Domingo 01 de Junio de 2008
Algún que otro colectivo, un trolebus con un solo pasajero, dos carros de cirujas con peso excedido, un solo grupo de jóvenes en todo el recorrido y una mujer golpeando en un quiosco casi a las 3 de la mañana. Esas fueron las únicas formas móviles que se vieron la noche del jueves en las calles vacías y silenciosas. También aparecieron varios taxis libres o con luces apagadas que no siempre siguieron la ruta de los corredores seguros. "Algunos los esquivan", comentaron los policías.
A bordo de los taxis, los pasajeros no estuvieron ajenos a la escena despojada y fría. "Estoy de acuerdo con los controles, nosotros también estamos expuestos a la inseguridad que hay en la ciudad", dijo Daniel, un muchacho que viajaba junto a una joven.
Desde otro taxi, Ana se diferenció. "Me parecen una pavada (por los controles que montó la policía en los corredores seguros). Paso todas las noches por los puestos y paran el taxi en el que viajo, pero los policías no verifican si lo que yo les digo es la verdad", remarcó. Para los agentes, hay más de un dato que les hace profundizar la identificación.
"Es la primera vez que entro a un corredor después de lo que pasó (en referencia al asesinato del taxista Sergio Oberto). Me parece bien lo que están haciendo", dijo Claudio, un taxista. Para Antonio, en tanto, que lleva un mes trabajando de tachero, el control del jueves por la noche fue el primero. "El lunes, si Dios quiere, arranco de día", comentó.
"Ahora hay muchas más patrullas que antes, me pararon en varios lugares de la ciudad", aseguró Carlos, un veterano trabajador del volante.
El control en los corredores seguros involucra a unos cien agentes en diferentes niveles operativos. Entre los pasajeros controlados la noche del jueves y la madrugada del viernes, hubo de todo. Una mujer enojada porque perdía tiempo para ir a un cumpleaños, un hombre que terminó en una subcomisaría para comprobar si decía la verdad y hasta un trabajador que la patrulla acompañó a entrar en España y Flor de Nácar, cuando en Las Flores había corte de luz y el lugar era "una boca de lobo".
Postales que trae la noche de Rosario, cuando la vorágine diaria se detiene y la inseguridad suele pasearse más a gusto. Aunque, claro está, los delincuentes no saben de horarios.