Martes 16 de Noviembre de 2021
Se cumplieron 15 años este lunes de un episodio que marcó a fuego a Rosario. El 15 de noviembre de 2006 una pedrada sin precedentes puso a la ciudad al borde del colapso. Esa tarde de primavera hubo un muerto, centenares de heridos, 300 evacuados, el servicio de transporte se vio afectado y al día siguiente se suspendieron las clases.
Lo que asomaba como una clásica tarde primaveral se transformó en un escenario escalofriante, dramático. Pasadas las 17 el cielo se puso negro y, después de unos minutos de incertidumbre, se desató el temporal.
Al principio pareció una tormenta más, pero no, de pronto, cayó una granizada que arrasó con todo lo que encontró a su paso. Los ventanales de los edificios estallaron, cayeron antenas de telefonía, las chapas de los autos y los parabrisas también se rindieron a la fuerza de la pedrada. Lo que era seguro dejó de serlo.
A poco de desatada la tormenta, una mujer de 87 años fue atropellada por un auto que se dio a la fuga y que trataba de escapar del temporal. El hecho se produjo en la esquina de Buenos Aires y La Paz y se transformó en el caso fatal de la tarde como resultado de todo el fenómeno climático. Dora Cabral, oriunda de Santa Fe, falleció más tarde en la guardia del Hospital de Emergencias Clemente Alvarez (Heca).
Los barrios humildes, sobre todo los ubicados en la zona oeste, fueron los más castigados, pero no hay un rosarino que de un modo u otro no haya sido afectado por la furia de la tormenta.
La ciudad se sumergió en estado de emergencia. Unos 40 mil usuarios de la Empresa Provincial de la Energía (EPE) quedaron sin luz. Los cientos de árboles y ramas caídas ocasionaron la interrupción del servicio telefónico fijo en diversos sectores, al igual que la telefonía celular.
Las autoridades municipales estimaron que el 70 por ciento de la ciudad se vio afectada por el fenómeno y hubo que evacuar a 300 vecinos. Cinco ambulancias quedaron inutilizadas por las pedradas, al igual que colectivos y patrulleros.
El día se hizo noche y la naturaleza descargó toda su furia. Fueron diez minutos de cascotes de hielo que cayeron y destrozaron lo que tenían a su paso. Pelotas de hielo de hasta diez centímetros se precipitaron contra el piso destruyendo todo lo que encontraron a su paso.
Esa tarde el 25 por ciento de los colectivos locales (había 640) sufrieron roturas en el parabrisas, por lo que al día siguiente el servicio se vio afectado. También sufrieron roturas Idéntica los trolebuses, gran parte de la flota de los remises, y una importante cantidad de patrulleros
Además, la piedra también afectó al alumbrado público. El 50 por ciento de las luminarias quedó fuera de servicio.