Se trata de Elsa Raimondi, la primera neuróloga egresada de la provincia, alma mater de "Mielina Flashmob". Su pasión por la escritura, el senderismo y la fotografía
Domingo 31 de Marzo de 2024
"Hice toda la carrera de Medicina con la Sinfonía Nº 5 de Beethoven", revela la médica neuróloga Elsa Raimondi, quien encabeza un exigente y particular proyecto de música clásica denominado Mielina Flashmob, una serie de episodios sinfónicos que reúne a músicos de la Orquesta Sinfónica Provincial y Ensamble Municipal de Vientos en plena vía pública con el objetivo de promover el bienestar y la alegría de los rosarinos y rosarinas en medio del clima hostil.
El objetivo de esta médica, una de las primeras neurólogas de la ciudad y la provincia, es difundir su pasión por las melodías clásicas —y populares reversionadas con instrumentos de Cámara— en un instante espontáneo, sorpresivo y en un lugar determinado pero a la vez itinerante como suele suceder en otras partes del mundo. Un repaso por la trayectoria de una profesional, escritora, amante del senderismo y aficionada de la fotografía, que tuvo que convencer a una monja en el viejo Hospital Carrasco y soslayar las morales de época para poder ejercer una profesión por entonces artesanal y de hombres.
En diálogo con La Capital, Elsa confiesa que acaba de llegar estresada del centro a su casa ubicada en barrio Echesortu porque el viaje que no le suele demandar más de 15 minutos en colectivo, demora más de la cuenta entre la falta del transporte urbano de pasajeros por la psicosis colectiva que atraviesa una ciudad signada por la violencia y las amenazas que siguen poniendo en jaque a la sociedad.
Mielina Flashmob
Sin embargo, se la escucha optimista y con energías de generar cosas positivas como la que logró cranear en el tramo final de la pandemia de coronavirus, donde la encontró escribiendo un libro de viajes para mantener sus neuronas activas y en sinapsis permanente, a modo de no caer en crisis subjetivas o malestares propios del encierro ocasionado por el extenso aislamiento social que gran parte de la población acusó por ese entonces.
"Esto lo empecé a pensar hace como dos años más o menos; me gustó hacer esto para salir de estas pálidas que tenemos, que no haya tanto de estar pendiente de las cosas que suceden", revela en relación al proyecto sinfónico que promueve con la colaboración de Jonatan Bravo, integrante de la Orquesta Sinfónica Provincial y del Ensamble Municipal de Vientos, y de Ariel Olivieri, hijo de una colega amiga fallecida. En ese lapso comentó que padeció dengue y esos achaques la mantuvieron "achanchada un tiempito" —tal como ella defina con comicidad—, pero luego pudo activar para volver a tener objetivos y proyectos pese a haber dejado la profesión y el cargo en la Facultad de Medicina.
"Hicimos algunas presentaciones, pero la del sábado fue la primera vez que estuvimos todos los músicos, más o menos como pretendíamos, así que esperamos poder seguir en ese sendero", comenta respecto a la tercera presentación de Mielina Flashmob llevada a cabo el pasado sábado, a las 11.30, en el cruce de las peatonales.
"Flashmob es un movimiento que surgió hace un tiempo y significa la presentación de un espectáculo espontáneo y sorpresivo, donde los músicos van apareciendo de a uno, dos o tres en público y se van sumando y ejecutando distintas piezas hasta que en un momento se retiran como si nada hubiera pasado", explica respecto a la denominación del proyecto.
En este tercer instante espontáneo y sorpresivo sonaron temas tales como Bolero (Maurice Ravel); Danza Ritual del Fuego (Manuel de Falla); Caballería Ligera (Von Suppé); Tritsch Tratsch (J. Strauss); Obertura 1812 (Tchaikovsky); Toreadores de la Ópera Carmen (George Bizet) y Hava Nagila (alegrémonos, en hebreo).
En tanto, la primera puesta en escena fue el pasado 6 de octubre de 2023 en peatonal Córdoba entre Entre Ríos y Corrientes. Allí tocaron un quinteto de metales y un quinteto de cuerdas e interpretaron obras tales como Obertura 1812 (Tchaikovsky); Toreadores de la Ópera Carmen; Viva la Vida (Coldplay) Hava Nagila.
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La segunda ocurrió en plena devaluación y a poco de celebrar la Navidad, el 20 de diciembre en peatonal Córdoba entre Mitre y Entre Ríos. Allí sólo tocó un quinteto de metales y percusión. Tocaron: Obertura 1812; Toreadores de la Ópera Carmen; Chatanuga Choo Choo (Glenn Miller); El Gato Montés y Hava Nagila.
