Miércoles 16 de Noviembre de 2022
La Asociación Civil Comunidad Islera _que representa a productores ganaderos de las islas del delta_ subió a sus redes sociales un video que muestra una gran mancha grisácea que se extiende sobre la ribera del Paraná, a la altura del parque de la Arenera. La imagen, tomada un día de lluvia, está acompañada de una sugestiva frase: "Rosario. Sus cloacas. Pero la ganadería de isla", haciendo alusión a los problemas ambientales que padece la ciudad.
Más allá de la ironía, la imagen tomada desde una de las torres de Puerto Norte es impactante. El video capta el desagüe de los conductos del Emisario 9 que, los días de lluvias intensas, arrastran tantos sedimentos que cambian la coloración del río.
El Emisario 9 es un ducto troncal que cruza la ciudad de oeste a este, asegurando el escurrimiento pluvial y cloacal de Funes y el oeste y el norte de Rosario.
La salida del desagüe se encuentra a la altura de avenida Francia, frente a la rotonda donde se montó la escultura del Barquito de Papel, en el parque de la Arenera.
Según explicaron desde Aguas Santafesinas, cuando se produce el ingreso del agua de lluvia a través de la red pluvial, el mayor caudal arrastra sedimentos que están en los conductos y que cambian la coloración del agua.
De todas formas, desde la empresa que brinda el servicio de agua potable y saneamiento, aclararon que las tomas de las plantas potabilizadoras están aguas arriba de los emisarios, por lo que no hay forma de que esas descargas interfieran con la calidad del agua de la ciudad.
La construcción de una planta de tratamiento de los residuos cloacales es una gran deuda de infraestructura que tiene la ciudad que sigue vertiendo sus líquidos cloacales crudos al río sin ningún tipo de depuración. Si bien la obra fue varias veces proyectada y anunciada, nunca llego a concretarse.
Voceros de Aguas aclararon que la empresa cuenta con proyectos y anteproyectos para la construcción de plantas de tratamiento de los líquidos cloacales del conglomerado Gran Rosario y que las iniciativas se reactivaron en los últimos tres años.
Tal como lo reflejó una nota de La Capital de agosto del año pasado, se calcula que en la actualidad unos 345 millones de litros diarios de líquidos cloacales van directamente al Paraná desde los inodoros, bachas y rejillas de cada uno de los inmuebles del departamento Rosario donde viven un millón y medio de personas.
La última bajante del Paraná exhibió el mismo problema. El retiro del río obligó al municipio a reparar cuatro conductos de desagües que estaban notablemente deteriorados. Si bien los ductos de de calle Piaggio, Vieytes, Gallo y Perdriel fueron proyectados para transportar agua de lluvia, también transportaban las descargas cloacales de viviendas que se habían conectado en forma irregular.
Las autoridades de Aguas insisten en que el Paraná es tan caudaloso que tiene la capacidad para autodepurarse. Sin embargo, el impacto ambiental de arrojar al río esos desechos no es nulo.
En el Concejo Municipal se presentaron varios proyectos para que el municipio desarrolle un proyecto de ingeniería para la construcción de plantas de tratamientos de afluentes con el fin de evitar que se sigan arrojando líquidos cloacales al Paraná sin una depuración previa.
El último, lo presentó en mayo de este año la concejala peronista Silvana Teisa reclamó la construcción de una planta de tratamientos de afluentes cloacales antes de que estos desechos sean vertidos, de forma de disminuir “sustancialmente el impacto ambiental”.