Domingo 22 de Junio de 2008
Desplegaron unas banderas para identificarse, le dieron un poco de fricción a las rueditas, buscaron puntos de equilibrio y a las 13.30 largaron ayer por calle Córdoba, bulliciosos y satisfechos de recordar el Día Internacional del Skate. La movida convocó a 150 de los 400 rosarinos adeptos a las tablas rodantes y tuvo como objetivo recordar a las autoridades que aún está pendiente una pista para que la actividad sea más segura y gratificante, iniciativa que fue aprobada en el Presupuesto Participativo.
En la jerga skater, la movida que realizaron ayer se conoce como "patiada" y arrancó frente a la Facultad de Derecho, donde hace 25 años comenzó esta actividad en Rosario. Desde allí el grupo siguió hasta el Monumento a la Bandera y terminó en el Galpón 11, Sargento Cabral y el río. En el lugar los esperaba un circuito de rampas para terminar de disfrutar el Día Internacional del Skate.
"No vino la GUM (Guardia Urbana Municipal)", se lamentaron ayer los skaters, tablas en mano, en la espaciosa vereda de Córdoba al 2000. La participación de los agentes como "seguimiento y respaldo" estaba anunciada en el mail con el que los skaters convocaron a su "patiada". Más aún, en el correo electrónico agradecían de antemano la cortesía, que finalmente no se concretó.
"El tiempo nos jugó una mala pasada, hubieran venido muchos más participantes", explicaron. Pero a pesar del frío, el grupo fue más que nutrido para una actividad amateur que tuvo que sacar varias veces certificado de buena conducta ante las primeras miradas poco afables que cosecharon.
"Ahora eso cambió un poco, somos la segunda generación que practica este deporte en la ciudad, los primeros ya tienen 40 años", explicó Nicolás Escola, más conocido como "Sapo" por su especialidad en uno de los saltos básicos (ollie). Como toda tribu urbana, los skaters comparten códigos, vínculos y, por supuesto, identidad.
Desafiar el aire. En Rosario, los amantes de desplazarse en una pequeña tabla con ruedas están nucleados en la Asociación Rosarina de Skate. "Es un deporte callejero", definió Escola y aclaró que esa característica le permite codearse con la realidad, mirada que no está disponible cuando se practica una actividad paredes adentro.
"Este es un deporte que se puede practicar hasta que el cuerpo aguante", explicó Martín Fábrega. Como muestra basta un botón: allí estaba Alejo Suárez Nogués, con 9 años, una tabla en la mano y la mirada atenta de su papá Oscar, que lo acompaña a todos lados.
Para Damián Giamdoménico, el atractivo está en el juego entre "el físico y la mente" que implica este deporte. Los skaters desafían a la gravedad girando, saltando y hasta volando, sin despegar sus pies de la pequeña tabla que es a la vez impulso y movimiento.