La ciudad

Rosario, los mitos fundacionales de esa ciudad múltiple

Un equipo de historiadores publicó un libro que reúne un conjunto de artículos que rastrea las huellas de los mitos fundacionales de aquella villa que surgió sin fundación. Cómo la contaban sus diarios, bares, intelectuales y clubes, entre otros dispositivos culturales

Sábado 16 de Junio de 2018

Las ciudades son en cierta medida una caja de resonancia. En sus calles habitan miles de historias. Rosario es una ciudad en tanto puede ser contada, relatada como tal. Su historia es, en gran medida, un conjunto de relatos y representaciones. Un equipo de investigadores rastrea esas huellas para descubrir algunos de esos relatos que han contado y cuentan la ciudad. Rastrear memorias. Rosario, historia y representaciones sociales - 1850 / 1950 es un libro que acerca algunas de esas historias.

   Alicia Megías, Agustina Prieto, Lucio Piccoli, Analía Vanesa Dell 'Aquila, María Luisa Mújica, Javier Chapo, María Pía Martín y Mario Glück conforman ese equipo de historiadores que, desde la Facultad de Ciencia Política, se dedica a estudiar la historia o las historias que cuentan Rosario. Son también los autores de un conjunto de artículos que se publican en este libro.

   A través de sus artículos acercan la posibilidad a los lectores de adentrarse en ciertos mitos fundacionales de la ciudad y en los dispositivos culturales que permitieron reforzar aquello de la ciudad progresista que creció gracias a su propio esfuerzo pero también la ciudad "elegida" por la Virgen o sede de famosos cafés con camareras o la que albergó diarios que disputaban en tablero político.

   "Esta compilación explora algunas de las representaciones que acompañaron la vertiginosa transformación de la Villa del Rosario en segunda ciudad del país e impusieron a sus habitantes el desafío constante de justificar un lugar de preeminencia ante propios y ajenos", se advierte en el texto introductorio del libro, recientemente publicado por UNR Editora.

   Para ampliar sobre el libro, y por ende sobre la ciudad y sus representaciones entre 1850 y 1950, La Capital dialogó con Megías y Prieto.

   —¿Cómo surge el libro?

   —Alicia Megías: El libro es el tercero que publicamos y surge porque los autores formamos parte de un equipo de investigación radicado en la Facultad de Ciencia Política que trabaja historia de Rosario. Compartimos el objeto de estudio, pero cada uno desde perspectivas distintas y temas diferentes, algo que nos parece interesante por las miradas muy diversas.

   —¿Como historiadoras por qué deciden trabajar sobre la cuestión Rosario?

   —Agustina Prieto: cada caso es personal. En el mío es porque no podría haber estudiado otra cosa. Yo doy clases de otro tema, Historia Latinoamericana Contemporánea, pero siempre hay algo que veo caminando por Rosario que funciona como disparador de historias. Yo no podría investigar otra cosa.

   —Megías: Además porque Rosario es muy valiosa como objeto de estudio. Por la particularidad que tienen algunos de los fenómenos que ocurrieron en la ciudad. Porque es casi igual pero muy distinta de Buenos Aires, porque hubo cambios vertiginosos, transformaciones a veces brutales. Entonces, para un historiador es un campo de estudio muy atractivo. Y además como marca de origen tiene esta cuestión del cambio vertiginoso. Esa frase hecha de que "era una pequeña aldea y de repente... boom", la torna interesante. Ese boom demográfico y económico fue aceleradísimo y feroz. Porque crece pero en un contexto de capitalismo salvaje. Marcando diferencias brutales. Hay un montón de cuestiones interesantes para trabajar en investigación.

   —¿Qué son las representaciones sociales?

   —Megías: Se supone que, haciendo una definición muy general, las imágenes, la percepción que circula en una sociedad. En este de caso de sí misma. Cómo se representa a esa ciudad.

