La ciudad

"¡Qué porquería es el virus!"

Mientras nenes y nenas explican de qué se trata el coronavirus, dos psicólogas y educadoras analizan el decir de la infancia.

Miércoles 08 de Abril de 2020

Los adultos analizan la pandemia y no dejan de buscarle la vuelta al coronavirus, pero muchos nenes y nenas ya definieron de qué se trata. Es un "bicho", afirman. Y no sólo eso: lo culpan de varios trastornos que les trae la diminuta "alimaña" a sus vidas por estos días. Algunos incluso lo expresan casi con el mismo fastidio con el que hace décadas un alumno uruguayo se refirió al sistema circulatorio dando lugar al título del libro de José María Firpo: "¡Que porquería es el glóbulo!".

Y a las voces de los chicos y chicas compiladas para esta nota, les "prestan oreja" atenta las psicólogas de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) y educadoras, Liliana Gorosito y Guadalupe Aguirre.

Tiziana, de seis años, tiene claro que la bestia en cuestión es femenina. La llama "la coronavirus" y tiene certezas de cómo se la puede atrapar y lo grabó un audio que su familia compartió por wasap.

"Podemos salir a atrapar la coronavirus con la aspiradora. Agarramos un tarro de vidrio, metemos a la coronavirus, después la tiramos al mar, con mucha fuerza así se rompe el vidrio y la coronavirus se ahoga y nunca más va a existir".

Juana, de 10 años, acusa al bicho de sus momentos de aburrimiento durante la cuarentena. "Nunca quería ir a la escuela pero ahora la extraño", confiesa la nena que apunta al virus como responsable de que "toda la casa" que ocupa con su mamá y su hermano huela como "las piletas en verano".

En el barrio qom de Travesía, María ayuda con las tareas a un vecino que se llama Thiago y tiene seis años y a un sobrino, Felipe, de 11.

El más chiquito cursa primer grado y aventura, con una crudeza que a veces cae sobre su propia comunidad aborigen, que la culpa de toda la pandemia "la tiene el supermercado chino de la avenida", ubicado a dos cuadras de su casa.

Sara de cuatro años lo llama "vidius" y a pesar de que todos hablan del coronavirus como una amenaza planetaria ella augura que "todo va a estar bien" y hace un arco iris sobre el tema.

El mundo de Renata, de cinco años, también se circunscribe al "bicho". En un momento la mamá la mandó a bañar y ella preguntó:

— ¿Por qué mami, por el coronavirus?

— No Renata, porque estás mugrienta.

Y entre tantas expresiones está la imagen varias veces viralizada en las redes de Felix, de tres años, quien le pidió un regalo al presidente Alberto Fernández por haber cumplido con todas las premisas del cuidado, que conoce al pie de la letra.

"Hola presidente, cuando termine el virus... no voy al jardín, me lavo las manos, no salgo a la calle, me porto bien, cuando termine el coronavirus, soy Felix Conti, cuando termine el coronavirus me das un premio", dice el chiquito que es hijo de la pareja televisiva experta en estar aislada en el programa Gran Hermano, conformada por Gustavo Conti y Ximena Capristo. El video se viralizó en las redes.

Escuchar a la infancia

Este es sólo un puñado de voces. Una miscelánea que lleva a recordar la extraordinaria obra del maestro uruguayo José María Firpo, quien por 40 años y minuciosamente juntó escritos y expresiones de sus alumnos y los volcó en el "¡Qué porquería es el glóbulo!", editado en la década del ?70 por Editorial De la Flor.

El título surgió de la expresión espontánea de un alumno. Aunque hay muchas definiciones más referidas a diversos temas: desde el sol y la luna, hasta qué es un perro o un caballo.

Pero si se trata de recordar algunas en torno a temas científicos valen tres en torno al átomo: "Es una cosa que cuando se amontona explota", "el maestro está compuesto de átomos pero tiene más que nosotros" y "un suponer, yo no puedo ir a una farmacia o a una fábrica y pedir que me vendan átomos, cuestan mucha plata, y aquí no tienen nada para vender, y además, ¿para qué los quiero?".

Docente de educación inicial por 35 años, psicóloga, abuela y ahora también integrante de la banda "Clave de luna" de música para bebés, Liliana Gorosito sostiene que en estas frases, incluso en torno a una pandemia, hay siempre "una filosofía increíble".

Para ella es "un regalo y privilegio" que debería poder hacerse cualquier adulto y docente. Claro que al momento de analizar la escucha a la infancia ella marca diferencias.

