La ciudad

Rosario registró el número más bajo de casamientos en lo que va del siglo

El Registro Civil reveló que el promedio de matrimonios en 2018 fue de diez parejas por día. Como contrapartida, las uniones civiles crecieron un 8 por ciento. La tendencia refleja un cambio en las costumbres.

Miércoles 27 de Febrero de 2019

Los tiempos cambian, las costumbres también. El casamiento siempre fue una de las tradiciones más arraigadas y apreciadas por las parejas que se enamoran y que deciden pasar el resto de su vidas juntas. Ya no lo es. Otras formas de relación, de convivencia, han ido ganando terreno en la sociedad argentina y el matrimonio quedó relegado.
Así lo constató el relevamiento realizado por el Registro Civil de Rosario que dio a conocer la impactante estadística de los casamientos que se celebraron en la ciudad en 2018 y que fue la más baja en lo que va del siglo XXI. El año pasado sólo 3.637 parejas dieron el "sí" ante la ley, un promedio de diez bodas por día, que parece mucho pero no lo fue.
Así como bajó el número de casamientos, creció el de uniones civiles, a caballo de la entrada en vigencia de la reforma del Código Civil y Comercial que amplió los derechos de las parejas. El número de uniones convivenciales que se concretaron en 2018 fue de 3911, un ocho por ciento más que los casamientos. Mientras tanto, los divorcios anotados en el Registro Civil fueron 1706.
La caída en el número de matrimonios en Rosario refleja una tendencia que se replica en las grandes ciudades y refleja el cambio de época
¿Por qué las parejas se inclinaron por la convivencia más que por el matrimonio? En primer lugar porque la nueva ley trajo cambios muy concretos en aspectos que siempre fueron polémicos a la hora de la ruptura de la relación. Además, no sólo pide menos requisitos y otorga casi los mismos derechos. Una de las diferencias es que el conviviente "no es heredero" y que cada uno se queda con los bienes que compró.
La estadística del Registro Civil arrojó números similares a los de 2017. El anterior informe de situación reveló que en Rosario se registraron 4.400 uniones civiles, 578 más que el número de matrimonios -3.822- en el mismo período de tiempo. Esto revela que la tendencia se viene consolidando a través de los años y que refleja el estado de ánimo de una sociedad donde, cada vez más, todo aparece como provisional.
Las uniones convivenciales comenzaron a regir en agosto de 2015, cuando se puso en marcha el nuevo Código Civil y Comercial. "Es la relación basada en relaciones afectivas de carácter estable, singular y permanente entre dos personas que comparten un proyecto de vida en común, sin importar su sexo", reza la legislación que vio la luz, no sin antes verse sometida a una encendida polémica, .
Las uniones convivenciales protegen los derechos de las parejas que conviven sin casarse, sin distinguir si el sexo de ambos sea igual o distinto. Entre los requisitos que impone el Código Civil para que se pueda establecer la relación en forma legal se cuenta que puedan constatar una convivencia por un lapso no menor a dos años, y que no estén casados o en otra unión.
"En realidad no hay menos matrimonios porque hay menos parejas que se quieren, hay menos matrimonios porque hay, desde la reforma del Código Civil en 2015, más uniones convivenciales, hay cariño, hay amor, como hubo siempre, solo que hay otras formas", comentó a La Capital el secretario de Gestión Pública de la provincia, Matías Figueroa, repartición que tiene a su cargo el Registro Civil en Santa Fe.
"De las uniones convivenciales solo tenemos estadísticas de los últimos tres años y lo que hemos visto es que, es verdad, las parejas se casan menos pero conviven más", ratificó Figueroa, y agregó: "Es así porque el trámite de la unión convivencial es más sencillo y se hace súper rápido, no es costoso y genera los mismos derechos y obligaciones que un matrimonio, salvo en el aspecto de la herencia".
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Lo cierto es que las parejas jóvenes no valoran el casamiento como lo hacían sus padres y sus abuelos. Acaso haber asistido al fracaso de matrimonios de familiares cercanos los alertó sobre la crisis de los modelos de relación tradicionales y optaron por experimentar nuevas formas que tuvieran exigencias distintas y, al mismo tiempo, aligerar la carga que representa el compromiso.
Figueroa lo explicó con claridad: "Antes, si hacía mucho tiempo que estabas de novio, venía tu papá y te decía: 'te tenés que casar', eso ahora no pasa. Las parejas son más flexibles, no aspiran a la eternidad y eso ha provocado un cambio grande. Además, las uniones convivenciales son más íntimas, no hay que hacer una gran boda o una fiesta, son menos gastos y eso hoy se tiene en cuenta".
Hay que admitir que el peso que tiene hoy el juramento de "hasta que la muerte los separe" es muy diferente al que tuvo en otros tiempos. Los "millenials" -los jóvenes nacidos entre 1981 y 1993-, que crecieron con un celular inteligente en la mano, han dado sobradas muestras de que no confían en los planes a largo plazo y así lo demuestran, sin ir más lejos, en el mundo del trabajo, donde renuncian sin tener otro empleo a la vista.
La misma actitud tienen con sus relaciones amorosas. Está claro que los viejos paradigmas no contienen a los encuentros de las nuevas generaciones y esto queda reflejado en las cifras que maneja el Registro Civil rosarino y que no son distintas a las de las reparticiones similares en el resto del país. Aquí, allá y en todas partes se replica una tendencia que pone en negro sobre blanco el cambio de época.
El espíritu del nuevo Código Civil tiene ese espíritu. Entre las obligaciones de la unión convivencial se enumeran asistirse durante la convivencia, colaborar con los gastos del hogar, responder por las deudas que la pareja haya tomado para pagar las necesidades del hogar y la educación de los hijos. Además en muchos casos las obras sociales consideran al conviviente como grupo familiar.


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