Sábado 25 de Diciembre de 2021
Un equipo de investigación de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) comenzó trabajos de campo para relevar las principales preocupaciones en torno a la salud que manifiestan los pobladores de las islas. En un contexto de incendios incesantes desde hace casi dos años, y con una bajante pronunciada que afecta el acceso al agua, los primeros resultados arrojan que los problemas respiratorios son los más mencionados por parte de las familias que habitan la isla El Espinillo, primera zona relevada por el equipo de investigación; especialmente, en los menores de edad. Las investigaciones se comenzaron a llevar adelante para trazar el perfil epidemiológico de las poblaciones que habitan las islas tras un convenio firmado entre la UNR, la ONG Médicos del Mundo y la Corporación Clínica Ambiental de Ecuador, entidad que generó herramientas para asistir a pueblos que tienen su salud afectada a partir de los perjuicios que sufren las tierras que habitan. Además, el Colegio de Médicos avaló el programa.
Tras el convenio, se creó el programa Clínica Ambiental Sede Argentina (Casa) para “avanzar en el análisis de las relaciones que se dan entre los integrantes de las comunidades afectadas por problemáticas ambientales en sus territorios, e identificar comunitariamente los intersticios a partir de los cuales puedan llevarse adelante las acciones de reparación”, explica el documento con el que se selló la colaboración entre todas las entidades.
“Desde 2013 trabajamos en vincular problemas de salud de las personas con lo que ocurre en los territorios en los que las personas viven. No puede haber personas sanas en territorios enfermos. Nuestra salud es expresión del territorio que habitamos”, explica Damián Verzeñassi, director del Instituto de Salud Socioambiental de la UNR (Inssa) y uno de los directores del programa creado para elaborar los perfiles epidemiológicos en las islas. Y agrega sobre la etapa de trabajo que están llevando adelante desde la Casa: “Vamos y venimos permanentemente a la isla, porque el diálogo con los habitantes es de ida y vuelta. La idea es construir una herramienta de transformación con la comunidad”.
Hasta el momento, entrevistaron a 14 familias de las 32 que viven en la zona de El Espinillo. Sobre el procedimiento, Facundo Fernández, médico e integrante del Casa, explica: “Trazamos un panorama, con los referentes y con la escuela, de lo que sucedía. Uno de los ejes fue que todo lo desarrollado venía desde la ciudad y no a partir de las necesidades de las comunidades”.
Por su parte, Verzeñassi, que además es presidente de la delegación argentina de Médicos del Mundo, menciona que uno de los principales planteos de la comunidad en cuanto a problemas de salud es el acceso al servicio de asistencia. Sobre ello, Analía Zamorano, integrante de Casa y médica, detalla: “Una de las personas que entrevistamos tuvo a su hijo prematuro y para ir hasta neonatología tenía que bajar (al río), cruzar, subir, tomar el colectivo e ir hasta Granadero Baigorria”.
“Si le daban una medicación, tenía que llegar antes de las 12. Muchas veces se vuelven sin la medicación y, si es que pueden, tienen que volver al otro día”, añade, poniendo como ejemplo casos relatados de broncoespasmos por la madrugada en la época de incendios, con total imposibilidad de acceder a cualquier atención. En relación a eso, de las primeras entrevistas surge que los problemas respiratorios en los más chicos es un problema que se replicó en las contestaciones de los pobladores.
Justamente sobre ello, Verzeñassi comenta: “Identificamos que quienes estuvieron más cerca de las áreas del incendio lo manifestaron como un problema. A su vez, el 100% manifestó como hábito saludable la capacidad de la comunidad para organizarse y estar atentos a lo que pudiera ocurrir si el fuego avanzaba”.
Otra de las preocupaciones manifestadas se dio en torno a la bajante del río. Verzeñassi explica que, de las entrevistas, surge que este fenómeno aleja los botes de las casas y, sobre todo, la provisión de agua: “Los que no tienen bomba para poder sacar del río, tienen que caminar 400 metros de ida y 400 metros de vuelta con baldes sólo para ir a buscar agua. Después de eso, hay quienes la potabilizan con salen y hay quienes la hierven y nada más”.
