INFORME ESPECIAL

Preservar para reconstruir y mantener viva la memoria

A partir de una vieja placa y tras cuatro años de investigación, se restituirán legajos a familiares y amigos de 41 estudiantes, graduados y docentes de la Facultad de Humanidades y Artes desaparecidos y asesinados por el terrorismo de Estado.

Miércoles 11 de Marzo de 2020

Por más inverosímil que suene, el sótano de la Facultad de Humanidades y Artes guardó claridad durante años. A partir de un "depósito de papeles" que tendría que haber sido un archivo, y de una placa vieja y gastada que recuerda a estudiantes desaparecidos y asesinados, se conformó un programa de preservación propio de la institución que ayuda a reconstruir el pasado y que restituirá, el 19 de marzo, legajos a familiares y amigos de 41 estudiantes, graduados y docentes desaparecidos y asesinados por el terrorismo de Estado. Un legajo o tan sólo un acta de examen pueden ser la punta de un largo hilo que ayude a entramar historias, a echar luz sobre el pasado y a mantener la memoria activa.

El programa de preservación de la Facultad de Humanidades y Artes encontró evidencias materiales de 78 personas: 44 mujeres y 34 varones. "Es la facultad con más desaparecidos y asesinados de toda la UNR (Universidad Nacional de Rosario). Fueron 78 personas que tuvieron una trayectoria, participaron del centro de estudiantes, rindieron materias o hasta recibieron sanciones. Tenemos distintos tipos de huellas materiales de todos y cada uno de estos 78 varones y mujeres", dice Cristina Viano, responsable del programa de preservación.

La restitución será a familiares y amigos de 41 estudiantes, graduados y docentes, aunque la conmemoración corresponderá a 78 personas. Las identidades que completan la lista son de la carrera de psicología, dependiente de la institución de calle Entre Ríos hasta 1988, y los legajos de esas personas se restituyeron en 2011 en una iniciativa similar. "Pensamos en que esto era una sola unidad académica durante ese pasado", expresa Cristina.

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La muestra que organizó la Escuela de Historia de la facultad para conmemorar los 40 años del golpe de estado, en 2016, cuando Cristina era directora, abrió la posibilidad de seguir indagando sobre la historia de estudiantes, graduados y docentes desaparecidos. Así, se formó el programa de preservación de la facultad que comenzó a investigar en toda la institución para intentar reconstruir el pasado de la Facultad de Humanidades y Artes (en ese entonces, de Filosofía y Letras) a partir de evidencias materiales que comenzaron a encontrar.

Una placa de bronce desgastada, recordatorio de desaparecidos y asesinados por el terrorismo de Estado a la entrada del salón de actos de la facultad, fue el comienzo del entramado de historias. "Eso fue una iniciativa que se tomó a fines de los 90 y fue nuestra primera base", cuenta sobre el pequeño homenaje que hizo un grupo de docentes. A eso, Laura Luciani, quien también forma parte del programa de preservación, agrega: "La placa se hizo en base a la memoria. Tuvimos que ir reconstruyendo muchos datos".

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De esa placa pasaron a otras, siempre con la misma metodología: revisando nombres y buscando evidencias materiales, como legajos estudiantiles y fichas docentes. "Empezamos a hacer una búsqueda por todas las dependencias de la facultad", explica Cristina.

Frío y húmedo es el sótano donde una trabajadora no docente de la facultad les indicó que busquen un "depósito de papeles"; tal vez, podían encontrar información que las ayude. Y acá es donde la diferencia entre depósito y archivo se clarifica: "Encontramos cientos de cajas y más de treinta bolsas de consorcio con papeles. Había legajos de desaparecidos, alguna libreta universitaria y un montón de documentación que da cuenta de la vida institucional, política e intelectual de la facultad, en su trayectoria desde el 47 hasta los años 80".

Todas las respuestas no estaban en alumnado, tampoco en los legajos encontrados. Incluso, la búsqueda se ramificó y se cruzaron datos con el archivo del Parque de la Memoria, en Buenos Aires, el Registro Unificado de Víctimas del Terrorismo de Estado (Rutve), colegas y compañeros.