   —Prieto: Exacto, las representaciones que una sociedad tiene de sí misma en un determinado momento que, a veces, no son globales de toda la sociedad sino de algún sector de esa sociedad. Muchas veces hay representaciones que logran ser únicas, identitarias. Al menos por un tiempo, que logran tener como un peso importante en el imaginario colectivo. En el caso de Rosario aparece mucho la idea de una ciudad ligada al progreso y al crecimiento basado en su propio trabajo. Siempre es interesante cuando se trabaja en representaciones comparar con otras ciudades. En el caso de Rosario la diferencia sería con sociedades que se sienten más identificadas con la tradición, con la historia, con el pasado. Eso se nota especialmente en el momento del gran despegue de Rosario, lo que más la identifica es justamente lo contrario: la idea de que es algo que parte prácticamente de la nada y que, embanderada con la idea del progreso, logra en muy poco tiempo convertirse en algo distinto. Estamos hablando de una representación, una idea, más allá de que eso sea cierto o no, pero sí es una idea que después tiene mucho peso al momento de construir identidades políticas. Por eso estas representaciones son tan importantes.

  —Megías: Son legitimadoras. El progreso de Rosario desde sus inicios se legitima en esa idea, que en Rosario se trabaja mucho, se mira hacia el futuro y eso garantiza el progreso. Básicamente podríamos decir que no tiene nada para mirar para atrás y alguna manera de legitimarse hay que encontrar. En la sociedad de Santa Fe o Córdoba hay un montón de desarrollo atrás del siglo XIX. En Rosario, no. Ese elemento legitimador de la ciudad laboriosa, progresista y moderna funcionó durante bastante tiempo, con lo cual legitimó un montón de procesos sociales. Por ejemplo, la definición de los grupos sociales hegemónicos de la ciudad.

   Prieto: O de partidos políticos como la Liga del Sur, básicamente un partido que se construye sobre la base de esta idea, de esa representación.

   —Esas representaciones llegaron a materializarse. Incluso algunas pueden ser voluntarias y otras, no. ¿Eso es lo que ustedes salen a buscar como huellas?

—Megías: Sí, pero no es que involucran a toda la sociedad necesariamente. Esto es justamente parte del mito que se crea "que todo el mundo progresó y todo el mundo se enriqueció".

—Prieto: No toda la sociedad piensa eso todo el tiempo. Lo van reformulando y para eso están en este libro trabajos como el de Lucio Piccoli que se mete con Ángel Guido y cómo discute el tema del arte neocolonial y cómo, a su vez, plantea una reformulación entre espacio y arquitectura. Está también el trabajo de Mario Glück, donde analiza cómo Calixto Lassaga trabaja en función de buscar tradiciones allí donde no las hay. O el de María Pía Martín en el cual se plantea directamente a la Virgen como fundadora de Rosario. Siempre en función de ese mito fundacional.

—¿"La construcción del relato" se ha planteado en los últimos años como un disvalor y ustedes lo rescatan de la propia historia de la ciudad?

—Prieto: No existe política sin relato, toda propuesta política está montada sobre un relato de orígenes o un relato de la realidad. No hay manera de pensar la política si no hay un relato que la sostenga.

—Megías: Y esos relatos generan también sentimientos de pertenencia. Por adhesión o por oposición. Y sin ese sentimiento de ser parte de la comunidad es muy difícil la legitimidad de las instituciones. En el caso de Rosario tiene estas particularidades que lo hace muy interesante.

—En este punto se puede considerar lo que plantea Agustina de Rosario como ciudad múltiple, que puede ser Barcelona, Buenos Aires o Chicago...

