La Ciudad

¿Quiénes cuidan? La vuelta a clases reedita el debate del trabajo doméstico no remunerado

La docente de la UNR María de los Ángeles Dicapua apunta que en los protocolos establecidos "no hay mirada de género"

Lunes 22 de Febrero de 2021

Más de 90 mil alumnos de toda la provincia volvieron este miércoles a clases. Y el 15 de marzo está previsto que se ponga en marcha el ciclo lectivo 2021 con un sistema que alternará semanalmente presencialidad y trabajo en sus casas. Ese movimiento masivo de niñas, niños y adolescentes vuelve a sacudir todas las estructuras de cuidado en general y en particular, dentro y fuera de los hogares. Coordinación de horarios escolares y laborales, mayor carga para la organización y planificación de la asistencia de los chicos, quién los trae y quién los lleva, con quién se quedan, quién los asiste en las tareas escolares, quién garantiza comida y ropa limpia. Un esquema que los feminismos venían poniendo en cuestión ya en la previa a la pandemia, que se exacerbó desde marzo de 2020 y que ahora el retorno escolar vuelve a poner en crisis. Tal es así que para la investigadora, docente y directora del Centro de Investigaciones y Estudios del Trabajo (CIET), María de los Ángeles Dicapua, "no hay ninguna mirada de género en cómo se está pensando el regreso a las aulas".

La estructura tradicional hace rato se resquebrajaba, pero la pandemia de coronavirus la puso en carne viva. La agenda priorizó el debate el día que los chicos dejaron de asistir a las escuelas, espacios de formación y socialización, pero también de cuidado. De hecho, uno de los primeros decretos presidenciales de esos días dispuso que quienes tuvieran a su cargo chicos en edad escolar podían acceder al beneficio de una licencia en sus trabajos. Y ahora, con en el retorno a la escolaridad, otra medida definió que los adultos a cargo tendrán justificada la inasistencia al trabajo cuando sus hijos tengan clases virtuales y tareas en el hogar.

El Ministerio de las Mujeres conformó desde el inicio de 2020 una mesa de cuidados que buscó mantener a lo largo de todo el año pasado la perspectiva en la agenda en el marco de las medidas que se fueron tomando tanto en tiempos de aislamiento como de distanciamiento y busca avanzar ahora en la elaboración de una ley que crea un sistema integral de cuidados. Todo, en el mismo año que por primera vez en el país se midió oficialmente el aporte del trabajo doméstico y de cuidados no remunerados y resultó que representa el 16 por ciento del Producto Bruto Interno. Una labor que hacen gratuitamente las mujeres dedicando más de 96 millones de horas diarias.

Protocolos sin perspectiva

Lo cierto es que para la vuelta a la escuela hubo replanificación hacia adentro de los grupos familiares y aún hay muchas incertidumbres sobre el inicio del ciclo 2021 el 15 de marzo. Si bien los lineamientos generales para ese proceso resultaron del Consejo Federal de Educación fue el Ministerio de Educación santafesino el que trabajó en los detalles en las escuelas de la provincia.

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“Cuando se pensó la vuelta a la escolarización no se lo hizo desde una perspectiva de género y eso salta a las claras viendo los protocolos establecidos, donde no hay mirada de género sobre quienes son las que hacen las tareas de cuidado", afirmó Dicapua.

La investigadora explicó “a diferencia del tiempo de trabajo que se cuantifica, tiene un inicio y un fin y una paga, eso no pasa con el trabajo de cuidado que aparece como infinito, se invisibiliza y no se valoriza socialmente y por lo tanto tampoco tampoco se valoriza como mercancía”.

"Ese trabajo lo hacen mayoritariamente las mujeres de acuerdo a la división sexual del trabajo y lo hacen sobre un cuerpo que también tiene necesidades, pero ahí aparece lo cultural y esa marca de las madres que siempre priorizan a sus hijes, nunca dicen que no, el cuidado parece ilimitado”, dice Dicapua, e insiste con una pregunta: “¿Quién cuida a las y los que que cuidan?”.

Ese escenario, que recién en los últimos años puede enunciarse a través de los andamiajes teóricos que van construyendo las economía feministas, se profundizó con la pandemia y sobre todo, la suspensión de la presencialidad de las clases y la necesidad de otros adultos que no son los maestros y profesores acompañen los procesos de aprendizaje de los alumnos.

De hecho, a mediados de 2020, la Evaluación Nacional del Proceso de Continuidad Pedagógica durante el Covid que llevó adelante el Ministerio de Educación de la Nación conjuntamente con Unicef evidenció entre otros muchos datos que en el 88 por ciento de los casos quienes acompañaban el proceso de los chicos eran mujeres y apenas un 12 por ciento eran varones.

Por eso, la vuelta al aula es mucho más que eso. Y así lo consignó semanas atrás la directora nacional de Economía, Igualdad y Género, Mercedes D´Alessandro. La funcionaria señaló que “más de la mitad de los/as trabajadores/as ocupados/as tiene hijes en edad escolar” y agregó: "El debate sobre la apertura/cierre de escuelas es también sobre la jornada laboral. La presencia de niños/as y adolescentes en el hogar y la tele-escuela requiere más cuidados y más tiempo”.

Pobres y pobres de tiempo

Todo eso hace no solo que las mujeres sean más pobres. Más pobres son sus salarios, también más pobres sus jubilaciones y en su tiempo libre. Ya lo eran antes de la pandemia, tal como lo mostró el estudio hecho por la Usina de Datos de la Universidad Nacional de Rosario en el estudio "Desigualdades de género en números" donde se registra que tienen trabajos más pobres, están más subocupadas y más desocupadas y tienen menos acceso a la seguridad social. De hecho, cuando un varón cobra un promedio de 100 pesos por su salario, una mujer cobra 65,3; una desigualdad que se replica en las jubilaciones: cada 100 pesos que percibe un varón jubilado, una mujer jubilada apenas accede a 65.

Eso a su vez se traduce en tiempo: el 88,9% de las mujeres participan de las tareas domésticas no remuneradas y les dedican en promedio 6,4 horas diarias, mientras que solo el 57,9% de los varones participa en estos trabajos, a los que les dedican un promedio de 3,4 horas diarias, según los datos actualizados por la Dirección de Economía Igualdad y Género.

Ese escenario es transversal a las diferentes clases sociales. En los barrios populares si las madres trabajan son las abuelas, vecinas o hermanas mayores las que quedan al cuidado de los chicos con todas las implicancias que eso tiene sobre esas cuidadoras. Las asalariadas, en algunos casos, pueden tercerizar los cuidados las más de las veces a través de otras mujeres o también son la abuelas quienes lo hacen gratuitamente. Como sea, también allí son más pobres que sus pares varones.

En el marco de la pandemia el sector salud sufrió fuertemente el impacto. Según datos de la Cepal, las mujeres representan el 72,8% del total de personas ocupadas en ese sector en la región, una población sometida a condiciones de trabajo extremas, como extensas jornadas laborales y mayor riesgo de contagio sin dejar de estar a cargo de las tareas domésticas que a diario hacen en forma gratuita.

Discriminación negativa

Si bien la directora del CIET reconoce las licencias otorgadas por el Estado para el cuidado de niñas y niños, pero no deja de señalar que “esas son licencias que claramente toman más las mujeres y terminan en los fenómenos distorsivos que afectan su carrera y trayecto laboral, porque ratifica el imaginario que si tenés una mujer en edad reproductiva y con hijes no se las asciende en sus puestos de trabajo porque son un problema. Eso es lo que mantiene el techo de cristal para las mujeres y los puestos claves están vedados para las mujeres por esa calidad de cuidadoras”.

De hecho, para Dicapua esto ya aparece entre las licencias por maternidad. “Hasta que ante el nacimiento de un hijo la idea de cuidado no sea para ambos progenitores y se reformule la ley de contrato de trabajo otorgando a ambos la misma licencia en forma obligatoria para padre y madre, no se va terminar la discriminación negativa hacia las mujeres. Lo mismo en los casos de las licencias para les hijes enfermos”, agregó.

Lo cierto es que para la planificación de las políticas públicas se requieren estadísticas y si algo escasea son los datos que permitan hacer un análisis del escenario, incluso en el marco de la pandemia y las estrategias para la reorganización de las actividades.

De hecho, La Capital solicitó a varias reparticiones del Estado, una clave como el ministerio de Educación provincial, el número total de agentes licenciados y cuántos por cuidado de niños, pero no se obtuvo respuesta. Solo el Ministerio de Seguridad aportó algunos datos que indican que el 36 por ciento del personal civil accedió a licencias Covid y en los casos que se solicitaron por cuidado de hijas e hijos, el 70 por ciento fueron mujeres.

El municipio consignó datos aproximados y generales que indican que del total de su planta se otorgaron licencias especiales a unos 2.300 agentes, de las cuales se estima que el 20% fueron por cuidado de niños en edad escolar; en tanto, en el Concejo Municipal, 7 empleados solicitaron quedar exceptuados de sus actividad y todas fueron mujeres. Menos accesibles aún son las cifras disponibles del sector privado.

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