La ciudad

Rosario Suárez, la lectora más fiel que desde hace 75 años sigue La Capital

Tiene 98 años y desde hace más de 75 no dejó de leer el diario ni un sólo día: "De soltera salía a comprear el diario a 5 centavos pasada las 12 de la noche", recuerda orgullosa.

Jueves 15 de Noviembre de 2012

Ella no lo admite, pero es coqueta. Es rubia y tiene ojos claros, profundos. Por su vida ha pasado el dolor pero eligió seguir caminando con la frente erguida a pesar de todo. Hoy, a los 98 años, doña Rosario Suárez quizás sea una de las lectoras más longevas de La Capital, al que empezó a frecuentar con mayor asiduidad desde los 21, cuando contrajo enlace con el asturiano Ramón Fernández Fernández. Hoy también dice que desde aquel 1935 no dejó un solo día de leer el diario.

Rosario nació el 20 de mayo de 1914, aunque en su documento figura anotada el 30 de ese mes. Tuvo dos hijas que partieron muy jóvenes, a los 36 y 47 años. Se llamaban Dora Esther y Elsa Emilia. Hubo seis nietos y hoy hay 12 bisnietos. "Tengo una familia hermosa pero lo que lamento es que faltan las madres", cuenta como recordándole al destino la mala pasada que le jugó.

"Mi relación con el diario empezó cuando me casé. De soltera comprábamos LaCapital a 5 centavos pasadas las 12, que ya se llevaban los diarios de vuelta y estaban más baratos. Eso era en barrio Refinería, en calle Falucho. El diariero vivía enfrente de mi casa con su mamá", recuerda sobre sus primeros contactos con el Decano.
 
Asegura que al principio lo hojeaba poco. "Era muy grande, tamaño sábana. En 1935 me casé y ahí empecé a leerlo a diario. Quizás un poco porque mi marido, que era medio comunista, era un asiduo lector", asegura mientras dos de sus nietas, Marcela y Gabriela, escuchan atentamente.
 
—¿Qué le gustaba?
—Siempre empezaba por leer los muertos (sic). No sé si era o es una costumbre de los rosarinos empezar por esa página, pero mi esposo nunca me decía nada. Una de mis hermanas hacía lo mismo, y el marido le decía que de tanto leer la hoja de los fúnebres un día se iba a encontrar ella. No leía todo el diario, me interesaba mucho la sección policiales pero miraba toda aquella noticia que me llamara la atención, igual que ahora. También miro mucho la sección Espectáculos. Hay algunas veces en que recién a la noche la puedo hojear y me quiero morir porque me quedo mosca.
 
Los recuerdos se entremezclan y algunos hasta desaparecieron, pero el diario fue el compañero inseparable que nunca la dejó sola. "No dejé de leer el diario un solo día de mi vida. Me muero si no tengo La Capital, es como una droga. Y con el paso de los años fui notando los cambios que experimentaba el diario. Hasta que un día me apareció con páginas a color y más chico", evoca.
 
Desde su inocencia, tiene licencia para contar cómo con las páginas del diario elaboraba bolsas para envolver la basura: "Cuando tenía el otro tamaño (sábana) agarrábamos varias hojas, las cosíamos a máquina y armábamos bolsas", explica como si se tratara de una tarea artesanal.
 
 “No me acuerdo muy bien de cuándo las noticias arrancaban en la portada y continuaban en el interior. Yo miraba un título, si me atrapaba lo leía. Y no me detenía en las páginas de política. A veces le preguntaba a mi marido quién era tal o cual personaje y él me explicaba. El era más lector que yo, era muy rebelde”, cuenta sobre Ramón, quien llegó a la Argentina escapando de la Guerra Civil Española.
 
“Tenía en España cinco primos y un día mandó a preguntar cómo habían muerto. Le contestaron que el mismo día, a la misma hora y en el mismo lugar. Los habían fusilado a todos. Para salir de España tuvo que cambiarse la edad. Acá yo me enteré que en realidad era más grande de lo que me había dicho”, recuerda con una tenue sonrisa y un dejo de nostalgia.
 
Es categórica cuando afirma que el diario la mantiene actualizada y que siempre leyó sólo   La Capital. “En una época leía Crónica, pero era vespertino. Tampoco fui de escuchar radio o ver mucha televisión...”, explica sobre su lealtad.
 
