La ciudad

Se capacitaron en costura y ya producen sábanas para los hospitales

Trabajan en un taller textil del barrio La Cerámica, que se convirtió en la salida laboral para las jóvenes de menos de 30 años.

Miércoles 19 de Septiembre de 2018

"Está bueno que nos conozcan, para que la gente sepa que los jóvenes podemos salir adelante", dice Yamila mientras se acomoda el pelo para la foto que ilustra esta nota. Tiene 23 años y una sonrisa que ensaya más grande aún frente a la cámara. Yamila es una de las 20 jóvenes del barrio La Cerámica que integran Medetex, un taller textil que hace cinco años no hubieran podido ni soñar. Y ahora se preparan para dar el gran salto: proveer de sábanas a los hospitales públicos del municipio y a sanatorios de la red privada.


La historia que cuentan Yamila y sus compañeras es una de esas donde las políticas públicas, desarrolladas en forma sostenida y constante, sirven de cuña para transformar realidades. La mayoría de las jóvenes nacieron en La Cerámica, uno de los tantos barrios rosarinos donde la vida suele presentarse dura. Muchas llevaban ya años buscando un empleo estable y, las que lo tenían, lo habían perdido en los últimos meses.

"La situación económica esta muy dura, sobre todo si sos joven y sos madre", señala Micaela, 25 años, sentada detrás de una de las máquinas de coser que todas las mañanas, en turnos de 8 a 12 y de 12 a 16, llenan de ruido el taller montado en Medrano al 2700, una cuadra de viviendas sociales construidas hace unos 20 años.

A Ludmila, de 18 años, participar en el taller le permite terminar la secundaria en el turno noche. Y a Daiana le da la posibilidad de ir a trabajar acompañada por su hija de dos años, cuando no encuentra otra persona que pueda cuidarla.

Para Yamila, de 18 años, es importante que el taller esté cerca de su casa. "Por acá, salir a trabajar temprano a veces da miedo, porque mientras esperás el colectivo te roban", explica.

La historia

Si en el buscador de Google se escribe el nombre de barrio La Cerámica rápidamente devuelve noticias relacionadas con abuso de armas de fuego y narcomenudeo. En el corazón de ese barrio del norte rosarino —crecido alrededor de la fábrica Cerámica Alberdi— Yamila, Micaela, Ludmila y Nerina crearon Medetex.

La posibilidad de asociarse y poner en marcha un taller textil llegó después de participar de varios cursos de oficios del programa Nueva Oportunidad, una propuesta de capacitación que municipio y provincia desarrollan para jóvenes que no estudian ni trabajan.

Y, una vez que aprendieron a lidiar con rollos de tela, bobinas de hilo y remalladoras, a través de otra propuesta que busca acercar a los jóvenes al ámbito laboral (el Nexo Oportunidad) desarrollaron y equiparon el taller que ayer les permitió cobrar su primer sueldo de $ 5 mil.

"Ni agarrar una aguja"

Daiana recuerda que cuando empezaron los cursos de capacitación no sabían "ni agarrar una aguja" y hasta algunas le tenían miedo a la máquina, "quizás por el ruido que hace", dice.

Sin embargo, ahora, no sólo se definen como expertas costureras sino que además cada una, "de acuerdo a sus personalidades y su capacidad", ocupa un rol diferente dentro del taller. A las más extrovertidas se les encomendó la venta, otras son buenas con los números y se encargan de la administración y los planes de negocios, a otras les va mejor la comunicación y la publicidad.

La primera tarea que encararon fue diseñar y fabricar los propios delantales color turquesa que usan todos los días para trabajar. Después comenzaron a trabajar en las camisetas para los equipos de fútbol del barrio que los fines de semana se juntan en la canchita de Anchoris y Vieytes.

Y hace una semana les llegó lo que consideran "la gran oportunidad": confeccionar las sábanas para los médicos y los pacientes del Hospital Carrasco. Unos 300 juegos de sábanas que deberán realizar en un mes.

Mientras tanto, se preparan para presentar una propuesta en otras instituciones de salud de la ciudad.

El trabajo, afirman, no sólo les permitió ordenar su rutina diaria, sino además conocer capacidades en ellas mismas y en los otros, que no creían tener.

"Antes de empezar con esto, la mayoría nos conocíamos del barrio, pero no teníamos mucha relación. Con algunas no nos decíamos ni hola. Pero ahora, entre la costura, compartimos nuestras historias. Nos ayudamos y hasta nos extrañamos los fines de semana", dice Micaela y sus compañeras asienten.

Yamila destaca "la responsabilidad y el compañerismo" del grupo y maraca que el trabajo les deparó buenas sorpresas. "Vernos hablando con la contadora del hospital para presentarle el proyecto fue realmente increíble, nunca pensamos que lo podíamos hacer tan bien", remarca.

Otras agradecen el apoyo de Estefanía, de Emilse o de Victoria, capacitadoras y acompañantes del proyecto. O cuentan la odisea que tienen que pasar para que los proveedores les mantengan los precios del lienzo de algodón que, en sólo una hora, subió de 99 a 110 pesos el metro. Y, entre tanto entusiasmo, dejan claro una cosa, estas son apenas las primeras puntadas del proyecto.


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