La ciudad

Se entregó Albertengo, un convicto prófugo y acusado de asesinar al policía Mansilla

Salió con permiso de la prisión en julio de 2015 y no volvió. Tiene 47 años y se entregó ayer. Para el fiscal que investiga el homicidio del uniformado, es el autor de los tiros fatales.

Sábado 12 de Marzo de 2016

Cuando los efectivos del Servicio Penitenciario apostados en la guardia de la cárcel de Zeballos y Riccheri vieron llegar la mañana de ayer a Ricardo Albertengo, un convicto de 47 años y con pedido de captura desde julio de 2015 por incumplir una salida transitoria, no se imaginaban que estaban frente a la persona que había matado al suboficial Mauro Matías Mansilla cuatro días antes y que en ese momento era buscado por la Policía de Investigaciones (PDI) a partir de pruebas recolectadas y mediante la realización de seis allanamientos. Fue él quien les dijo que iba a “ajustarse a derecho”.

   Sobre Albertengo pesaba una condena unificada de 37 años de cárcel dictada en 2010 por distintos delitos, entre ellos un homicidio de 1994 en un bar céntrico y una saga de asaltos a clínicas del macrocentro perpetrados entre agosto y octubre de 2009 mientras gozaba de salidas transitorias.

   “Albertengo se presentó en la Unidad 3 para ponerse a disposición de la jueza de Ejecución Penal, Luciana Prunotto. Nosotros lo teníamos identificado desde el miércoles por el relato de testigos y filmaciones y se tomaron medidas para establecer su paradero. Durante la madrugada se realizaron allanamientos, varios con resultados positivos porque se detectó el lugar donde vivía. Sabiendo que estaba cercado, finalmente se presentó”, explicó frente al portón de la cárcel el fiscal Ademar Bianchini, quien investiga el crimen del policía. “Tenemos la certeza de que él mató a Mansilla. No hay dudas al respecto”, agregó el fiscal.

   Respecto del crimen del uniformado, Bianchini aseguró que “claramente la intención de Albertengo era la de matar cuando fue sorprendido por el policía Mansilla”. E insinuó que al momento de imputarle la muerte del oficial, en una audiencia que se realizará la semana próxima, también lo acusará de homicidio críminis causa, el delito más grave del Código Penal. Es que para el funcionario judicial, Albertengo mató al oficial para asegurar y encubrir un ilícito previo, en este caso el robo que había cometido días antes en un negocio de Buenos Aires al 900 y cuyos dueños se lo cruzaron el martes cuando caminaba por Mitre y Rioja y empezaron a seguirlo.

El último crimen. Estas personas lo siguieron hasta Corrientes al 400, donde Mansilla cubría un servicio adicional en la proveeduría de la Asociación Empleados de Comercio, y dieron cuenta de la situación al suboficial. Por entonces Albertengo había ingresado al Centro de Estudios Sociales (CES) de Corrientes al 300, presuntamente con fines de robo. Entonces el policía entró a esa institución con el propósito de detenerlo y se cruzó con una empleada que bajaba asustada.

   Cuando Mansilla subía la escalera del CES y estaba en un primer descanso de la misma se escucharon tres disparos. Al menos dos de esos tiros le dieron en la cabeza. El ladrón le robó el arma reglamentaria y huyó, mientras que el policía fue trasladado al Heca, donde falleció.

   Para media mañana de ayer, la pregunta que dominaba a la opinión pública era cómo podía ser que un convicto condenado a 37 años de cárcel en 2010 estuviera en la calle. Entonces la pelota quedó del lado de la jueza de Ejecución Penal Luciana Prunotto, encargada de garantizar el cumplimiento de los derechos y obligaciones de los condenados.

   En ese sentido, se supo que la jueza le otorgó salidas transitorias a Albertengo acompañado por tres efectivos del Servicio Penitenciario el 11 de mayo de 2015. Y que luego extendió ese beneficio a partir del 29 de junio para salir con un tercero responsable que, en ese caso, era su pareja. El 8 de julio Albertengo no regresó a la cárcel y fue entonces que Prunotto dictó una orden de detención al considerarlo prófugo.

   Albertengo había caído preso por última vez cuando, fingiendo ser paciente, asaltó con una pistola calibre 9 milímetros la clínica A&E, de Oroño 721. Ese fue su séptimo robo en un mes y medio a clínicas, según él mismo confesó en el marco de un juicio abreviado al que se atuvo un año más tarde.

   Es que en julio de 2010 la defensora oficial Estrella Galán y el fiscal Eduardo Valdés Tietjen acordaron firmar un juicio abreviado por 17 años de cárcel que fue convalidado por la Justicia. En una unificación de condena, a esa pena le sumaron los 20 años de cárcel que arrastraba por delitos que tuvieron su momento culminante el 2 de abril de 1994 cuando Albertengo, quien había robado una verdulería de 3 de Febrero al 900 junto a un cómplice, ingresó a un bar de 9 de Julio y Sarmiento para escapar de la policía.

   Allí tomó como rehén a una de las mozas y el estudiante rafaelino Alejandro Debortoni, de 25 años y parroquiano del bar, intentó calmarlo cuando distinguió que tenía una pistola calibre 9 milímetros. Albertengo le respondió con un tiro que le perforó la aorta y lo mató. El delincuente cumplió parcialmente sus condenas desde 1994, fecha en la que se comenzaron a computar sus días en prisión para determinar en qué momento podía acceder al beneficio de las salidas transitorias que lo llevaron a la calle el año pasado y que incumplió para no volver a prisión, lo que permitió que cometiera un nuevo crimen.

Producción periodística Leo Graciarena, Claudio Berón y Sergio M. Naymark / La Capital

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