Rosario tiene doce miembros en la Academia Nacional de Medicina, que cumple 200 años
Son profesionales de distintas especialidades que fueron elegidos por su trayectoria y aportes a la enseñanza de esta ciencia. Cómo trabaja actualmente la entidad bicentenaria de la que surgieron tres premios Nobel

Domingo 10 de Abril de 2022

La Academia Nacional de Medicina, creada el 9 de abril de 1822 por Bernardino Rivadavia celebra 200 años de historia, lo que representa una buena oportunidad para repasar los hitos de la institución que tiene entre sus miembros actuales a doce médicos rosarinos.

La entidad, que continúa sus actividades en su icónica sede de avenida Las Heras al 3000, en Ciudad de Buenos Aires, fue la primera en Latinoamérica y una de las pioneras a nivel mundial.

De allí surgieron tres premios Nobel: Bernardo Houssay, Luis Leloir y César Milstein.

Su peso en la historia de la medicina del país es indudable y así lo reflejan las huellas que dejaron muchos de sus integrantes a lo largo de dos siglos.

Treinta y cinco académicos titulares (residentes de Buenos Aires) ocupan los sitiales de destacados médicos que los ocuparon en el pasado. Integran también la institución académicos correspondientes de todo el país, entre ellos los rosarinos Emir Alvarez Gardiol, Alberto Muniagurria, Roberto Tozzini, Julio Ariel Sánchez, Rafael Pineda, Hugo Tanno, Alcides Greca, José Luis Ameriso, Roberto Lisandro Villavicencio, Carlos Lovesio, Juan Carlos Figueroa Casas y Oscar Bottasso.

La Academia de Medicina tiene una actividad constante y dinámica y en sus instalaciones funcionan tres institutos.

Las reuniones, que se transformaron en virtuales desde la pandemia de Covid, y de las que participan todos sus integrantes, buscan mantener activo el espíritu de la prestigiosa entidad: “Estudiar y dilucidar las cuestiones relacionadas con la medicina y ciencias conectas y fomentar la investigación clínica”, según explicó a La Capital Hugo Tanno.

En una charla que mantuvo este diario con varios de los miembros actuales de la institución, surgieron los nombres de los primeros rosarinos en formar parte de la Academia, entidad a la que hasta el día de hoy se accede a través de un riguroso protocolo en el que se analiza la trayectoria académica del postulante y sus aportes a las ciencias médicas.

Entre aquellos primeros integrantes figura Clemente Álvarez (miembro correspondiente en 1932 y miembro honorario en 1937 cuando la Academia era presidida por Bernardo Houssay).

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Álvarez fue el creador de la Liga Argentina contra la Tuberculosis (por su enorme experiencia adquirida en parte en su formación en Europa) e instaló el primer dispensario para esos enfermos en 1903. Fue uno de los fundadores de la Facultad de Medicina de Rosario, del Círculo Médico, director del entonces Hospital de Rosario (actualmente el Heca) donde trabajó 50 años formando a cientos de profesionales de la ciudad y autor de numerosos libros que se consultan hasta hoy.

El doctor José Benjamín Ábalos, nacido en 1882, fue otro de los primeros miembros residentes en Rosario que formó parte de la institución. Dejó en la ciudad una obra sanitaria de enorme valor.

"Fue un eximio cirujano que hizo el primer intento de reimplante de un miembro superior, en la ciudad. Ejerció en distintos hospitales y sanatorios y desarrolló el suyo propio, el Palace Sanatorio, donde hoy funciona el ICR", comentó el doctor Roberto Lisandro Villavicencio.

Disciplina, rigor y arte

Hugo Tanno, médico gastroenterólogo, director de la carrera de Gastroenterología de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), formador de varias generaciones de especialistas está entre los miembros de la Academia que ingresaron siendo aún jóvenes, ya que el recorrido profesional es relevante para ser miembro de la entidad, algo que por lo general se alcanza más allá de los 60 años.

El respaldo de sus publicaciones en prestigiosas revistas científicas y sus aportes a la enseñanza de la medicina permitieron el ingreso de este médico a los 53 años, en 1996.

Tanno habló con este medio sobre este aniversario trascendental de la Academia Nacional de Medicina. Se refirió al pasado pero sobre todo al presente y el futuro de la formación profesional, al estudio de los médicos, al aprendizaje continuo, al contacto e intercambio entre las distintas generaciones, a la vez que destacó el valor de la investigación y la divulgación.

El profesional recordó que un decreto del entonces gobernador de Buenos Aires, refrendado por Rivadavia, que era ministro de gobierno, permitió la creación de la Academia que en rigor empezó a sesionar el 18 de abril de 1822.

En el acto inaugural se se incorporó a Rivadavia con el título de “Protector y presidente perpetuo de la Academia”.

“Fue desde entonces una institución representativa de la ciencia médica en nuestro país, de la importancia de nuestras universidades. Una entidad que se formó para alentar la enseñanza de la medicina y darle un marco institucional con miembros que tuvieran experiencia y prestigio y sobre todo la sabiduría de saber transmitir y compartir sus conocimientos”, mencionó Tanno y agregó: “Si bien ahora el acceso es diferente desde la llegada de internet, la biblioteca de la Academia fue de una importancia sustancial para muchos profesionales de todo el país e incluso del extranjero”.

“Quizá hay quien puede pensar que se trata de un espacio rígido o que no hace aportes en la actualidad, pero es todo lo contrario, está viva y fomenta la docencia y la investigación de manera cotidiana. De hecho, existen en ese edificio tres institutos, uno de investigaciones hematológicas, otro de medicina experimental (que fue una iniciativa de Conicet) y un tercer instituto de investigaciones epidemiológicas, que tienen funciones permanentes”, describió Tanno.

“En la última reunión del 22 de marzo, que se hizo en forma virtual y en contacto con la academia española, el tema central fue la erradicación de la hepatitis C en el mundo, donde Argentina presentó datos muy importantes”, ejemplificó el médico.

Respecto al valor de integrar este espacio, Tanno dijo: “Sin dudas hay médicos que merecen estar y no son parte, pero estoy convencido de que quienes están merecen ese lugar“.

Al respecto dijo que “para ingresar los antecedentes profesionales deben ser incuestionables, pero además, es necesario demostrar todo lo que uno ha investigado, publicado. La evaluación es muy rigurosa y me parece importante que la población de Rosario conozca que quienes son parte de la Academia son formadores de generaciones de profesionales y que siguen muy activos en el campo de la enseñanza, desde distintos lugares”.

Tanno comentó: “No dudo que quienes la integran, como tantos que aman la medicina, elegirían caminar el mismo camino que recorrieron en décadas y décadas de profesión. La docencia es la alegría de compartir, es tener el privilegio de intercambiar experiencias con los jóvenes y nunca dejar de aprender. Por eso mi mensaje en este bicentenario de la Academia es simple y a la vez profundo: amar lo que se hace y nunca dejar de hacer lo que nos gusta”.