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"Al ver que no todo estaba en los legajos, surgió la idea de buscar actas de exámenes que nos dieron la punta para encontrar otros números de legajos, encontrar allí nombres y volver a buscarlos en alumnado", detalla Laura. Esto sirvió, sobre todo, para los inscriptos previos a 1970, cuando se habilitó un libro de inscripción de alumnos en la facultad.

Además de buscar en carreras que existen hoy, se encontraron con algunas extintas (bibliotecología) y otras que ya se encuentran en otro espacio (comunicación social y trabajo social). "Hay muchas historias que están vinculadas pero no necesariamente tienen que ver con la vida actual de la facultad. Construir eso es, un poco, la tarea que fuimos haciendo", comenta Laura sobre el trabajo de construir la historia de la facultad para entender todos los cambios que ocurrieron.

De ese trabajo, se desprenden historias y experiencias que viven en medio de la búsqueda.

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Por todo eso, Cristina dice que "la práctica de archivo y el diálogo con actores del pasado y el presente es permanente. Hay actas de exámenes que son los únicos testimonios que quedaron del pasado". Y ejemplifica: "Encontramos una estudiante de historia que rindió sólo dos materias: una a finales del 75 y otra ya en dictadura, en el 76. Cruzamos datos con el Parque de la Memoria, figuraba como estudiante de acá y encontramos el legajo. Preguntamos y nadie la recordaba".

Reconstruir y comunicar

Dar la noticia para citar a familiares y amigos al acto no es fácil. El primer impacto es fuerte ya que los entornos de los desaparecidos y asesinados, por la edad, no suelen conformarse por padres o madres: "Nos encontramos con hermanos, hijas, primos, cuñados y amigas que están dispuestos a venir desde muy lejos para participar del acto. Hay un espectro muy amplio de familias que fueron fuertemente castigadas".

"Cuando empezamos a pensar el acto homenaje, no pensamos que nos íbamos a encargar de contactar a los entornos. Esa parte es difícil porque no tiene que ver con nuestro oficio ni disciplina, pero las recepciones fueron muy gratificantes", confiesa Laura.

El equipo de preservación encontró personas, pero también historias y planificaciones a futuro para que la memoria siga viva y activa: "Amalia se graduó en la UBA (Universidad de Buenos Aires), y fue docente y secretaria técnica de la Escuela de Historia acá, en la facultad. Gracias a la directora del centro de memoria de La escuelita de Famaillá (primer centro clandestino del país, en Tucumán) pudimos hablar con sus hermanas y tomaron la restitución muy bien".

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Cristina cuenta que las hermanas de la mujer, que tienen 77 y 75 años, le dijeron que Amalia (hoy tendría 72 años) tuvo una hija en cautiverio. Si bien todavía no saben nada de ella, las hermanas le confiaron al equipo de preservación que "tienen todo preparado para que la próxima generación de la familia, si ellas no logran encontrarla, puedan hacerlo".

Tanto Cristina como Laura detallan la conmoción que les produce encontrar distintas situaciones al hablar con los entornos. Cristina relata que, en ciertos casos, tiene que frenar: "Hubo días en que localicé a familiares de cinco personas. Podía seguir llamando, pero decidí que no podía más porque mi propia subjetividad estaba demasiado atravesada como para seguir ese mismo día".

"Una empieza a entramarse con personas que ni siquiera conoce. Los legajos, o la búsqueda de ellos, nos llevaron a entramar nuestras vidas con historias de personas que no conocimos y con familiares que estamos conociendo para hacer el acto de restitución. Eso me impacta", reconoce Laura.

El 19 de marzo, una parte del trabajo de años del programa de preservación de la Facultad de Humanidades y Artes saldrá a la luz. Las placas desgastadas y el pasado difuso comenzarán a quedar atrás, y la historia será un poco más clara gracias a un trabajo tan necesario como mantener activa la memoria.

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