La ciudad

"Si tuviera problemas de disciplina o de salud, no seguiría en la diócesis"

Tras su último tedéum, Mollaghan insistió con que "nunca se investigó al Arzobispado". Y dijo que, si puede, se quedará en Rosario.

Lunes 26 de Mayo de 2014

"Si tuviera un problema de salud o de disciplina, digamos así, no habría continuado seis meses al frente de la diócesis", aseguró ayer el desde hace días ex arzobispo de Rosario y actual "administrador apostólico", monseñor José Luis Mollaghan. La frase formó parte del diálogo que mantuvo con La Capital una vez que por las puertas de la catedral ya habían desfilado desde las máximas autoridades de gobierno local hasta el más ignoto de los fieles. En esa línea, el prelado insistió con que la comisión enviada por el Vaticano como "visita fraterna" en diciembre último jamás funcionó como intervención ni apuntó a investigar al arzobispado. Sí admitió que el escándalo con el manejo de los fondos de Cáritas que involucra judicialmente su ex titular, Osvaldo Bufarini, representó una "preocupación muy grande" que la propia Iglesia está ahora "solucionando para no perjudicar a más gente". Y, para graficar su apego por la ciudad, Mollaghan dijo que intentará ejercer su nuevo cargo desde "la patria" y, si puede, quedándose en Rosario.

La suerte de autodefensa del religioso operó como respuesta a las versiones que siempre adjudicaron la visita del obispo emérito de Mendoza, José María Arancibia, a una investigación encomendada por Roma para analizar de cerca quejas de laicos y sacerdotes por supuestos malos tratos de Mollaghan, también presuntos padecimientos psíquicos e irregularidades financieras.

—¿Qué es lo mejor y lo peor que se lleva de Rosario?

—Lo mejor que me llevo es la cercanía de una comunidad llena de fe. Pero también de quienes no pertenecen a nuestra fe he sentido siempre una acogida cordial, fraterna, respetuosa, como se vio recién en este acto, que es civil, pero con un clima de oración y la participación de otras confesiones que año a año fuimos incluyendo. Lo peor, siempre lo he dicho: la falta de inclusión que se ve en muchos barrios y zonas, de las que quisimos estar cerca, como Las Flores, los barrios Toba y muchos otros. Es una preocupación muy grande.

—¿Se siente traicionado por algún sector de la Iglesia local o de la feligresía?

—No, no, la feligresía estuvo siempre muy cerca. En estos días tuvimos reuniones de consejo y las vamos a seguir teniendo porque acá no va a haber un paréntesis, sino una continuidad. Usted vio recién el cariño de la gente.

—En ese sentido se va bien...

—Me voy bien, por supuesto. Porque en todo este tiempo siempre ha primado buscar el bien. Ahora me piden que ocupe este cargo y, como siempre dije, voy a tratar de quedarme en la patria y en Rosario si puedo. Porque la actividad que tenga en la (Congregación de la) Doctrina de la Fe, que ya existe y el trabajo también existe, lo que se están creando son los cargos de la comisión, quizás se puede hacer desde acá, vía internet o enviando carpetas. Es un trabajo de justicia a distancia.

—Aunque no me lo diga, ¿usted ya sabe quién es su sucesor?

—No, recién empiezan las consultas entre todos los obispos del país y después se hacen ternas, que más tarde se llevan a Roma.

—¿Puede demorar meses?

—No, no sé. Pueden ser una semana o meses. Pero lo que me da pena es la confrontación que producen los medios, el suyo también, con páginas y títulos que no condicen con la realidad. Es la verdad y se la digo fraternalmente: nunca se investigó al arzobispado, pero siempre insisten con ese relato. Lo pueden decir los sacerdotes, otro personal de la curia.

—¿No tuvo problemas por lo que pasó con Cáritas?

—Ha sido una preocupación grande. Pero en el arzobispado fuimos los que vimos el tema, lo seguimos y lo estamos solucionando para no perjudicar a más gente. Gracias a Dios, muchísimas de las deudas se han cubierto implementando todos los caminos para mantener una relación muy estrecha con los damnificados. Pero es un caso que ocurrió y no nos sorprendió, no nos lo vino a decir nadie desde afuera sino que desde aquí se vio la necesidad de reparación y se buscó la solución.

—¿No cree que el Vaticano decidió enviarle una suerte de intervención?

—No, lo dije desde diciembre: la diócesis nunca fue intervenida. Fui siempre muy abierto y explícito, pero hay como un relato que se quiere imponer. Lo digo con respeto: el periodismo tiene derecho a investigar, pero si yo tuviera un problema de salud o de disciplina, digamos así, no habría continuado seis meses al frente de la conducción de la diócesis.

—¿Entonces por qué se da su nombramiento, y por ende también su desplazamiento como arzobispo, después de la llegada a Rosario de la comisión que presidió Arancibia?

—¡Si eso fue en diciembre!

—¿Pero usted encuentra relación entre una cosa y otra o no?

—No, veo que de diciembre a ahora he seguido trabajando como siempre. Y el nuevo cargo me llega el 19 de mayo. Han visto que era algo necesario y que yo era idóneo para ejercerlo, porque es el mismo trabajo que hice en Buenos Aires, justamente también con el cardenal Bergoglio, el actual Papa. Pero no quiero defender más que lo que se ve. Voy a seguir en este lugar hasta que llegue la nueva persona. Quiere decir que no debe ser una cosa tan grave.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario