Jueves 14 de Julio de 2022
"El gran problema es que la gente va a los cementerios con la cabeza gacha y es el único lugar al que hay que ir con la cabeza en alto, porque si no te perdés las fórmulas y los mensajes de los que ya caminaron antes que vos". El secretario de Cultura de municipio, Dante Taparelli, atesora la frase que alguna vez le fue dicha desde siempre. La idea de que el destino del Cementerio El Salvador es el de trascender su función de camposanto comenzó a delinearse tiempo atrás, la recogió hace ya más de 14 años y plantó esa semilla abriendo puertas a través de visitas guiadas que volvieron a poner en valor la obra artística que el predio atesora, pero que también corrió los velos de los prejuicios para poner sobre la mesa la necesidad de hablar sobre la muerte y así también sobre la vida. "Esa semilla ya germinó", afirma para contar que ya trabaja en hacer del El Salvador cementerio museo. "El Museo de las Memorias", lo presenta.
El proyecto es de largo aliento, "por lo ambicioso", dice el funcionario, que aclara que eso para nada significa grandes erogaciones de dinero, sino un proceso a largo plazo que se propone hacer que toda la ciudad "se haga cargo" de ese espacio que a su criterio alberga un patrimonio artístico no solo imposible de reproducir en la actualidad, sino además "de un valor que es incluso mayor al de los principales museos de la ciudad", afirma.
Eso, en concreto, significa no solo aportes de privados, sino la firma de convenios con diferentes sectores de la ciudad, desde el Rotary Club hasta las cámaras de la Construcción y de Empresas Fúnebres, para que "todos pongan de su parte", agregó. Incluso la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) comenzará a dictar una cátedra sobre arte fúnebre, adelantó.
Lo cierto es que la meta es por primera vez en más de 165 años generar una intervención integral sobre las obras que alberga el predio de Ovidio Lagos, nada menos que toda la obra de Luis Fontana, el padre del aclamado Lucio, que, en palabras de Taparelli, "seguramente ayudó a su padre y metió mano en esos trabajos antes de convertirse en quien fue, también junto a Giovanni Scarabelli (otro inmigrante italiano radicado en Rosario que llegó a dejar su marca en el Salvador convocado por el propio Fontana)".
"La maravilla de esas obras es que el 80 por ciento de ellas fue realizada en la ciudad, es cierto que con materiales traídos de Italia, pero son tesoros hechos en Rosario que incluso se replicaron en otros lugares del mundo", detalló Taparelli. Y cuenta la historia del Cementerio de Paysandú, en Uruguay, desde donde requirieron a los artistas copias de las esculturas de Fontana y Scarabelli, copias realizadas en yeso, que fueron destinadas a ese camposanto y de las cuales las originales en bronce o mármol italiano se encuentran en el Salvador.
Poner en valor y en resguardo
El proyecto ya se está gestando es en uno de los galpones que el cementerio tiene dentro de su predio, un espacio de enormes dimensiones y similar a una de las naves de los galpones portuarios de la franja del río, donde ya se trabaja con la Secretaría de Obras Públicas para instalar allí un espacio de usos múltiples que además será taller.
"Allí habrá espacio para charlas y conferencias, mientras en paralelo se llevan a ese lugar las obras de los panteones que deben recuperarse, y se hacen los trabajos de albañilería", explicó y lo sintetizó como "un taller davinceano", en referencia a Leonardo Da Vinci.
Además, adelantó que ya fue donada una decena de andamios de altura para poder llevar adelante justamente las tareas de reparación de los pequeños edificios-tumba, que en la mayoría de los casos sufren filtraciones y múltiples problemas por el deterioro.
Las restauraciones de las piezas serán llevadas adelante por los propios integrantes de los equipos de Cultura. "Es un proceso inmenso que empezamos y que no sabemos cuándo va a terminar", adelantó el funcionario.
Lo cierto es que, además de poner en valor centenares de obras, la apuesta es protegerlas. Cada una de las piezas, una vez restauradas y puestas en condiciones, tendrá un código QR para poder mantener la trazabilidad de las mismas.
Los robos en el cementerio de obras de arte y no solo de pequeñas placas de bronce fueron una constante en el camposanto. "Se han llevado esculturas de varios metros de alto, piezas que no se roban así nomás, por lo menos cinco obras de Fontana", dijo el secretario, que además se propone elaborar un registro de lo robado, fundamentalmente las piezas de gran tamaño y valor.
"Ese registro será entregado a Interpol para intentar su recuperación, pero al menos lo que buscamos es que con la trazabilidad, eso que sucedió, no suceda más", afirmó.
La semilla y el brote
Taparelli está convencido de que abrir las puertas del cementerio a las visitas guiadas, una propuesta que la ciudad sostiene hace más de una década en diferentes formatos es "lo mejor" que hizo. "Más que las ferias que generan trabajo, más que todo", ratifica sobre esas experiencias ininterrumpidas que asegura que "las más de las veces se fueron recomendando en el boca a boca y que muestran la necesidad que había de hablara con verdad, que se revelara el idioma del arte y se hablara de la muerte más allá de las religiones".
Es en ese sentido que Taparelli habla del El Salvador como "el más grande Museo de las Memorias de la ciudad, todo lo que hacemos los vivos, el sexo, las risas, los amigos, las tragedias, las navidades y cada experiencial vital también está allí por que los están allí lo vivieron y eso de alguna manera sigue estando en ese espacio en las grandes obras, pero también en las pequeñas lápidas que se colocan para que no caigan en el olvido, aunque eso sea indefectible con el paso del tiempo".
Por eso, además de recuperar la idea y el proyecto de poner en marcha en La Piedad un vivero donde se siembren árboles, y remozar los puestos de flores que históricamente están ubicados obre el ingreso de Ovidio Lagos, también se propone devolver al Día de los Muertos, a través de un proyecto en el Concejo Municipal, un lugar central y vital en el calendario.
"Es un acto de justicia para la memorias recuperar esa fecha", señaló el secretario, que se propone que sea un día de conciertos durante la mañana, la tarde y la noche en el camposanto, lectura de poesías y visitas guiadas simultáneas y una propuesta que buscar desmitificar la muerte acercando a los chicos.
"La idea es tomar el proyecto que se lleva adelante en Chile, Me Muero por Jugar, que no es más que un trabajo con los alumnos de las escuelas que visitan el lugar, copian los epitafios de las tumbas y a partir de eso realizan trabajos literarios. Porque si de algo se trata es de exorcizar el miedo que nos inculcaron", señala.
Aunque lo reconoce como un proyecto "monstruoso por su dimensión porque son centenares de obras", el secretario de Cultura está convencido de que se trata "un paso fundante en una nueva manera de tratar los cementerios" y vaticinó que "cuando pasen algunas generaciones, ya no se puedan inhumar en El Salvador y esos enormes edificios desaparezcan para ser osarios, tendría que avanzar allí el verde y el parque. Todo lo que hay allí es memoria, abono para nuestra memoria, esfuerzo por recordar y detrás de eso vamos".