Al respecto, el médico Alejandro Vallini, director en conjunto del Casa junto a Verzeñassi, aporta: “Si no tenés agua para tomar o para higienizarte, todo lo relacionado con tu proceso de salud se va a deteriorar cada vez más”.
Salud colectiva
A partir de las experiencias en los campamentos sanitarios que desarrollaban desde el Inssa (un ciclo de prácticas finales en la carrera de medicina), los integrantes del Casa comenzaron a notar que las poblaciones que entrevistaban tenían en claro los orígenes de sus afecciones. Al respecto, Vallini detalla: “La población tiene construida una conceptualización acerca de qué significa para su salud todo lo que está alrededor. De las encuestas que hacíamos en los campamentos sanitarios, aparece fuertemente lo relacionado con modelos productivos como problemas de salud: agroquímicos, silos, feedlot. Y en función de las patologías que los habitantes nos referían, analizábamos sus perfiles y veíamos los modelos productivos que se desarrollaban en esas zonas”.
Sobre eso, Verzeñassi complementa: “Esto nos obligó a buscar herramientas de análisis que nos permitieran ver si había relaciones entre los problemas de salud y los modelos productivos. Estas herramientas nos las da la salud colectiva, que es una corriente de pensamiento en salud”.
En la búsqueda de esas herramientas, los profesionales conocieron a sus pares ecuatorianos que venían de trabajar problemáticas de salud de comunidades “con una mirada ecosistémica, como la que trabajábamos acá pero con herramientas metodológicas más desarrolladas”. La Corporación Clínica Ambiental trabajó con campesinos que vivían en la frontera con Colombia cercanos a campos de soja fumigados y con comunidades afectadas por las industrias petrolera y minera en ese país. “Comenzaron a producir información científica que les sirve para ir a la Justicia y reclamar por sus derechos por un territorio sano”, explica Verzeñassi.
Perfil epidemiológico
El director del Inssa afirma que la idea del programa surgió, primero, para buscar la construcción de los perfiles epidemiológicos de los habitantes de El Espinillo, pero que esto lo ampliaron a una búsqueda para saber “quiénes viven allí, qué problemas de salud perciben que tienen y, a partir de eso, comenzar el proceso de construcción del perfil epidemiológico junto con la comunidad”. Esto, a partir de las herramientas metodológicas proporcionadas por los pares ecuatorianos.
“La construcción de información sobre la situación de las comunidades en los territorios, desde la universidad pública y con las comunidades, permite poder pensar políticas públicas”, agrega.
Para los investigadores, uno de los hechos clave para desarrollar el programa fue la creación de la Plataforma de Estudios Ambientales y Sostenibilidad (Peas) por parte de la UNR. La misma nuclea a todos los equipos de investigación de la universidad para producir conocimiento en el campo ambiental, a partir de los incendios que se vienen sucediendo en las islas frente a Rosario desde febrero de 2020. La Peas permite que toda producción de saber por parte de investigadores de la UNR se ponga a disposición de otros equipos de investigación de la universidad.
Al respecto, Verzeñassi dice: “Fue clave la decisión política de la universidad de avanzar con esta plataforma. Por primera vez en mucho tiempo podemos pensar en una acción que no depende de una sola disciplina”.
“Se ve una reacción ante lo que está pasando, convocando a todos los investigadores para un fin. Una política muy interesante de la universidad de que ante problemas complejos, las soluciones tienen que ser complejas y tiene que haber un análisis desde la transdisciplina”, añade.
La investigación tendrá sus primeras conclusiones en unos meses. Con las problemáticas identificadas, explica Verzeñassi, se darán las reuniones con las autoridades “para intentar buscar soluciones, siempre con la base de memoria, verdad y reparación, para que haya justicia”. “No hay salud de las personas si no hay salud en el territorio. Si el territorio fue dañado, tiene que haber un proceso de reparación para que se mejore la salud de las personas”, concluye.