—Prieto: O la ciudad de la Virgen. Tal cual. Hay que pensar también que las representaciones no pueden ser leídas fuera de su época. Entonces, así como hubo un momento fuerte para la idea de la ciudad progresista y cosmopolita, después hay que pensar que en los años 30 se hace un museo histórico cuyas salas más importantes son las de arte colonial, en una ciudad que ni siquiera tuvo una historia colonial. Pero sin embargo aquellos que son los hijos de esa ciudad progresista y cosmopolita en determinado momento sienten que el mundo se está resquebrajando y salen a buscar raíces en otro lugar. Es que cambió el mundo, entonces hay que buscar de dónde agarrarse.

—Llama la atención un artículo de Dell'Aquila que analiza las representaciones sociales a través de los despachos de bebidas.

—Prieto: Sí, es muy interesante. Hay que reparar en que analiza la cuestión entre 1860 y 1880 y después si uno lo compara con el otro trabajo sobre los cafés con camareras, de María Luisa Mujica, también está la cuestión de la sociabilidad masculina pero ahí aparecen en primer plano las mujeres. Hay miradas distintas y son épocas que empiezan a ser distintas.

—¿Quiénes eran los diaristas?

—Megías: los diaristas son los hombres, no detecté mujeres, que escriben en la prensa pero que no son exactamente periodistas. Integraban la prensa facciosa que salía porque algún político la financiaba. Eran tres hojitas y convocaban a diaristas. Eran letrados, afines en términos políticos. Los periódicos eran efímeros, duraban tres, cuatro meses, para una elección y después se cerraban. Estos diaristas no eran exactamente asalariados, les pagaban con un cargo público. En realidad, era el tipo que escribía en el diario a favor del gobernador, el intendente. En Rosario los primeros que parecen conseguir una estabilidad como empresa periodística son La Capital y El Municipio.

—Los diarios aparecen como actores políticos dentro del mapa político de la ciudad, caracterización que ahora se destaca pero claramente no es novedad.

—Megías: Surgen así, tienen intencionalidad política, De hecho en la correspondencia entre la elite política se aconseja en tales términos. "Mire, sería conveniente que hagamos un diario para tal localidad". Eso se lee en las cartas.

—Prieto: La política se definía en los diarios. Por eso son tan importantes los diariastas, es poca la gente que vota.

—También muchos de los que manejan esos periódicos después integran la clase política.

—Megías: Sí, tal cual. Han acumulado un interesante capital de conocimiento respecto de cómo funciona la cosa.

—¿Algunas de esas huellas que ustedes rastrean aparecen en la Rosario de hoy?

—Prieto: Yo creo que todavía hay alguna huella que ha quedado de esa ciudad que alguna vez fue cosmopolita. Rosario es una ciudad más abierta a los extranjeros y a las ideas distintas, en comparación con otras ciudades.

—Megías: Me parece que hay un gran cariño, una gran reivindicación hacia la ciudad por parte de sus habitantes. Y creo que eso viene de esta preocupación de mediados del XIX de armar una sociedad, encontrarle un sentido y que sea buenísimo. Eso que se suele nombrar como la "rosarinidad". El sentimiento de pertenencia. Cuando investigaba en torno a los diarios aparece un periodista que es canadiense y habla diciendo "nosotros los rosarinos". Hay una cosa de esfuerzo por generar una sociedad de la cual ser parte y que además esa sociedad sea exitosa. Algún tufillo eso ha dejado.

—Prieto: Y otra cosa que me parece que puede ser pensada como el legado de la ciudad de fines del XIX y principios del XX es que Rosario es una sociedad bastante laica en este sentido. Hay fenómenos de masa como el padre Ignacio, en el que participan multitudes, pero en el terreno de la instituciones, la salud pública, la educación, por ejemplo, no aparecen colonizadas por la Iglesia. Rosario no es ni Luján ni San Nicolás, donde el culto a la Virgen se impuso. Me parece que ese puede ser un legado del origen, que aún las manifestaciones fuertes de religiosidad se hacen sobre un piso interesante de laicisidad.

Imágenes en pugna. "La mesa azul" (1940), de Julio Vanzo.

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