"Fue un día de mucho viento y con un clima combulsionado por las marchas contra el gobierno por el ajuste que lleva adelante", recuerda Elsa al acotar que a las chelistas de la banda se volaban las partituras y el ambiente no era del todo acorde para poder tocar en paz y armonía.
"Se vio gente bastante entusiasmada, se notó que a la gente le gustó. No salió todo lo que pretendíamos, por eso estamos viendo algunos otros espacios. Esto estaba proyectado para el 9 de marzo, pero por la lluvia lo postergamos dos veces", comenta respecto a estar tercera presentación en público.
Ludwig Van Beethoven, una compañía en su etapa de estudiante
Elsa afirma que estudió prácticamente toda la carrera de Medicina con el célebre pianista y profesor alemán. "Estudié medicina escuchando la quínta sinfonía de Beethoven soy fanática; es, por lejos, el mejor de todos y le llevó siempre varias cabezas al resto, fue un genio por todo lo que tuvo que superar y el legado musical que dejó para la posteridad, por eso lo admiro", resalta con elocuente admiración hacia el músico.
A su vez, afirma que la música clásica siempre lee gustó, que va a los conciertos cada vez que puede. "La moderna realmente no la entiendo, por eso no podría decir si me gusta o no", confiensa con simpatía.
La primera neuróloga de la provincia en ejercer la profesión
Si bien hay versiones que la señalan como la primera mujer en recibirse de neuróloga en Rosario y la provincia, Elsa asegura que no lo recuerda y tampoco lo tiene berificado, pero sí se enorgullece de ser la primera en muchos aspectos. "Fui la primera médica mujer en ingresar al Centro Unión Dependientes (Paraguay al 700) y primera mujer en ingresar por concurso a realizar prácticas en el Hospital Carrasco".
Esos lauros los refrenda al recordar que antes estos lugares públicos estaban a cargo de monjas, quienes "no querían saber nada" con el ingreso de mujeres a este tipo de instituciones, propio del clima machista de época que se vivía en otras décadas. "Cuando la madre superiora se enteró no le gustó nada: éramos seis, cinco varones y yo. La verdad que no sé que habrá pensado, pero yo venía de estudiar y estudiar y quería ejercer mi profesión, después la monja quedó muy contenta y todos felices", rememora con alegría.
Después de superar esos escollos Raimondi ingresó a la Sala de Neurología (Sala 3) del Hospital Centenario para completar su formación como neuróloga. "Antes no había un sistema como el de la actualidad y debíamos cumplir con cuatro años de concurrencia y recién ahí el Colegio de Médicos te certificaba como especialista", recuerda.
También comenta que hasta hace dos años atrás fue directora de la carrera de la especialización en Neurología de la Facultad de Medicina de la UNR, en el hospital Centenario hasta que decidió dejarle un lugar a quienes ya venían preparándose con ella.
Respecto al perfil del médico, Elsa considera que hoy la medicina se desarrolla "mucho más rápido y menos artesanal".
"Antes en mi especialidad si no lo tenía una hora hablando y revisando, no llegábamos a nada porque no había tomografía. Entonces nos arreglábamos con otras herramientas, conversando e inspeccionando toda la información posible a la hora de plantear un diagnóstico", asegura para apuntar que "las cosas eran distintas, los médicos están corriendo de un lado para otro porque no les alcanza para vivir".
Escritora, senderista y fotógrafa aficionada
Además de su especialidad en el consultorio, Elsa también se dio espacios para escribir y realizar aportes en semiología clínica, que era una de sus herramientas con las que atendía a sus pacientes por aquellos tiempos cuando no existían las tomografías ni resonancias magnéticas u otros estudios complementarios en base al avance de la tecnología.
"Escribí algunos capítulos en el libro de Semiología Clínica (Alberto Muniagurría y Julio Libman)", apunta con cierta modestia y humildad, al tiempo que menciona algunas "colaboraciones en la carrera de Gerontología", y sus dos escritos "Cefaleas en la práctica clínica" (Corpus).
"En pandemia me puse a escribir, y después escribí en ese lapso «Relatos viajeros» (Homo Sapiens), un libro sobre mi experiencia en senderismo por el sur porque es una actividad que me encanta y por eso quise conocer el monte Fitzroy y el cerro Torres; y aparte soy aficionada a la fotografía", completa Elsa, ya jubilada de su profesión pero en constante movimiento y proyectos.