Rosario mira al cielo: el norte se convierte en el epicentro de la construcción vertical

Las torre de 200 metros en la antigua Refinería de Azúcar consolida una tendencia que comenzó en la mítica Bola de Nieve

06:20 hs - Domingo 01 de Noviembre de 2026

Donde estuvo afincada la Refinería Argentina de Azúcar, en la zona que a su alrededor supo alojar un frondoso nudo ferro-portuario, obrero e industrial, se levantará el rascacielos más importante de Rosario, y el segundo en altura del país: la lujosa megatorre de 60 pisos a construirse en Gorriti y Carballo asoma con sus 200 metros como el punto cúlmine de un proceso de verticalización que inició hace 120 años el edificio de 25 metros y seis plantas La Bola de Nieve. El fenómeno, cuyo escenario principal había sido el centro, pero en los últimos años corrió su eje al norte, sitúa la mirada no solo en las azoteas próximas a las nubes, sino en los modos en que se piensa o intenta pensarse una ciudad.

La revolución del ascensor   

A fines del siglo XIX la joven Rosario era chata y homogénea, excepto por tres estructuras divisables a distancia: el campanario de la iglesia catedral, frente a la plaza 25 de mayo; la torre de la estación de trenes de Wheelwright y Paraguay, y la de los Tribunales de Moreno 750, hoy la Facultad de Derecho. En ese contexto, el proyecto de Eduardo Le Monnier para la sociedad de ahorro mutuo La Bola de Nieve marcó un hito en 1906, con sus seis plantas y la novedad de un ascensor. Así sintetiza los comienzos del proceso de crecimiento en altura, que desde allí se afianzará, el arquitecto y docente de la UNR, Carlos Candia (quien justamente dicta la materia Historia de la Arquitectura).

Los primeros inmuebles fueron realizados por aseguradoras que volcaban el exceso de renta producido por el comercio agroexportador de la mano del floreciente puerto, continúa Candia. “Los edificios tenían un solo dueño y se alquilaban para viviendas y oficinas. El segundo con ascensor fue La Agrícola (1907), en la ochava sureste de Córdoba y Corrientes”, agrega, y señala que esta tecnología invirtió la tendencia que ubicaba a los sectores humildes en los pisos superiores, escaleras y esfuerzo mediante. A partir de entonces, la población de mayor poder adquisitivo accede a contemplar el paisaje urbano desde arriba, a dominarlo con la vista.

Investigadora en el Curdiur-Conicet-UNR, la arquitecta Jimena Cutruneo menciona que la obra del francés Le Monnier en la esquina de Córdoba y Laprida “por mucho tiempo representó para los rosarinos el paradigma de un edificio en altura: fue el primero financiado por una empresa que buscaba una representación y por eso la forma de la cúpula (casi esférica, a su vez rematada con una esfera blanca que simbolizaba a la compañía y alcanzaba los 33 metros). Fue un símbolo de prestigio y progreso para la ciudad, con París como referente”.

El lugar. El edificio de Laprida y Córdoba.

Habrá que esperar a la próxima década para que lo sobrepase La Inmobiliaria (1914, Córdoba y Corrientes), de 47,5 metros contados hasta el tope de la cúpula. Cutruneo, también doctora en Humanidades y Artes con mención en Historia, agrega que “la ciudad no tenía una demanda en relación al suelo -como en la actualidad- que ameritara la densificación; se hacían obras en altura más que nada por una cuestión de representación y los propios edificios construyen el valor del suelo que se da a posteriori. Parecido a lo que sucede hoy, por ejemplo, en Puerto Norte”.

Primer rascacielos   

En los años ‘20 se produce “una expansión vertical acelerada que fue acompañada de las mayores transformaciones formales, espaciales y distributivas”, y Rosario tiene su primer rascacielos al estilo neoyorquino; el Palacio Minetti, en el ranking de altura de la década. Recién en 1938 llega una construcción más elevada, que será la mayor de la primera mitad del siglo: La Comercial de Rosario, en Córdoba y bulevar Oroño, proyectada por los arquitectos De Lorenzi, Otaola y Rocca (estudio DOR).

“El edificio en altura supone una complejidad que siempre está discutiendo con intereses sectoriales: en aquella primera etapa un sector quería el embellecimiento del centro y otros ampliar la planta urbana”, sigue Cutruneo.

“El crecimiento vertical se da de manera espontánea, en la práctica, experimentalmente. Los arquitectos que participan del proceso también son actores de la vida política y de la vida universitaria. Recién en 1932 tuvimos un reglamento de edificación, antes solo había ordenanzas sueltas. Era todo muy lábil”, afirma la experta, que además de desempeñarse como docente en la Facultad de Arquitectura, Planeamiento y Diseño de la UNR dirige un equipo de investigación desde 2013.

“En 1943 la ley de Congelamiento de Alquileres le pone tope a la especulación de los rentistas, por lo que disminuye la construcción de edificios para renta. En el 48 sale la ley de Propiedad Horizontal y de nuevo se incentiva la construcción en altura, por la posibilidad de vender (la torre) por partes”, reseña. Candia apunta que esta norma nacional cambió la ecuación de las inversiones inmobiliarias y coincide en que apuntala a la clase media a acceder a la propiedad de un departamento. Es que además se estimula el crédito. Mientras, La Comercial de Rosario sigue dominando el skyline (literalmente línea de cielo) con sus 16 pisos, superada en 1957 por el Monumento a la Bandera, cuya torre escala 70 metros.

La ciudad cambia su fisonomía   

La verticalización continúa y en la década del 70 se da un boom de la construcción a tono con leyes nacionales de desgravación fiscal, que impacta fundamentalmente en la avenida Pellegrini y en el barrio Martin. Aparecen empresas locales emblemáticas dedicadas a erigir edificios de departamentos y se profundiza el proceso de sustitución, con la consiguiente demolición de viviendas, palacios, mercados, teatros. Hay incluso Fonavis en altura. “Hasta 1983 ningún programa protege el patrimonio y se tumban edificios históricos que se consideraban antiguos. Tirar abajo lo viejo era un símbolo de progreso, tiene que ver con un clima de época”, señala Cutruneo.

Tras la recesión de los ‘90 y la devaluación del peso, llega con el nuevo siglo otro boom, de la mano del auge de la producción sojera; aunque existen topes para las construcciones también se admiten excepciones y se multiplican los debates. El perfil de la ciudad asciende: en 2002 la torre Punta Divisadero, ubicada en la costa central, alcanza los 115 metros con 37 pisos. Por primera vez una estructura excede los cien metros. La Aqualina, de San Luis y Alem, le gana en 2009 con 127 metros y 40 pisos, aunque al año siguiente la superan las Dolfines Guaraní I y II, gemelas premium de 137 metros y 45 niveles, ya en Puerto Norte. En la misma zona se alza en 2013 la Maui I, de 141 metros, que también suma una gemela de alta gama en 2023.

Este miércoles por la noche, los vecinos de Puerto Norte y zonas aledañas se llevaron una sorpresa al ver dos hombres que descendieron en paracaídas sobre un cantero de la calle.

La reciente demolición de silos agroportuarios del barrio Islas Malvinas pone en pista a la megatorre de usos mixtos de la compañía Sancor Seguros, que para su construcción consiguió en 2022 una excepción del Concejo municipal. El área de gran valor paisajístico se convirtió en epicentro de la verticalización y una de las más cotizadas de la ciudad; a la vera del Paraná, cuya ribera quedará muy lejos desde el piso 60. De hecho, el proyecto prevé “viviendas en la parte baja de la barranca y una guardería náutica que aprovecha la llegada del proyecto al río”.