Domingo 27 de Septiembre de 2009
“El tiempo es la ilusión que no vuelve más/ el tiempo es la ilusión en cualquier lugar/
Kubrick fue Monumental/ El Cairo fue nuestra city Imperial/ Broadway, Heraldo, Radar/si Disney
despertase”... La estrofa de la canción de Fito Páez nombra a algunos de los cines que
hicieron historia en Rosario, hasta que la televisión les comenzó a quitar público allá por los 70
y la política económica de los 90 los hirió de muerte. Algunos como El Cairo (Santa Fe 1120) y el
Arteón (Sarmiento 778), reabiertos por estos días, se resisten a fenecer junto al Lumière (Vélez
Sarfield 1020) y el Madre Cabrini (Pellegrini 664). Otros se convirtieron en templos evangélicos,
cocheras, comercios, quedaron abandonados o directamente se demolieron aun habiendo sido verdaderas
piezas arquitectónicas.
Pero a pesar de la reconversión de los clásicos cinematógrafos en micro
espacios, el cine sigue de pie en la ciudad. Rosario tiene más de 50 salas y las butacas suman
12.045 (según datos aportados a La Capital por el Village, Showcase, Del Siglo, Madre
Cabrini, Sunstar, Monumental, El Cairo, Arteón y Lumière). Y aún más. Las nuevas generaciones
retomaron el tema y lo plasmaron directamente en la pantalla grande. Tal el caso de un grupo de
estudiantes de la Escuela de Cine de la provincia que realizó el documental “Cinética.
Energía en movimiento”, que se proyectará los fines de semana de octubre en el Madre Cabrini.
O el capítulo “Los cines invisibles” dedicado especialmente a las salas locales en el
filme de animación “Guía de Rosario misteriosa”, una producción realizada por la
Cooperativa de Trabajo de Animadores de Rosario, que está actualmente en cartel en el Complejo
Monumental.
Esplendor. La pantalla grande tuvo épocas de esplendor en Rosario. “Después de Buenos
Aires, fue la ciudad que mayor cantidad de salas tuvo en el país. A principios de los 50 llegó a
vender 8 millones de entradas anuales cuando sus habitantes eran apenas 500 mil”, sostiene
Sidney Paralieu, un jubilado bancario que se define como un “loco por del Séptimo
Arte”, que aplaude la iniciativa de reabrirlos y a quien su pasión lo llevó a investigar
durante cuatro años la historia de las salas y publicar en 2000 el libro “Los cines de
Rosario ayer y hoy”, de Editorial Fundación Ross.
La reapertura del Cine Diana (avenida del Rosario 501) durante 2006 en
el barrio Saladillo y las recientes del Arteón y El Cairo se recibieron con beneplácito por parte
de los vecinos, pero obligaron a más de uno a repreguntar: “¿Qué pasó con las decenas de
cines que convirtieron a Rosario en un centro cinematográfico de relevancia y que llegaron a sumar
48 entre los años 1949 y 1958? “A esos hay que agregarles tres cines parroquiales, los
barriales que en esta ciudad tenían gran relevancia como el Real —el más grande—, el
Opera, el Echesortu y el América, aparte de los que se abrían sobre todo en verano al aire libre,
pero se fueron transformando o desaparecieron”, lamenta Paralieu, quien en su libro
transcribe un párrafo muy didáctico de la edición de La Capital del 4 de enero de 1899 para
referirse al primer cine de Rosario, el Lumière (inaugurado en diciembre de ese año):
“Llamamos la atención de las personas que deseen pasar amenos ratos y con poco dinero sobre
el cinematógrafo Lumière que funciona en Rioja 1151, entre Libertad (hoy Sarmiento) y Progreso (hoy
Mitre), todas la noches entre las ocho y media en adelante. Sabido es que el cinematógrafo es un
aparato que reproduce en un lienzo todas las escenas de la vida real tomadas de fotografías
instantáneas y que a los ojos del espectador se convierten en fotografías animadas como si
realmente fueran seres vivientes, lo que a la par de ameno es sumamente instructivo. Es curioso ver
tal maravilla por unos cuantos centavos”.