Pandemia

Solidaridad y amor propio, claves de la batalla al coronavirus en la comunidad qom

Personal de salud, docentes, coordinadores de comedores y merenderos y representantes de la comunidad qom integran un comité para ayudar a los vecinos del barrio ubicado en Rouillón y Maradona.

Martes 15 de Septiembre de 2020

Desde hace poco más de una semana, un comité de emergencia conformado por integrantes de centros de salud, docentes, coordinadores de comedores y merenderos y representantes de la comunidad qom de la zona de Rouillón y Maradona decidió poner en marcha una cruzada solidaria en barrio Toba para darle batalla al Covid-19, que en la ciudad ya sumó más de 5.900 contagios y 91 víctimas fatales desde que comenzó la pandemia.

"El coronavirus no hace distinción de género, etnia y estatus social, pero sí desnuda las necesidades preexistentes de aquellos barrios populosos más necesitados y postergados de la ciudad como el que habitan los integrantes de la comunidad qom". Así lo describen a La Capital y lo viven día a día Raquel Vera, directora de la escuela bilingüe Nº1333; Daniel Aguirre, médico generalista del Centro de Salud “Barrio Toba”; y Cristian Zeccari, kinesiólogo y coordinador del Centro de Salud “Libertad”.

“En muchos casos se hace difícil sostener el aislamiento porque la gente no tiene la posibilidad de salir a buscar su sustento diario, y es por eso que el objetivo de este comité de emergencia es tender una red entre vecinos para poder auxiliar a estas familias”, señala Vera a la hora de explicar el proyecto solidario que decidieron encabezar para dar una mano a los vecinos ante el brote de casos en el barrio.

La docente apunta que “al no haber internet en el barrio, los contactos son mínimos y por Whatsapp, por eso lo que hicimos es fortalecer la entrega de actividades y bolsones semanales de alimentos a cada familia, lo cual da mucha esperanza ver que la gente se pueda organizar”. Y agrega: “Sería importante seguir contando con la ayuda del estado y de otros barrios para que la gente pueda tener alimentos y elementos de higiene necesarios para aquellas familias que están aisladas por coronavirus”.

También pone énfasis en el trabajo “interinstitucional” que se hace en el barrio entre los centros de salud, las escuelas y otros centros estatales, pese a que aún no hay un número exacto de la cantidad de contagios. Por lo pronto, en las últimas 48 horas se contabilizaban alrededor de 30 familias bajo aislamiento preventivo por presentar síntomas.

Casos en estudio

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Daniel Aguirre es médico generalista e integrante del Centro de Salud “Barrio Toba”, quien, junto a un grupo de trabajo, asiste a entre cinco y diez personas por día con síntomas compatibles con el coronavirus. Es otro de los que, día a día, se junta en una ronda en el patio de la escuela para planear estrategias y poder ayudar a la comunidad.

Tenemos 30 casos confirmados pero como la notificación del laboratorio viene con varios días de atraso al tiempo que hay otros tantos vecinos que demoran en realizar la consulta. Por eso sospechamos que puede haber porque atendemos entre cinco y diez pacientes de la comunidad con síntomas compatibles con coronavirus”, comenta.

Mientras tanto, con la comisión que conformaron la semana pasada trabajan mancomunadamente para reunir alimentos, elementos de higiene y agua potable. “A eso se le sumó la implementación del Plan Detectar, que nos parece importante para dejar de correr de atrás a la enfermedad, ya que el coronavirus lo único que hace es desnudar las cuestiones estructurales que padece el barrio desde mucho tiempo atrás”, apunta.

La cruda realidad del barrio

Cristian Zaccari es kinesiólogo y coordinador del Centro de Salud “Libertad”. Explica que desde marzo que no había casos, dado la lejanía del barrio con el centro de Rosario. “No tener colectivo por paros hizo que mucha gente no puediera salir del barrio, ya que económicamente es insostenible pagar un taxi y la única línea de colectivos es el 110”, apunta.

Cuenta que, a medida que pasaron los días, mucha gente le fue perdiendo miedo al coronavirus y se las fue ingeniando como pudo para salir del barrio con la intención de encontrar un sustento económico. Entonces muchos optaron por ir caminando por Circunvalación hasta el centro para pedir algo de comida, mientras que otros se juntaban de a seis en auto y se iban bajando en cualquier punto de la ciudad para hacer chagas.

“Sin luz, sin gas natural, escasa presión de agua, falta de trabajo, condiciones muy precarias para vivir, sumado a la crisis alimentaria que atraviesa el barrio hace un combo letal para que el virus comienza a proliferar sin límites”, resume.

Una cuestión cultural

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Zaccari cuenta el trabajo de hormiga que tuvieron que realizar con todo el comité para que la comunidad entendiera que su cultura ahora se transformaba en un límite a la hora de abordar el complejo panorama del coronavirus, puesto que las costumbres de su cultura se tornaban contraproducentes a la hora de prevenir los contagios. Sin embargo, según indica, los planteos de los integrantes qom apuntaban a más a una situación económica grave, muy distante de lo que puede asimilarse al realismo mágico de Cien Años de Soledad.

“Los integrantes de la comunidad qom ven a la medicina blanca o tradicional como algo raro, ya que tienen su propio método curativo. Decirles que no tienen que compartir alimentos y bebidas y que no pueden ver a sus familiares es una falta de respeto muy grande hacia su cultura y hacia sus ancestros, puesto que la comunidad qom ha nacido compartiendo: desde un plato de comida, una danza, un ritmo musical, un mate o un techo donde dormir. Entonces, ir con un discurso en contra de sus creencias o formas de vida nos iba a llevar por un mal camino desde el punto de vista sanitario a la hora de establecer estrategias”, explica.

Es por eso que tanto desde los centros de salud Toba y Libertad, referentes de la comunidad, pastores, coordinadores de merenderos y comedores y las organizaciones barriales que están en el territorio decidieron formar un comité de crisis para exponer la nueva realidad que comenzaba a atravesar el barrio.

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“Les dijimos que teníamos una dificultad muy grande para poder llegar a la comunidad acerca de los cuidados que tenían que tener dentro del protocolo que indica el Ministerio de Salud de la Nación junto con las áreas sanitarias de provincia y municipio”, cuenta Zaccari.

Sin embargo, agrega que la devolución de los referentes fue inmediata: “Nos expusieron rápidamente los problemas que tenían para vivir día a día: si no salían de sus casas no tenían para comer y tenían que salir a cartonear, que a un familiar no se le niega el techo donde dormir o un plato de comida, que los chicos están afuera de sus casas porque es precaria y muy pequeña y que si no ven a sus abuelos pueden morir de tristeza o de abandono”.

Lo rescatable para Zaccari es que personal de Desarrollo Social del municipio estuvo repartiendo bolsones de comida a las familias afectadas por el covid-19, pero que esa ayuda debe sostenerse en el tiempo porque “el covid-19 no va a terminar en 15 días”.

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