—¿Qué cree que significa La Capital para la ciudad?
—A mí me da la impresión de que es algo grande, es algo muy bueno para Rosario. Porque uno dice “mirá La Capital, ¿viste La Capital?, lo leí en LaCapital”. Es un pedazo de la historia de la ciudad.
 
Entre tanta charla surgió una pregunta casi de manual y doña Rosario recurrió a la memoria “prestada” de sus nietas: “¿Ustedes se acuerdan de alguna noticia que me haya impactado y que yo les haya contado? Yo me alegré cuando volvió la democracia (en 1983) porque lo había votado a Alfonsín. Y también cuando se fue De la Rúa del gobierno. Me acuerdo que dije «pobre, cómo lo sacan...»”. “También me impactó mucho el accidente de esa familia (los Barletta, ocurrido en julio pasado en San Jerónimo, donde falleció un matrimonio y tres de sus cuatro hijos). Pienso mucho en esa criatura”, acota refiriéndose a Federica, de 14 años, única sobreviviente.
 
Haciendo matemática de apuro, entre el cronista y las nietas estiman que Rosario ha leído más de 20 mil ejemplares de La Capital a lo largo de su vida. “Incluso cuando me iba de vacaciones a la vuelta repasaba todos los que habían quedado amontonados detrás de la puerta. Y nunca lo leí por computadora ni lo pienso hacer...” y suelta su enésima carcajada.
 
El recuerdo de Ramón. Se entusiasma cuando se le propone organizar una movida para que sea reconocida por el diario cuando cumpla 100 años. “¡Ah!, no lo había pensado...”, ríe y cambia su expresión para asegurar: “El diario es parte de mi vida, no lo podría dejar nunca...”. Y su beso de despedida vuelve a saber a entrañable cariño de abuela. 
 
Rosario y su esposo, Ramón, fueron propietarios del hotel Central. El alojamiento estaba ubicado en Mendoza, entre Sarmiento y San Martín, y fue demolido en 1979 para permitir la construcción de una playa de estacionamiento.
 
Cuando el tren bala no salió
El domingo 7 de octubre de 1984 la 5ª sección del diario (en tamaño tabloide) publicó un titular que decía: "Hoy se inaugura el tren bala que une Rosario con Retiro". Formaba parte de una especie de suplemento llamado "Rosario en el año 2000" y explicaba que el moderno medio de transporte iba a unir ambas ciudades en poco más de 2 horas, a una velocidad de 400 kilómetros por hora. Para Rosario, fue uno de los momentos más graciosos pero a la vez incómodos de su vida: "Yo estaba con una prima, Nikita, que era de Santa Fe y estaba viajando a Buenos Aires. Entonces le dije que se quedara y viajara al día siguiente, total se inauguraba el servicio del tren bala. Ambas fuimos a Rosario Norte y cuando llegamos a la ventanilla le pregunté al empleado: «Perdón señor, ¿mañana sale el tren bala?» El hombre me dijo «la verdad, señora, no estoy enterado de nada». Dimos media vuelta y nos fuimos decepcionadas. Hasta que nos enteramos cómo había sido todo... ¡Qué vergüenza, qué habrá pensado ese hombre!", afirma.
 
La leyenda de Rosario
Cuando el cronista le comenta que hay una canción de Rafael Ielpi, La leyenda de Rosario, que popularizó Enrique Llopis y donde en una de sus estrofas dice "...ciudad con un sólo vicio, el diario La Capital...", doña Rosario no duda en decir: "No creo que LaCapital sea un vicio, me parece que es una sana costumbre" y exclama: "¡¡O más vicio!!".
 
Mensajería al instante
Marcela, una de sus seis nietas, dice que su abuela "actúa como un servicio de mensajería a través de leer el diario. No sólo te comenta quién murió, sino te avisa, por ejemplo, que Madonna viene a cantar a la Argentina, o que hubo un recital de tal o cual artista, o que hubo un accidente grande. El otro día me llamó y lo primero que escuché de ella fue: "¿Te dije que desvalijaron la casa de (Javier, el volante de la selección) Mascherano en San Lorenzo?".

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