"Coño, qué linda eres. Acércate más a la cámara y tócate". Iñigo se conecta a la
web casi todos los días y busca a Abril, una mujer de 43 años que él cree que vive en Barcelona.
Sin embargo, ella está en una habitación escondida en algún rincón de Rosario.
Cumple allí un turno de 8 horas con dos francos, como si fuera una oficinista.
Pero su tarea dista mucho de la que podría llevar a cabo, por ejemplo, la empleada de una prepaga.
Abril, se produce todos los días para la cámara a la espera de que los cibernautas porno empiecen a
interactuar y tengan sexo a la distancia (a miles de kilómetros pero con la cercanía de
internet).
“La modelo está frente a una cámara y una PC en un «estudio» donde
atiende clientes españoles en su mayoría”, dice Daniel a La Capital. Es el dueño de la
empresa (en la ciudad hay al menos dos) que actualmente ofrece cinco chicas para que presten este
servicio. “Soy un proveedor de la página www.quewebcams.com”, señala. El empresario
internacional necesitaba contar con un trabajo que le redituara dividendos y vio la oportunidad de
montar su propia productora. Comenzó a contactarse con su contratista hasta que quedó fijo. Al
ganar en euros pudo crecer, aunque siempre en el marco del anonimato. “Sólo mi mujer sabe
exactamente a lo que me dedico. Para el resto de la gente hago negocios con España”, dijo
Daniel.
Lo propio ocurre con Abril. Su entorno cree que trabaja en una clínica,
cuando en verdad es una stripper virtual. Diariamente se mete en el dormitorio desde el que se
exhibe. “Hago realidad la fantasía de los chicos que me eligen entre 60 mujeres que aparecen
en el portal", especifica. Acceder a ella demandará abonar (con tarjeta de crédito) alrededor de
1,50 euro el minuto.
Abril nació en Córdoba y se radicó en Rosario, donde tiene tres chicos que desconocen su
verdadero trabajo. "Lo mío es una especie de intercambio de ideas en el que vas creando lo que
sueña el que está del otro lado; a veces son mujeres", comenta antes de contar que, en el chat,
dice que es bisexual y que vive en Montjuic (Barcelona). Sus clientes le piden encontrarse
personalmente, pero ella nunca podrá. Dará todo tipo de excusas.
No hará lo mismo con los pedidos para posar ante la cámara. En la medida en que cumpla más,
estará mayor cantidad de tiempo en contacto y, por ende, ganará más dinero. Tiene a mano ropa
especial, maquillaje y juguetes para complacer a todo el mundo. Además, asegura que su piel "queda
mejor con los tonos azules" por eso los cortinados que la rodean son de ese color. Está convencida
de que el video la rejuvenece y la muestra más linda. "No se te nota la celulitis", añade Daniel,
preocupado por dejar en claro que su emprendimiento "no tiene nada que ver con la prostitución".
Este fenómeno ha generado que la red de chat se haya convertido en la búsqueda constante de
encuentros sexuales, donde es posible experimentar casi cualquier cosa que se venga a la mente. Más
aún, los consumidores a veces ingresan desde oficinas y hasta mientras sus esposas están muy cerca
de ellos. En esos casos, piden que la stripper les escriba para evitar que se oiga lo que les dice
mientras se mueve al compás de sus deseos.
Los más desprejuiciados también pueden mostrarse (se filman). En ese caso, los roles se
invertirán.
¿Dónde estás?
Abril les dice a quienes la admiran por internet que es una argentina radicada en España y
que vive allí, en el Viejo Continente. Ellos, desesperados por lo que la stripper es capaz de
mostrar en la web, quieren encontrarla personalmente. Y en virtud de los lugares que ella dice
frecuentar, salen a buscarla y hasta creen haberla visto. Imposible.