"Es muy difícil el tiempo y las posibilidades de escuchar a un niño o niña de una familia de un barrio popular preocupada por su sustento cotidiano, a otra de clase media o media alta". "Porque en las realidades más vulnerables, agrega Gorosito, los adultos, entre otras cosas, se organizan para ir a buscar alimento a un comedor y los niños son parte de esa situación".Pero si bien los encuadres de la escucha son diferentes, la psicóloga invita a todos los adultos, a aprovechar el aislamiento para empaparse del hábito de prestarles oreja a los niños y niñas de la casa. "Porque también es cierto que no todos los adultos nos encontramos en condiciones psíquicas disponibles para escuchar, aun los más beneficiados económicamente pueden estar acorralados para esto. Ojalá todos puedan darse el gusto", con un tiempo más tranquilo que al de fuera de la pandemia cuando muchos adultos intentan escuchar mientras cocinan o corren con los pibitos a distintas actividades.

"Si los adultos estamos muy ansiosos o angustiados por este presente o cosas previas, seguramente no podrán saborear esas palabras que tienen una lógica y frescura limpia de nuestros registros adultos; nosotros sí sabemos de muertes, catástrofes y otras pandemias; los chicos están despojados de esto", sostiene Gorosito.

La psicóloga, ahora en papel de abuela, contó la propia experiencia que vivió con sus nietos. "Pedro, el que tiene casi tres años, va mostrando su puño cerrado diciendo que va a matar «a ese bicho que da tos y fiebre», y Mora, de nueve años, habla menos del tema pero se enjabona las manos y canta una canción hasta que les quedan las manos bien limpias. Esto tiene que ver con la etapa de desarrollo de cada uno y las características de su individualidad".

Para Gorosito, no sólo escuchar a los chicos es "una delicia" sino también observar cómo se acomodan a duras realidades. "Una vez un chiquito, en medio de una familia que había perdido a un ser querido y veía a todos tristes preguntó: «¿Y por qué no se desmuere?», una muestra de una lógica de los chicos que les da oxígeno en los duelos", concluyó.

Dar lugar a la palabra

Para la docente de la UNR en la cátedra de Psicología en Educación, Guadalupe Aguirre, hay que atravesar este momento de pandemia en clave de excepcionalidad. "Nadie está tanto tiempo con otros las 24 horas. Por eso se complica también la escucha a las niñas y niños que muchas veces es dada por la escuela o los espacios de educación no formal y ahora sólo puede dar la familia. Y en los barrios populares un dato que queda evidenciado en el caso de María, su vecinito Thiago y su sobrino Felipe haciendo juntos las tareas: acá los lazos y las redes comunitarias son vitales también, al momento de ayudarse a cuidar a los chicos, a cocinar para todos. Este es un momento disruptivo y si algo podemos hacer para velar por ellos es no sobrecargar a los chicos y adolescentes, ni de actividades ni de tareas", dice Aguirre.

Es que para ella este panorama "inédito y de ciertas características traumáticas" nos a afecta a todos y a todas a nivel de salud mental. "Es una situación que nos genera miedo, angustia, ansiedad, dificultades para concentrarnos y es comprensible si de golpe cambian los horarios y tenemos sueño porque no podemos dormir. Nos puede poner irritables, a quienes son adolescentes puede rebelarlos, pero quienes educamos tenemos la responsabilidad ética de cuidarlos y escucharlos. Debemos tenerlo en cuenta, debemos darle lugar a este malestar, ya que el exceso de actividades muchas veces tensionan las relaciones entre padres, que no son docentes, con sus hijas e hijos. Es mejor darnos más tiempo de escucharlos y que nos escuchen, que estar todo el tiempo haciendo tareas. Y si nos ven mal, explicarles por qué estamos nerviosos para que no nos conectemos con ellos sólo desde el enojo y así entablar otra forma de comunicarnos", remarcó Aguirre.

Y agrega. "Algunos dicen que está todo bien con el aislamiento, cada uno, cada una, hace lo que puede, pero sin dudas no son vacaciones. Hay que aprovechar y hacerles lugar a las expresiones de los chicos".

Como sugerencia Aguirre habla de cuentos, dibujos y juegos que también pueden encontrarse sin demasiadas complicaciones ni costos para las distintas realidades sociales en la Televisión Pública o Canal Encuentro.

"Allí hay buenos contenidos de entretenimientos y educativos, pero además hay que dejar a los chicos que se aburran un poco sin miedo, eso sí, armarse de paciencia, mucha más paciencia".

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