La ciudad

Rosario se convirtió en una opción para los que viajan con mochilas

Domingo 13 de Enero de 2008

“Quedarme en Rosario no fue mi plan. Cuando llegué aquí fue por mi ruta. Mi plan fue ir a Salta y a Gualeguaychú, y después cruzar a visitar. Yo dije: ok, voy a quedar aquí dos o tres semanas, una ciudad grande, tal vez para tomar lecciones de castellano. Pero cuando encontrar este hostel, fue mucho estudiantes aquí, mucho vida, y cada fin de semana dije: ok, este lunes me voy. Después, el domingo salimos por la noche y yo siempre ok, la semana próxima voy viajar, mañana no. Y esto continuó meses y meses y meses…”.
El castellano que habla Michael es escabroso, pero elocuente. Es australiano, tiene 46 años, y en octubre de 2005 llegó a la Argentina con el plan de hacer un viaje de seis meses cada año: “Verano en Europa y verano aquí”. Pero en medio de su viaje conoció Rosario, encontró su lugar, y se quedó hasta abril de 2007. Cuando regresó a su país, cuenta, no duró mucho. “Después de tres meses dije ok, yo prefiero para vivir más meses en Rosario y Argentina, y entonces voy volver una vez más”, explica ahora, en la sala de estar de Rosario Hostel (Urquiza casi Dorrego), donde prácticamente vive actualmente. Su historia no es común, pero ya no es única.
Desde que se abrió oficialmente el primer hostel en Rosario, La Casona de Don Jaime, en diciembre de 2004, la llegada de mochileros (en su mayoría de Europa, Australia, Israel, Estados Unidos, Canadá, Brasil y también de Argentina) ha crecido en forma permanente, aseguran los que se dedican a este sector: turistas generalmente jóvenes que buscan hacer mucho y gastar poco, conocer otra gente y experimentar “cosas”.
Ya en la primera quincena de 2007, según las estadísticas parciales del Ente Turístico Rosario (Etur), la cantidad de visitantes extranjeros había superado en un 23 % a la misma quincena del año anterior. Y en lo que va de 2008, “si bien todavía no terminó la primera quincena, si comparamos con los primeros 10 días de 2007 hay un mayor crecimiento”, sostuvo Adriana Giromini, directora técnica del Etur.
En apenas tres años, la ciudad pasó a tener 16 hostels registrados, con una capacidad total para dar alojamiento a bajo costo a más de 400 personas. Y en las calles empezaron a verse con mayor frecuencia los jóvenes “gringos”, con la piel blanca colorada por el sol, absortos en sus mapas o en rincones de la ciudad a los que están acostumbrados quienes la habitan todos los días.

Llegar. “El laburo crece. Crece el boca a boca, y aumenta la gente que viene de afuera. Vienen como encantados, por referencias de otros”, explica Nicolás, en la recepción de La Casona de Don Jaime, en Roca al 1000. “El verano siempre es temporada acá”, dice, “no me preguntes por qué”, y le alcanza ropa a dos turistas canadienses que esperan detrás. Los motivos que traen a los mochileros extranjeros y argentinos a Rosario son similares y hasta previsibles, ya que algunos forman parte de una especie de folclore del chauvinismo rosarino. “Le dan mucha bola a la playa, y se quedan enamorados de la noche y de las mujeres. Los de afuera quedan embobados”, dice Jorgelina, en la recepción de La Comunidad, otro hostel sobre Roca. “Las plazas, las playas y la noche”, dice Nicolás. “Las rosarinas”, dice Julieta, una de las encargadas de Rosario Hostel. “Este río tan ancho y tan cerca de donde pueden estar alojados. También la parte arquitectónica, y la calidez de la gente, cómo los tratan”, dice Giromini. “…Una mezcla de hostel y de ciudad más simpática que Buenos Aires”, resume Michael, “y también creo que es más barato y más pequeño. Córdoba es una ciudad en Argentina muy lindo también y, no sé, hay otras ciudades, pero aquí hay río, y me quedé acá”. 
Pasar y quedarse. Aunque Rosario nunca fue un destino tradicional de veraneo, en los últimos años la ciudad dejó de ser exclusivamente un lugar de paso para viajeros que iban de Buenos Aires a Córdoba, o de Uruguay a Mendoza, por ejemplo, y comenzó a tomar el perfil de opción alternativa para unas vacaciones breves durante el verano. A la apertura de los hostels se le atribuye parte de este fenómeno, pero también a cuestiones económicas y a características propias de la ciudad. En enero y febrero se multiplican también las visitas de grupos de Brasil y de Capital Federal. “Resulta que los porteños descubrieron que existe Rosario, a cuatro horas y es re barato. Y vienen grupos de amigos de 18, 19, 20, 25, 30 años, y se vuelven locos”, dice Julieta. “Hay gente que se cuelga y se queda como dos semanas. A veces conocen a otros, los invitan al hostel y se quedan acá”, cuenta Jorgelina, de La Comunidad. “Habitualmente se quedan una semana. Si se quedan más es porque ya se están queriendo quedar a vivir, y están acá hasta que encuentran algo fijo. Hay extranjeros que se quedan a vivir en Rosario. No me preguntes por qué”, dice Nicolás.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario