Domingo 21 de Mayo de 2023
Luego de tres años de escasas precipitaciones en toda región y la consecuente instalación de condiciones de sequía que provocaron un descalabro en la economía nacional, los hidrólogos están observando un contexto que podría derivar en una situación totalmente opuesta: abundantes lluvias y crecida de los ríos troncales de la cuenca del Plata. Es decir, de Niña a Niño sin escalas. Los pronósticos auguran un período marcado de constantes lluvias de la mano de la crecida del Paraná para el último trimestre del año.
"Fueron tres años de un mismo escenario que terminó y ahora estamos asistiendo a una condición general de la cuenca del Paraná, dentro de lo normal, no así de sus afluentes que aún están marcados por la continuidad de la sequía en todo el país", explicó el ingeniero Juan Borus, del Instituto Nacional del Agua (INA), un organismo científico tecnológico descentralizado que tiene por objetivo satisfacer los requerimientos de estudio, investigación, desarrollo y prestación de servicios especializados en el campo del aprovechamiento y preservación del agua.
"Se observa un calentamiento del Pacífico ecuatorial, contra las costas de Perú y Ecuador, en la banda ecuatorial que va de los 10 grados de latitud norte a los 10 grados de latitud sur. Y está previsto que el calentamiento se desplace hacia el oeste y cubra todo el Pacífico ecuatorial", dijo Borús, quien aclaró: "Lo que no podemos asegurar es con qué intensidad será, por eso seguimos el monitoreo del servicio meteorológico con pie de plomo porque la incertidumbre es grande".
El Niño debe su nombre a la asociación de este fenómeno con la llamada corriente del Niño, una corriente marina cálida, estacional y ecuatorial propia del Pacífico sudamericano que va en dirección de Norte a Sur y que llega a las costas ecuatorianas y peruanas cada 2 a 7 años.
Si bien la situación irá quedando clara a medida que transcurra el año y se asienten estos parámetros, Borús no se anima a hacer una traza de las lluvias que sobrevendrán en los siguientes tres o cinco meses: “Es muy azaroso, porque pueden existir varios condicionantes que cambien la intensidad y el lugar de esas lluvias. Quien haga una previsión de largo plazo en realidad estará haciendo una interpretación que no conviene afirmar abiertamente porque se puede equivocar. Sí es lícito decir que existe la posibilidad de que terminemos el año con aguas altas”.
Y lanzó una advertencia clara: “Quien vive en zonas bajas o, por la duración de la sequía, se ha animado a ubicarse con sus vivienda cerca de los ríos, tiene que tener presente que eso puede cambiar en forma brusca”.