Vía crucis

Postales de Rucci, el barrio que se prepara para recibir miles de fieles

Almaceneros, vecinos y los clásicos vendedores de bidones con agua bendita le contaron a La Capital cómo esperan el encuentro más convocante del año

Jueves 29 de Marzo de 2018

A un día del comienzo de la jornada más convocante de la ciudad, el barrio Rucci se prepara para recibir a los cientos de miles de fieles que llegarán hasta la parroquia Natividad del Señor para ser parte del Vía Crucis más famoso de todos.

Quienes esperan con ansias la llegada de la gente son los comerciantes del perímetro más cercano a la parroquia, quienes esperan que las ventas florezcan a raíz del aluvión de gente.

Como todos los días, Juan José vende bidones para rellenar con agua para bendecir enfrente de la entrada a la parroquia sobre calle Mena. Cada uno sale 30 pesos, y el hombre espera que las ventas sean buenas.

Si bien algunas personas deciden montar puestos durante el mismo día del Vía Crucis, Juan José afirma que ellos están "todos los días, de lunes a lunes".

"Por ahora (ayer), no hay mucha gente. Antes venían con carpas y se instalaban unos días antes, pero ahora vienen todos el viernes. Esperemos que sea un buen día", dijo.

Del otro lado, sobre calle Ortega, se erige un modesto pero provisto kiosco. Es de Fabio, un cordobés oriundo de la ciudad de San Francisco, que vive en el barrio hace tres años pero que abrió hace apenas un mes para la gente que concurre a la parroquia por la tarde.

Junto a su esposa, abrieron el pequeño comercio para sumar a lo que ganan: él en una panificadora de Capitán Bermúdez y ella cuidando de un chico de 11 años.

Consultado sobre cómo tomó la movida al llegar al barrio, aseguró: "Al principio esto era una locura, pero con el tiempo te acostumbrás".

"El padre (Ignacio) es carismático, te llega. Cuando vivía en Córdoba no lo conocía", contó Fabio, quien participó de todos los Vía Crucis desde que llegó a Rucci. Y este no será la excepción.

"Las colaboradoras se cruzan a la tarde a comprar algo y me comentan que el padre está contento de que pudimos abrir el kiosco. Yo pensé que era en broma, pero ellas me dicen que es en serio", comentó el cordobés.

De toda la vida

A la vuelta de la parroquia, La Capital habló con Silvia y con Mailén, que viven en el barrio hace 31 y 26 años, respectivamente. La primera, desde que se casó; la segunda, desde que nació.

"Se modifica el barrio en todo aspecto", comenzó diciendo Silvia, quien asiste todos los años al Vía Crucis. Y agregó: "A pesar de que el padre pide que por favor no ensucien, cuando todo termina hay bastante basura. No le hacen caso".

Si bien la postal de vecinos ofreciendo desde agua caliente hasta el alquiler de camas para pasar la noche previa a la congregación es una moneda corriente cada año en barrio Rucci, las dos mujeres aseguraron que ellas, en sus hogares, no ofrecen tales servicios.

Quien también forma parte de las calles adyacentes a la parroquia es Pablo, un joven de 18 años que vive allí desde que nació. El primer habitante de su familia en Rucci fue su abuela, que llegó junto con la fundación del barrio.

"No parás de ver pasar gente y caras nuevas", afirmó desde la ventana del almacén que atiende. Y sumó: "Los días así, abrimos hasta las 2 o 3 de la mañana o hasta que nos da el cuerpo, porque al otro día volvemos a abrir a las 8".

Por ahora, reina algo de quietud en el barrio Rucci antes de la tempestad: mañana, la marea humana de fieles dirá nuevamente presente en una celebración que espera miles de almas.


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