a estar en mi lugar".

En un apagón sorpresivo, el canillita mató a todos excepto a uno, que fue el que lo liberó. A él lo encerró en el vitral, y la persona que lo libere se va a tener que poner en su lugar.

Celeste Giselle Ampuero, Camila Aylen Benevento, Nailen Ariadna, Meza Gauna, Julieta Agustina Ranni, Carmen Sapiña Peralta. 6 "B" Escuela Manuel Belgrano.


El fantasma del canillita

Entramos al Diario y todo parecía normal, hasta que apareció una gran cabeza desmembrándose de la figura del canillita que se encuentra en el vitral. De repente, la cabeza comenzó a desvanecerse y un grito sacudió el lugar. El vidrio decorado empezó a moverse hasta que desapareció la figura del canillita. En la mesa de mármol, que se encuentra abajo, aparecieron grietas y desapareció la llave. Esa llave que inexplicablemente está tan custodiada y no corresponde a ninguna puerta. Después, de la nada, se abrieron los portones de la gran rotativa y se vio la sombra del canillita a la que se le cayó la cabeza.

Todas nosotras empezamos a gritar y salimos corriendo hacia el subsuelo del Museo, cuando llegamos encontramos las bobinas de papel antiguo. Esas bobinas que hace años no están en contacto con ningún ser viviente y que sin motivo aparente tenían cuatro palabras escritas: sangre, tiembla, sucio y azufre.

De repente sonó un teléfono que no vimos nunca y del que oímos una voy que decía: "Soy el canillita, ahora ustedes van a estar en mi lugar".

En un apagón sorpresivo, el canillita mató a todos excepto a uno, que fue el que lo liberó. A él lo encerró en el vitral, y la persona que lo libere se va a tener que poner en su lugar.

Celeste Giselle Ampuero, Camila Aylen Benevento, Nailen Ariadna, Meza Gauna, Julieta Agustina Ranni, Carmen Sapiña Peralta. 6 "B" Escuela Manuel Belgrano.


El asesino del callejón

En una noche lluviosa Max iba caminando y escuchó un grito que venía del callejón. Al entrar vio un cadáver en el suelo y una persona con un cuchillo. Cuando la persona se dio vuelta, Max pudo ver su cara. Tenía las ropas rasgadas y su cara era deforme, con un ojo blanco y una cicatriz. El hombre armado escuchó a Max y empezó a correr hacia él.

Max, al ver que el hombre armado lo había detectado, comenzó a huir. Corrió unas cuadras hasta perderlo de vista, volvió a su casa y le informó a la policía de lo ocurrido. Cuando la policía revisó el área no encontró nada.

Esa noche, en un momento Max empezó a escuchar ruidos que venían de la puerta. Luego escuchó una madera romperse, miró por su ventana y vio que era el hombre de esa noche, solo que esta vez tenía un hacha.

El hombre entró y persiguió a Max hasta la cocina, él se tropezó y el hombre lo alcanzó. Max, para defenderse, agarró un gran cuchillo y lo clavó en el cuello del hombre. En ese momento llamó a la policía y les contó lo que había pasado.

Esa noche acabó la vida del asesino y no se volvió a hablar de él.

FIN

Alumnos de 6 grado "C" Escuela N. º 54 Manuel Belgrano.

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